De síes y noes

Por Venezuela Real - 30 de Agosto, 2007, 14:35, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

JOAQUÍN MARTA SOSA
El Nacional
30 de agosto de 2007

Andamos metidos de pies y cabeza en la reforma constitucional y la munición va y viene entre las trincheras, alguna de verdad y otra de salva. De esta última hay una particularmente cómica, la de si antes dijiste no ahora no puedes decir que sí y viceversa. Valedores del chavismo han escrito, con sorna en la pluma, que si la Constitución de 1999 le pareció a la oposición poco menos que un engendro contra el civilismo, la ciudadanía y la democracia moderna, nutriente del militarismo, el estatismo y el autocratismo, resulta una falta completa de sindéresis que ahora se oponga a la reforma y exija que permanezca incólume esa Constitución que abominó.

Bien visto el asunto, esa posición no puede tacharse de incoherente. Sucede que las reformas que ahora se proponen empeoran a todas luces lo aprobado siete años atrás; por tanto, la Constitución vigente resulta menos peligrosa, sin dejar de serlo, que la que anda en ciernes. Además, en general, la vida suele consistir en escoger la menos mala de las opciones, particularmente cuando se trata de seleccionar entre las que el chavismo nos devela.

Igual de hilarante es el debate sobre esta materia, que los chavistas califican como el más abierto y amplio de nuestra historia. Pero, eso sí, según la definición de la señora que preside la Asamblea, sólo pueden participar las "fuerzas democráticas". Y éstas ¿cuáles son? Claro como el agua: las que apoyan al régimen. Las demás pierden el derecho a intervenir. Habrá, pues, debate, que versará sobre las musarañas, pero democrático jamás. La democracia, y esto suelen ignorarlo los "revolucionarios" acomodaticios, supone la discusión sin cortapisas entre posiciones contrarias, el respeto, sí, a la mayoría, pero también a la minoría, y, sobre todo, que la mayoría esté preparada para perder esa condición y admitirlo pacíficamente. Fuera de estos términos podrá haber intercambio de opiniones, pero nunca debate democrático. En fin, provoca desazón mirar al paisanaje chavista, dirigentes y dirigidos, pujar en contra de "la mejor Constitución del mundo" sin sentirse incongruentes. Se debe perfeccionar, dicen, olvidando que lo mejor, como lo bueno, es enemigo de lo perfecto, que suele ser una puerta abierta hacia el infierno. Pero si el jefazo lo propone qué remedio queda.

Claro, algún comentarista con tino que no puede ser desmentido ha dicho que el chavismo siempre hará lo que quiera con prescindencia de la Constitución reinante, pues la arbitrariedad es su consigna, y su método la imposición. A pesar de ello, una decisión sin sustento legal es una arbitrariedad indiscutible y puede ser resistida legal y legítimamente, pero si cuenta con respaldo constitucional resulta más complicado enfrentarla. La Constitución, la de hoy o la de mañana, cumple un rol político crucial, el de legitimar las acciones que se emprendan. Por tanto, su contenido nunca es irrelevante, y menos en las actuales circunstancias. Así que oponerse a la propuesta respaldando la que antes se negó no es contradictorio para nada. Dicho con un ejemplo chavista: si invadieran a Venezuela nadie podría acusarme de incoherente, fundado en mi animadversión al régimen, porque me oponga a tal evento. Pues sí, le diría, una cosa es el jugo y otra su naranja.

Pero, visto lo visto, sólo se me ocurre recordar a quien todo se le derrumbó cuando, violando su propia Constitución, quiso prolongar a perpetuidad su mandato: Pérez Jiménez.





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