De Marx a Chávez en la escuela Izarra

Por Venezuela Real - 6 de Septiembre, 2007, 17:08, Categoría: Gente de Chávez

Patricia Clarembaux
TalCual
06 de septiembre de 2007

El Centro de Formación Ideológica, creado por William Izarra, pretende enseñar a civiles y militares la ideología que servirá de columna vertebral de la revolución. Y aunque las audiencias se le reducen, él persevera pues cree en el socialismo del siglo XXI

Un niño en pleno crecimiento.

Eso es para el comandante William Izarra la revolución bolivariana, ésa que va camino al socialismo del siglo XXI. “Apenas tiene siete años”, acota. Él emplea horas y días en mantener en marcha el Centro de Formación Ideológica (CFI), una “unidad política destinada a elevar la conciencia revolucionaria del colectivo nacional, capacitar a la comunidad organizada (...) y formar la nueva ética y moral (...) del pueblo venezolano”.

Para hacer ideología imparte talleres, foros, convenciones. Van setecientos en total.Y aunque deja sembrada la semilla revolucionaria, no tiene manera de hacerle seguimiento a sus casi 700 mil pupilos, pues asegura que con el diploma en la mano, el resto es un asunto de voluntad.

Ideología. Ésa es la base de la revolución.

Dice el director general del CFI en su folleto El proceso revolucionario que es fundamental para “homogeneizar preceptos, principios y valores”.

Y agrega en Reforma y revolución que “es el factor de poder que falta todavía por asimilar, procesar e internalizar para sostener, de manera inequívoca, la revolución bolivariana”. Sobre esa base se mueve el CFI.

Desde 2004 –cuando nace formalmente el Centro de Formación Ideológica– representantes de las misiones, brigadistas, miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), propulsores, consejos comunales y militares han participado en las actividades. Pero está conciente Izarra de que les falta disposición: “Nosotros les damos la metodología y los dejamos que funcionen por voluntad propia. Les despertamos la vocación y la identificación plena con la doctrina revolucionaria”.

IDEOLOGIZANDO

Sembrar la semilla revolucionaria le toma a su director general dos meses de talleres continuos, con clases una vez a la semana. Sus oyentes se llevan tareas para la casa, presentan exámenes y un proyecto final evaluado que exponen ante un colectivo. Luego el maestro se va, esperando que la alfabetización ideológica coloque en la calle a los nuevos difusores revolucionarios que propaguen los contenidos.

“Así como se enseña a leer y escribir, lo ideológico es la base que necesita el individuo para entender el proceso. El colectivo tiene la intención de apoyar al presidente Hugo Chávez, pero desconoce los elementos conceptuales”, acota.

Proceso, revolución, reforma, plataforma unitaria, contrarrevolucionario, círculos bolivarianos, toma del poder, espíritu, socialismo, bien común y solidaridad, son algunos de los conceptos que el comandante Izarra se empeña en explicarles a sus alumnos. Él los entiende muy bien, pues cuenta que sus motivaciones por estas nociones provienen de finales de los años 70, cuando dentro de las Fuerzas Armadas Nacionales se crearon células políticas militares, de fundamentación marxista, bajo el nombre de Alianza Revolucionaria de Militares Activos (ARMA).

Pero para entonces “no caló porque se basó en la doctrina de seguridad de Estados Unidos. Si nos hubiésemos fundamentado en el pensamiento bolivariano, quizás hubiésemos tenido más pegada. (...) Pero fue develado, fraccionado y se desmanteló. Nuestro movimiento no tuvo la fuerza del MBR-200”, recuerda.

Terminó constituyéndose con el Comando Maisanta, en 2004, cuando la afluencia de recursos les permitió dar los primeros pasos concretos para la formación de la estructura orgánica del CFI, con uno en cada parroquia, pero también “allí se quedaron esas semillas. Me apoyaron quienes estaban claros en la necesidad de la difusión ideológica”.

Desde entonces, trabajan sin presupuesto y sin un techo, pero lograron constituir casas matrices en Caracas, Maracaibo, Valencia y Puerto Ordaz.

Sus equipos de trabajo son modestos.

Por ejemplo, en Maracaibo, apenas son doce personas, que comparten sus jornadas laborales con las visitas a las comunidades y reuniones. Pero Izarra decidió que “me identifico con este proceso y voy a seguir adelante”. Así, hace dos meses logró hacer del Centro de Formación Integral una fundación.

POCOS PERO CLAROS

El optimismo no le impide a Izarra ver que quienes comienzan los talleres no son los mismos, en número, que quienes los culminan.

“Hay quienes no están ganados a hacer este sacrificio de lo abstracto a lo pragmático durante dos meses”, asegura.

“Son grupos pequeños”, acota. Así por ejemplo, en la Universidad Católica Santa Rosa empezaron con 120 personas y quedan 70; en el Colegio Universitario de Caracas fueron 70 y quedan 40; en la Base Aérea Libertador eran 70 y ahora quedan entre 35 y 40.

Tampoco puede él saber qué pasará cuando quienes reciben su diploma –avalado por la Ucsar– traspasan la puerta del aula por última vez. “¿Cuántos de quienes hemos formado han asumido los conocimientos y los han desarrollado?”, es una pregunta que no puede responder pues asegura que “no tengo cómo hacerles seguimiento”.

Lo que sí puede precisar Izarra, es que el socialismo del siglo XXI tiene una sola cara: “Nunca podremos ser iguales a Cuba, ni a China, ni a Vietnam. El socialismo es una tesis ideológica que tiene que estar construida sobre la base de la cultura venezolana, por equipos y pensadores venezolanos. Tienen que escribirlo sus protagonistas, de abajo hacia arriba.

Es algo nuestro y está sustentado en el bien común”.

TAREA PARA LA CASA
Todo el que participe de las conferencias, talleres o cursos del CFI debe leer los libros del comandante William Izarra. Los “folletos del proceso” son nueve y cada uno toca una temática diferente relacionada con las formas de conducir el proceso revolucionario.

Desde marzo de 2006 hasta febrero de 2007 ha escrito esta bibliografía, como parte de las tareas domésticas y conversaciones de los dos meses que dura el curso.

El proceso revolucionario es la primera de sus publicaciones. Es una recopilación de artículos de opinión del comandante Izarra en la que se tocan la profundización del proceso revolucionario a través de la base ideológica; la transferencia en la toma del poder a las comunidades, el gobierno como instrumento del pueblo y la formación de conciencia para crear y mantener el poder constituyente; y la transformación del poder regional y local, entre otros.

Reforma o revoluciónes otro de ellos. Pretende explicar las diferencias entre la reforma como continuidad de un modelo político de la democracia participativa y la revolución como la vía de “transformar el poder en instrumento del pueblo”.

Con el folleto número siete, entra en los temas fuertes. Hacia el socialismo del siglo XXIle llamó, y pretende ser el manual teórico de la práctica revolucionaria.

En él se explican las bases del socialismo:
el bien común, la producción social y la participación directa; plantea la razón de ser del partido revolucionario como medio de consistencia del poder popular; definiciones de contrarrevolucionario como “los que organizan la campaña en contra de Hugo Chávez” y los objetivos de un CFI en el proceso revolucionario.

Para octubre de 2006 el comandante ya visualizaba la necesidad del Partido Único, pues en su publicación número ocho lo analizó como un “instrumento político al servicio de la comunidad para estimular en el colectivo nacional la conciencia revolucionaria y la emancipación del pueblo”. Izarra expuso esta visión incluso antes del discurso del 15 de diciembre de 2006 del presidente Hugo Chávez, cuando hizo por primera vez el llamado a la plataforma:
“Les hago una invitación, a nombre del pueblo, a que pongamos de lado los partidos y formemos el Partido Socialista Unido de Venezuela”.

El último de sus trabajos, el noveno, lo llamó La traslación revolucionaria que comenzó el 10 de enero de 2007 cuando el Presidente asume el cargo por segunda vez. Para el comandante, la traslación supone “el tiempo de transferir y cimentar el poder político y económico en las estructuras orgánicas del pueblo”. Es el giro completo de la pirámide, donde la cúspide (los cogollos) pasan a ser la base, y la otrora base (comunidades organizadas) repuntan y asumen el poder.








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