Granja de animales

Por Venezuela Real - 7 de Septiembre, 2007, 17:08, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA
El Nacional
07 de septiembre de 2007

El proyecto de reforma constitucional que Hugo Chávez presentó a la Asamblea Nacional contiene propuestas tan diversas y disímiles, que hace necesario examinar la pertinencia y conveniencia de cada una de ellas con independencia de las demás, y que justifica que cada una de esas propuestas se vote separadamente, en la forma prevista por el artículo 344 de la Constitución. No hay un punto de conexión entre la redefinición de los espacios insulares y el carácter antiimperialista de la nueva Fuerza Armada Bolivariana, o entre la división político-territorial del país con el financiamiento de las actividades electorales de grupos o asociaciones políticas. Nada hay de común entre el cambio de nombre de la ciudad de Caracas y la forma de elección de los candidatos a cargos de elección popular, o entre la creación del Distrito Federal y el acceso a los medios de comunicación social durante las campañas electorales. Tampoco hay conexión entre la pérdida de autonomía del Banco Central y las condiciones de seguridad e higiene en el trabajo, o las jubilaciones y vacaciones de los taxistas. Conceptualmente, no hay ningún nexo entre el reconocimiento de "las raíces indígenas, europeas y afrodescendientes" que dieron origen a la nación venezolana y la reducción de la jornada laboral, o entre todo lo anterior y el incremento de las atribuciones presidenciales. No hay nada que justifique el que propuestas tan heterogéneas como esas deban discutirse y aprobarse en bloque, como si todas ellas estuvieran entrelazadas y fueran interdependientes. Excepto, desde luego, el que la esencia de la reforma constitucional se reduce a una sola cosa: la reelección indefinida del Presidente de la República, que no cuenta con respaldo popular, y que tiene que presentarse en una forma más atractiva para que resulte digerible. A pesar de lo absurdo de su contenido, lo demás es el decorado necesario para que esa presidencia vitalicia no parezca tan impresentable.

Con la política del todo o nada, Hugo Chávez pretende someter a sus propios seguidores al chantaje político de aprobar esa reforma en su integridad, o de rechazar las ventajas de una jornada laboral más breve y el desarrollo de un modelo económico que garantice la mayor suma de felicidad posible. Lo que se pretende es que, junto con la prohibición de los monopolios, se permita al Presidente de la República tener el monopolio del poder político y que, junto con la creación de consejos comunales sin recursos, se autorice al Presidente de la República para que pueda manejar las reservas internacionales, igual como ya lo viene haciendo.

La reforma propuesta por Chávez pondría fin a la Constitución de 1999, que supuestamente iba a durar mil años, convirtiéndola en uno de los textos constitucionales más efímeros, para dar paso a otro, producto del capricho de un hombre que se cree imprescindible, que no ha respetado la Constitución actual, y que tampoco respetará la que viene. De ser aprobada, esa propuesta acabará con lo poco que queda de democracia, obligará a hablar en susurros incluso a los partidarios del régimen, y aplastará a quienes se han puesto de rodillas buscando hacer negocios a la sombra del Gobierno.

Ese es el peligro que nos acecha, y por eso es que ahora es el momento de ponernos de pie. De lo contrario, nos convertiremos en esa granja descrita por George Orwell, en la que todos los animales eran iguales, pero en la que uno de ellos era más igual que los demás








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