Mentirosos y corruptos

Por Venezuela Real - 2 de Septiembre, 2007, 15:35, Categoría: Gente de Chávez

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
02 de septiembre de 2007

Cuando un régimen pacta con la mentira como ha hecho éste, todo lo que hace y dice está impregnado de falsedad; y su objetivo, al ofrecer su versión de las cosas, será siempre el de crear una ilusión para encubrir algo.

Esto es siempre. No hay que engañarse.

Hace unos días, el ministro del Interior y Justicia, Pedro Carreño, habló de corrupción administrativa. Pero, ¿enfrentó el asunto con la gravedad que requiere, dadas la monumentalidad de la corrupción, la ofensiva exhibición que de ella se hace y la amenaza que constituye para el propio Gobierno? No. En vez de eso, Carreño mintió descaradamente y aludió a la corrupción como una práctica. En fin, algo que se ha "infiltrado en sectores revolucionarios". Si se ha de creer en el ministro Carreño, se concluirá que no es que hay una corrupción rampante en Venezuela, en todos los estratos de la administración pública, en cuanta instancia circule el dinero del Estado, sino que se ha registrado uno que otro foco de ladronzuelos.

Excepciones desviadas que se aplican a la rebatiña, como en un cargamento de plátanos se cuela un topocho aislado.

Carreño roza la corrupción no para decir las verdades que el país pide a gritos sino para seguir echando capas de embustes sobre el tema, para alcahuetearlo y auspiciarlo; no para condenar y perseguir la corrupción sino para apoyarla. Carreño se refiere a la corrupción como si no tuviera el mandato de controlarla y castigarla. Como la falsa virtuosa que le dice al rascabucheador: "Tienes quince minutos para sacar la mano de allí", Carreño pide por favor lo que está en posibilidad –y en la obligación– de imponer. En lugar de señalar a los criminales, sacarlos del cargo donde delinquen y entregarlos a los tribunales, Carreño dice algo así como: "ay, vale, muchachos, déjense de eso, miren que las corruptelas a la larga no convienen". Palabra más, palabra menos, en los hechos ésa es la actitud del ministro. Y los pillos entienden que no hay tal amonestación sino estímulo para persistir en su faena. Y lo hacen con la fiereza que el país percibe.

Unos días después, el ministro de Energía, Rafael Ramírez, repite el parlamento.

Exactamente igual.

A él le da la impresión de que Petróleos de Venezuela "no escapa a los casos de corrupción que se registran en otros sectores de la vida económica"... Pdvsa no escapa... a lo que pasa en otros lados... Como si toda Venezuela no supiera que Pdvsa es hoy la Harvard de la corrupción. Que si hubiera un Nobel para la mafia, Pdvsa dejaría muy atrás a Los Soprano.


Como si el padre Palmar no se hubiera echado a los caminos de la Patria para llegar hasta la Fiscalía y allí clamar que, según sus cálculos, las pérdidas patrimoniales de la estatal petrolera, con este Gobierno, van por los 7,5 millardos de dólares. Y Ramírez acaba de albergar la sospecha de que a Pdvsa se le están pegando las mañas de la sociedad.

Este ardid de fingir transparencia para aumentar la oscuridad fue descrito por José Vicente Rangel en reciente entrevista para la revista Clímax, donde dijo que: "Existe un discurso anticorrupción que alimenta la corrupción.

[...] cuando fui parlamentario durante la cuarta república, escuché muchos discursos de dirigentes de los partidos denunciando la corrupción cuando en realidad la estaban protegiendo". Más adelante pasa por taquilla y deposita su óbolo de adulación, salvando a Chávez fuera de este vicio y, más aún, asegurando que nunca antes un presidente venezolano había puesto tanto empeño en la denuncia de la corrupción. He aquí un lugar común de los aduladores: admiten que hay corrupción en el Gobierno, porque ya es imposible seguir negándolo, pero se apresuran a sacar a Chávez del paquete donde está, (por lo que ha hecho y lo que ha dejado hacer), sin ir más lejos, a su propia familia.

Una realidad deslumbrante que nadie ha impedido.

Chávez es un paladín contra la corrupción. Muy bien.

¿Cuántos presos se le acreditan por ese desvelo?, ¿cuántos procedimientos ha mandado a instruir?, ¿cuántas operaciones de resarcimiento a la nación ha emprendido?, ¿con cuántos consanguíneos ha roto por sus deslices? Esto no se sabe. Lo que sí está a la vista es lo que Chávez permite y promueve. La revolución no está infiltrada de corrupción, está irrigada por ella, corroída, inundada hasta las entrañas. La corrupción ha sostenido a la revolución y terminará matándola.





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