El plebiscito autoritario

Por Venezuela Real - 4 de Septiembre, 2007, 17:19, Categoría: Estado de Derecho

RAMÓN ESCOVAR SALOM
El Nacional
04 de septiembre de 2007

La formulación constitucional que está presentándose en Venezuela no es la de un referéndum democrático, sino de un plebiscito autoritario de antecedentes muy conocidos en Francia con el primero y con el segundo Bonaparte. Su nombre es insustituible: plebiscito bonapartista. De connotación autoritaria y militarista. Tiene que estar soldado por dentro para que no se parta en pedazos ya que no tiene consistencia orgánica, sino que está enlazado por un solo hecho que es la toma del poder. El 18 de brumario, 29 de noviembre 1799, después del golpe de Estado, Napoleón Bonaparte le da forma a la dictadura cuya consecuencia es el Imperio. El que se propone ahora es para que el comandante Chávez tenga tiempo de conducir "su revolución", como Mugabe o Castro o Pol Pot, aunque éste hizo el daño en menor tiempo. El contenido no debe dividirse porque es una "orden del comandante en jefe".

Venezuela ahora tiene una tarea más que política, una gran faena nacional, por encima de grupos, personas y partidos: repudiar el poder perpetuo y su falsificación ideológica: la revolución bolivariana y socialista. El objetivo es básicamente uno: repudiar la tiranía. Venezuela debe unificarse por temas simples y concretos: la inseguridad, la comida, el techo, la falta de agua. Un periodista venezolano ha hecho una labor admirable en este sentido: Johnny Ficarella, en Globovisión. Eso son los grandes mensajes que es preciso producir para mostrar la frustración y la incapacidad. El Presidente no gobierna porque no hay seguimiento de las órdenes. La gente pobre rumia su tristeza y abandono en la aspereza del territorio, mientras el avión presidencial recorre la ruta Caracas-Teherán para modificar el equilibrio del mundo.

Los abandonados frente al litoral del Ávila rumian su abandono. El Gobierno necesita a los pobres. Si estos disminuyen el capital político se merma.

Este no es un debate jurídico, sino político. Nadie, salvo el doctor Francia, en el Paraguay, realizó en América el poder perpetuo. Bolívar le dio vueltas a la idea en la Constitución de Bolivia con la oposición del Mariscal Sucre, la más privilegiada mentalidad de estadista de la época. Bolívar tuvo la desgracia de morirse sin saber cómo podrían gobernarse los países que liberó. La Gran Colombia era inviable, y no fueron necesariamente traidores los que le formularon críticas o prefirieron otro camino. Es una grotesca simplificación con tufillo de carbonarios de escasa enjundia la que hace generalizaciones abusivas sobre tan complejo asunto.

El tema del poder perpetuo es un asunto de la gente. Los actores políticos clásicos no están presentes por la accidentada historia de los últimos años.

Pero la conciencia nacional puede expresarse con limpia frescura aunque las amenazas son muchas y la represión, así como las restricciones a la libertad de expresión. La respuesta del Gobierno al disentimiento es oligarcas, lacayos del imperio, enemigos del proceso. No tiene otros argumentos. Podrá comprar armas, toda clase de equipos para la represión, pero el mercado de las ideas es más escaso. La falta de ideología y de capacidad intelectual del proceso es tan dramática que ha tenido, sin darse cuenta, que acudir al primer discurso divisor de la sociedad venezolana, el de José Tomás Boves, en 1814, cuando orientó su acción a la destrucción de los que consideró enemigos. El comandante en jefe habla de pulverizar a los que se le opongan en el plebiscito.

Este lenguaje es tan anacrónico como llamar batallones a los cuerpos y órganos internos de un movimiento político. Es la formulación de criterios excesivamente rudimentarios.

Venezuela ha estado muy sola en su defensa de la democracia. La solidaridad que hemos recibido no corresponde a la que ofrecimos cuando podíamos hacerlo. La izquierda democrática del continente tiene la oportunidad de tomar el caso como emblemático. ¿Es que se puede ser de izquierda democrática y estar con Chávez? Cuando empezó el zapatismo en México, en Europa algunos izquierdistas se sintieron convocados. A Noriega lo empezaron a ver como la nueva expectativa del continente cuando se enfrentó con Estados Unidos.

¿Habrá una oportunidad mejor que ésta para que los sectores de izquierda de América vean desde más cerca el hecho venezolano y le identifiquen su esencia autoritaria y militarista? La voluntad democrática de las venezolanas y los venezolanos estará contra el plebiscito. Su imposición autoritaria afectaría su legitimidad. Iberoamérica y la comunidad internacional estarían frente a una colosal violación del Derecho, la soberanía y los derechos humanos.







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