Tocar, luchar y desafinar

Por Venezuela Real - 6 de Septiembre, 2007, 16:55, Categoría: Cultura e Ideas

Paulina Gamus
Analítica.com
06 de septiembre de 2007

A mi admirado amigo José Antonio Abreu

Hace algunos meses sentí el impulso irresistible de releer uno de mis libros predilectos de juventud "El Mundo de Ayer. Memorias de un Europeo", de Stefan Zweig. No fue solo la maestría narrativa del escritor judío vienés lo que me llevó a comprar de nuevo el libro y a leerlo con pasión; sino el inventario minucioso que va haciendo Zweig del derrumbe de esa Europa ilustrada que fue su mundo: desde que nació en 1881 hasta que lo vio desmoronarse con el arribo del nazismo en la Alemania de 1933 y con la rápida adhesión de sus compatriotas austriacos, a la ideología y odios raciales del paisano Adolf Hitler. En la medida en que se va avanzando en la lectura se comprende la decisión de Zweig secundada por su esposa, de suicidarse ambos aún cuando estaban a salvo en la plácida ciudad brasilera de Petrópolis.

Uno de los capítulos está dedicado a la estrecha relación que tuvo con Richard Strauss, a quien el mismo define como "el último de la gran generación de músicos alemanes de pura sangre constituida por Händel, Bach, Beethoven y Brahms". Ambos trabajaban como compositor y libretista en la ópera "La Dama Silenciosa" y estaban por terminarla cuando el partido nacional socialista de Hitler accedió al poder. Al poco tiempo, "incluso después que Furtwangler se rebeló públicamente" (al gobierno de Hitler) Strauss aceptó la Presidencia de la Cámara de Música del Reich nazi. Dice Zweig que Richard Strauss era un hombre a quien la política le interesaba muy poco, pero sin embargo daba demostraciones públicas de obsecuencia y de admiración al régimen. Y, para completar lo incomprensible del cuadro, insistió hasta que fue el propio Hitler quien lo autorizó, en que "La Dama Silenciosa" se presentara, a pesar de la estricta prohibición de que autores judíos figuraran en esa o cualquier otra actividad.

Alguien quiso borrar el nombre de Zweig de la matriz del programa y Strauss lo escribió con su propia letra. Y así defendió a capa y espada a Zweig hasta que la obra fue prohibida en 1934. Zweig había logrado salir de Austria y refugiarse en Londres; Strauss le envió una carta expresando su repudio por lo que ocurría en la Alemania doblegada por los nazis. El destinatario recibió solo una copia fotostática, lo que significaba que la GESTAPO había interceptado la carta y el más grande compositor alemán del siglo XX fue destituido de su cargo. ¿Por qué si despreciaba tanto a los jerarcas nazis y aborrecía sus actos, aceptó servirles y hasta adularles? Zweig mismo lo narra: sus nietos (hijos de su hijo) a quienes amaba con locura, tenían una madre judía y él creyó que así podía salvarlos.

Este episodio ha regresado a mi memoria a raíz de las reacciones adversas - en muchos casos de indignación- que ha causado la presencia del maestro José Antonio Abreu en el programa "Aló Presidente" del domingo 2 de septiembre; y sus declaraciones en ese momento así como las publicadas el miércoles 5 en los diarios El Nacional y El Universal, de Caracas. Nunca, en casi nueve años, he visto por más de tres minutos el reality show dominical del teniente coronel Chávez; gracias a eso no padezco de úlcera estomacal, de insomnio y no me he visto obligada a visitar -por ahora- a ningún psiquiatra Pero no faltó quien me echara los cuentos del anuncio de Chávez de crear la Misión Música, de la supuesta auto adjudicación que se hizo de las glorias conquistadas por la Orquesta Nacional Juvenil Simón Bolívar, etcétera.

Leí con detenimiento las ya mencionadas entrevistas al maestro Abreu, pero primero que nada vi las fotos temiendo que apareciera con una gorra roja y una franela que dijera "Uah Chávez no se va" o "Socialismo, Patria o Muerte".

Por suerte las fotos lo mostraban con su acostumbrado traje con chaqueta, camisa de cuello y corbata. Pero mi asombro fue enorme cuando leí en el reportaje de la periodista Olivia Liendo, en El Nacional, que Chávez había reconocido la creación del sistema de orquestas juveniles como "algo que llevaba mucho tiempo, desde mucho antes de nosotros llegar al gobierno y que no todo lo pasado fue malo". Quizá sea esta la primera vez desde que comenzó la tarea demoledora del Terminator de Sabaneta, que éste reconoce algún logro promovido por gobiernos anteriores. Y no podía ser de otra manera porque la prensa inglesa ya había reaccionado indignada ante el reparto, al concluir la apoteósica actuación de la Orquesta Nacional Juvenil bajo la dirección de Gustavo Dudamel, en los Proms de Londres, de un folleto adjudicándole los méritos al gobierno chavista. En los más prestigiosos diarios ingleses quedó claro cómo había nacido el movimiento de las orquestas infantiles y juveniles y de qué manera todos los gobiernos venezolanos desde 1975 lo habían apoyado.

Puedo decir con orgullo que fui no solo testigo del nacimiento de la criatura, de ese hijo único a quien José Antonio Abreu ha dedicado más de treinta años de su vida, sino de las personas que desde un primer momento creyeron que Abreu no estaba loco, que no se quería robar unos reales, que no se trataba de una fantasía, de una viveza ni de un disparate. Me consta cómo debió empecinarse para que su voluntad avanzara entre los comentarios destructivos del mundillo cultural y seudo cultural venezolanos, los más iconoclastas del mundo y sus alrededores. Fui testigo de su paciencia y de su carencia total de falso orgullo, cuando les hacía antesala a los diputados que discutían la ley de presupuesto de cada año. Y de su presencia día tras día en la Cámara para defender las partidas de sus orquestas.

Siempre le resbalaron las burlas a proyectos como enseñar violín a los indios pemones; jamás se desgastó en polémicas ni en diatribas. Y se llevó bien con todos los gobiernos porque lo único importante era que su hijo único viviera, creciera, se desarrollara y llegara a adulto, como ha llegado rodeado de la admiración internacional primero, y de la nacional por rebote

No comparo al régimen chavista con el hitleriano, aunque puedan tener algunas coincidencias.

Tampoco a José Antonio Abreu con Richard Strauss, porque hasta ahora no le he oído ni leído loas al régimen. ¿Está agradecido por el apoyo económico y por la extensión del programa musical? Pues yo también lo estoy y deberíamos estarlo todos ya que lo natural habría sido que el socialismo del siglo XXI, como ha sucedido en otros casos, liquidara esa obra grandiosa. ¿Qué hay el temor de que los miles de muchachos que se integren a la Misión Música se transformen en guerrilleros, milicianos, delatores, represores, robots, etcétera? Estoy más que segura de que no ocurrirá ni aún queriéndolo el régimen: los alemanes de la posguerra a partir de 1945 y los nacidos en países que estuvieron décadas bajo la opresión comunista soviética, son la prueba de que nadie es capaz de lavar de por vida los cerebros de un pueblo. Y por último, me niego a que le regalemos a Chávez, arrinconándola con odios, una obra que es patrimonio de todos los venezolanos.







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