PDVSA: Cada Cerebro Cuenta

Por Venezuela Real - 6 de Septiembre, 2007, 19:43, Categoría: Petróleo/Energía

Nelson Olmedillo
Noticiero Digital
06 de septiembre de 2007

En el campo de la gerencia es muy conocido el dicho que reza: "El mejor negocio del mundo es una empresa petrolera bien administrada; y el segundo mejor negocio es una empresa petrolera mal administrada." Detrás de este axioma pudiera estar la explicación de muchas de las incógnitas que hoy rondan la mente de los venezolanos en relación a su empresa: PDVSA. El ciudadano común (accionista de esta empresa, por cierto) se pregunta cómo es posible seguir operando con éxito una industria tan compleja, porque los gerentes tradicionales hablan de una desastrosa fuga de cerebros y la nueva gerencia dice que está operando como nunca y superando los logros del pasado.... ¿Será que no es tan complicada la cosa? Veamos.

Quizás la más fácil de rebatir es la aseveración que sostiene que la industria no es tan difícil de operar técnicamente, que no hace falta tanta tecnología o tanto talento humano para producir petróleo. En verdad, hay un petróleo "fácil" de producir en algunas regiones del mundo (si es que se puede llamar fácil encontrar dónde está, perforar a profundidades iguales que la altura de montañas, operar desde plataformas marinas que son mini-ciudades, transportarlo a través de los terrenos más complicados, "cocinarlo" para producir gasolina y productos, y entregarlo a los clientes). La verdad es que se trata de una industria en la que, por donde se mire, está presente la tecnología; y su gran fortaleza es el músculo técnico. Y cuando se habla del petróleo "fácil", nos referimos a que cada dólar de inversión para producirlo tiene un 80% de componente técnico. También hay que considerar que, por muy fácil que se crea que es esta industria, la misma maneja elementos de gran peligrosidad. En lo que menos se piensa te explota en las manos.

Pero mi tema en esta ocasión no es el técnico, sino el del componente humano que hace mover esta compleja industria; y en particular, a PDVSA. Creo que es hora que cada uno de los que vivimos toda nuestra vida profesional en la industria petrolera venezolana hagamos conocer nuestro punto de vista acerca de su correcta conducción, más allá de las implicaciones políticas. Algunas de las grandes preguntas a contestar son: ¿Cuánta gente y de cuáles competencias se requiere para mover a una industria como PDVSA?.... ¿Cómo captar, utilizar y mantener actualizado todo el conocimiento que la tecnología moderna del petróleo exige?.... ¿Tiene PDVSA hoy el componente humano idóneo (cerebros) para su operación exitosa?...¿Puede una empresa petrolera resistir la amputación de la mitad de su intelecto sin venirse a pique?

CANTIDAD Y CALIDAD DEL RECURSO HUMANO.-

No hay, como tal, una "vara mágica" universalmente aceptada que mida con precisión el número ideal de gente que se requiere para mover una empresa como PDVSA. Para el año de 1997, PDVSA contaba con unos 43.000 trabajadores directos; y otros tantos se encontraban en empresas de servicio y apoyo técnico. Sólo a manera de referencia, PEMEX, la petrolera mexicana, tenía en aquel entonces alrededor del doble de los empleados directos de PDVSA, teniendo una producción menor. También eran similares a las de PEMEX las cifras de personal de ARAMCO, la petrolera saudita. El Plan del Negocio de PDVSA para el momento contemplaba un crecimiento sostenido de la producción, con una proyección a diez años de casi el doble de los barriles de aquel entonces. Y a la par de ese crecimiento en la producción, se comenzaba ya a efectuar una reducción gradual del número de personas en la nómina y un intensivo desarrollo de los que quedaban adentro. El objetivo era lograr que cada persona produjera un promedio per cápita de casi el doble de barriles en diez años. ¿Cómo? Con mucha capacitación técnica y un uso intensivo de la tecnología más avanzada de investigación, producción y refinación. Estábamos en ruta a ser, mundialmente, la empresa petrolera con la mayor productividad por persona.

A continuación una semblanza estadística del componente cualitativo de nuestra gente. Para 1995 teníamos en PDVSA un plantel profesional que reflejaba cifras de graduados universitarios en el orden del 20%. De cada 100 personas, 20 eran graduados universitarios (13 de ellos ingenieros y afines; los otros 7 de diversas disciplinas técnico-administrativas). Unos 20 más eran TSU o niveles equivalentes. Manteníamos en todo momento cientos de becarios de postgrado en las mejores universidades de todo el mundo. Y el CIED, nuestro centro corporativo de capacitación, fue galardonado como "la mejor universidad corporativa", a nivel mundial, por un grupo de universidades independientes en el año 1998. En fin, una PDVSA altamente tecnificada.

Se empleaba la gente con el concepto de carrera, no de puesto. La premisa de cada persona que ingresaba era crecer al máximo de su potencial individual. La velocidad de ese crecimiento dependía de la evaluación permanente de su desempeño y sus logros. Esa combinación de carrera, crecimiento personal y rendición de cuentas fortalecía el arraigo y la lealtad de la gente, al punto que el promedio de años de servicio era de 11 años (en las petroleras mundiales el promedio era de unos 5 años).

EL RECURSO HUMANO Y LA TECNOLOGÍA:
Ayer, hoy y mañana de PDVSA.-

Cuando se nacionalizó la industria y se creó PDVSA, hace ya más de 30 años, una de las incertidumbres de la nación era si los venezolanos podríamos manejar esa enorme empresa, con la idoneidad y eficiencia requerida. Para tener una "protección de caída", y entendiendo la complejidad técnica de PDVSA y sus filiales, el Estado Venezolano acordó con las operadoras internacionales unos Contratos de Servicio, los cuales proveerían apoyo técnico a los nuevos gerentes venezolanos. La respuesta de los profesionales y técnicos venezolanos a esa incertidumbre nacional fue elocuente: no se perdió un solo barril con el cambio gerencial, y los Contratos de Servicio se fueron muriendo rápidamente, por ser innecesarios. Toda la inversión previa, hecha a lo largo de décadas, en cursos y programas de capacitación a venezolanos, se puso de manifiesto. PDVSA empezó a codearse con empresas petroleras de nivel mundial por su gran calibre técnico. Entre las personas clave para el éxito de ese difícil período es muy importante destacar la contribución de los técnicos veteranos, gente no profesional, pero dotados de una gran mística, lealtad y experiencia de campo, que permitió orientar a los nuevos encargados de dirigir el negocio.

Se dice que el mundo del petróleo es "intensivo en tecnología". Tan cierto es esto, que en los últimos quince años se ha inventado más tecnología aplicada que en toda la historia previa del petróleo. Es vertiginoso el avance de la tecnología; y si no nos movemos a ese ritmo, perdemos eficiencia y competitividad. Es como montarse en una caminadora eléctrica y caminar a una velocidad menor que la de la máquina... PDVSA entendió esa realidad muy rápidamente. De allí la creación de órganos como el INTEVEP y el CIED, centros de investigación, formación y excelencia tecnológica. Por otra parte, los profesionales de la industria estaban constantemente asistiendo a congresos y conferencias técnicas internacionales, en muchos casos como ponentes. Capacitación y más Capacitación era la orden por décadas. El conocimiento (cada cerebro) era un activo altamente estimulado en PDVSA.

La realidad presente y la perspectiva tecnológica de PDVSA tiene que ser muy precaria. Sin inmiscuirme en las motivaciones políticas que originaron la decisión de haber prescindido de unos 20.000 empleados, la mayoría de los cuales eran profesionales, esa sola medida dejó a PDVSA sin 220.000 años de experiencia (multiplique los 20.000 empleados por 11 años de servicio promedio y constatará este sencillo hallazgo). Es como sustituir al piloto de un avión 747 con uno de los pasajeros que tiene experiencia en pilotear avionetas.

El CAPITAL ÉTICO DE PDVSA.-

Aparte de la antes referida formación y desarrollo sistemático de los recursos humanos, creo necesario mencionar los valores rectores de la empresa dentro de la cual trabajé por 36 años. En primer lugar, nuestro papel de buenos ciudadanos nos era exigido en función de trabajar arduamente para el accionista: la Nación Venezolana, no para el gobierno.

Por otra parte, existía un conjunto de normas y procedimientos que propiciaban una gran transparencia en la toma de decisiones, con muchas de éstas siendo materia colegiada de comités, más que de individuos. La conducta ética era una constante prédica y un permanente ejemplo de los altos directivos.

Era común investigar (y hasta despedir, si había razones) a alguien por conductas observables de súbita riqueza. Un automóvil costoso, o un estándar de vida por encima de lo que el salario permitía, disparaba las alarmas de todo el grupo de trabajo. Era muy difícil transgredir las normas de negocios de la empresa. Con esto no quiero proponer que los trabajadores de PDVSA eran " 43.000 ángeles", pero los controles funcionaban y el clima laboral era un fuerte disuasivo para cualquier tentación.

Me acogí a la jubilación en diciembre de 1999. Conozco personalmente alrededor de unos 200 de los más altos ejecutivos de la PDVSA de aquél entonces; y con gran satisfacción he podido constatar que hoy viven de manera cónsona con su nivel profesional y su condición de jubilados, sin riquezas manifiestas.

Acabo de ver por televisión la semblanza biográfica de Humberto Peñaloza, un puntal ético de esa casta de viejos petroleros a los que me refiero. Venezuela le debe mucho a gente como él y como muchos otros insignes técnicos medios, profesionales y gerentes, personajes que cumplieron con su deber patrio haciendo de PDVSA una gran empresa.
 
CONCLUSIONES.-

Creo que nuestra industria petrolera ya está dando señales que evidencian la falta de pericia y músculo técnico. Los accidentes son sólo una de esas manifestaciones. También lo es la caída importante de la producción. Pero mucho más importante es el daño escondido detrás del manejo inadecuado de actividades como la Exploración, la Producción, la Refinación, etc. La deficiente capacitación de los Recursos Humanos es quizás el mayor de esos daños de efecto retardado. En el mundo petrolero es difícil hacer tambalear un gigante como PDVSA, porque así como toma un promedio de siete años producir un barril de petróleo (desde el momento en que se inicia su búsqueda hasta que brota de la tierra), también es difícil hundir a ese acorazado de la noche a la mañana. Pero sin la gente capaz, eso se acelera de manera exponencial. PDVSA perdió un capital valiosísimo (cerebros) en esos 20.000 empleados despedidos; y yo he podido constatar cómo muchos de ellos están triunfando en otras latitudes, como técnicos de altísimo valor profesional. México, Canadá, los países del Medio Oriente, el Mar del Norte, etc. acogieron este capacitado contingente humano que PDVSA "les puso en bandeja de plata", al cerrarles toda oportunidad en Venezuela.

Estamos en la era de un enorme y rápido desarrollo tecnológico. El país debe saber que su industria fundamental no podrá sobrevivir y competir con éxito sin un poderoso cúmulo de talento técnico y gerencial (cerebros). Creo que en PDVSA se está haciendo realidad el axioma "el segundo mejor negocio del mundo". Pero es tan delicado y tan crucial el tema para el país, que no podemos permanecer estáticos, sin alertar, porque se hundiría el acorazado; y es menester hacerle un llamado urgente de alerta sobre este importante asunto a los responsables de conducir a PDVSA. Tampoco podemos permanecer en la ignorancia los accionistas, Ud. y yo, acerca de este inminente peligro para nuestra empresa. Traigamos el tema a las mesas de discusión seria sobre el futuro de PDVSA...¡CADA CEREBRO CUENTA!






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