Petróleo en contra - Nacionalismo chucuto

Por Venezuela Real - 27 de Agosto, 2007, 17:53, Categoría: Política Internacional

El Editorial
El Nacional
27 de agosto de 2007

Ayer el mandatario de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, colocó las relaciones entre su país y el nuestro en el ámbito de las realidades y no entre los desvaríos bolivarianos del presidente Chávez. Por ejemplo, tuvo a bien darle un espaldarazo a la construcción del gasoducto del sur, pero haciendo hincapié en que debe llegar, en primer lugar, hasta Manaos, una ciudad a las orillas del Amazonas que necesita la energía que el poder central de Brasilia no puede suministrarle.

De manera que a Venezuela le corresponde darle ese oxígeno para que siga creciendo y vuelva a ser una meca para los negocios brasileños. Se trata de ese juego geopolítico que ya Brasilia nos impuso con la línea de interconexión eléctrica desde el Guri a Boa Vista. De nada sirvió que los ambientalistas se quejaran amargamente de ese cicatriz protuberante que recorre la selva y que nos recuerda la sumisión de Venezuela ante los intereses externos que no son, precisamente, los estadounidenses, tantas veces condenados en Aló, Presidente.


Mientras tanto, Boa Vista es otra ciudad brasileña, punta de lanza de la penetración de Lula hacia el oro, el uranio y el diamante venezolano, que crece y se desarrolla para ayudar a construir una autopista a través de la selva que permita a Brasil esquilmar a Guyana de sus maderas y metales preciosos, en especial en la zona en reclamación que tanto nos preocupa. Valga decir que le estamos dando ayuda económica y logística a un país que está haciendo planes con una riqueza natural que estamos peleando duramente para que nos sea devuelta, y no para que se la apropien otros, por muy amigos de Chávez que sean.

Los intereses de Venezuela no pueden ser vendidos ni negociados con nadie, pero eso es lo que está ocurriendo con la riqueza petrolera que se le entrega a una serie de líderes mamarrachos, tanto Evo Morales en Bolivia como Correa en Ecuador, que los usan para hacer demagogia y apuntalar sus gobiernos. Nadie, ni las empresas transnacionales ni la pequeña logia de militares venezolanos que están hoy en el poder pueden disponer del petróleo, del oro y demás metales y maderas preciosas para apuntalar una supuesta política internacional revolucionaria.

Con Brasil la cuestión es peor: se trata de una potencia regional militar, con veleidades de dominación imperialistas, que poco a poco (de la mano de Chávez) domina el negocio de las grandes construcciones de infraestructura en toda Venezuela y, como tal, trasmite y maneja a su gusto datos estratégicos que ni siquiera los estadounidenses tienen a mano. Lo real y lo verdaderamente nacionalista es parar de una vez por todas esta ingenuidad bolivariana que no tiene nada de militar.

Venezuela, con sus grandes reservas de energía, no sólo es objeto de la apetencia de las grandes transnacionales, sino de países vecinos tanto de Suramérica como del Caribe que necesitan desesperadamente resolver ese enigma en su futuro. Pero Chávez le da energía a Brasil y se la niega a la isla de Margarita, que es venezolana como ninguna.





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