Heidegger, el zorro

Por Venezuela Real - 10 de Septiembre, 2007, 15:09, Categoría: Cultura e Ideas

Ibsen Martínez
TalCual - Contraportada
10 de septiembre de 2007

1.-

Quien lea los seis lúcidos ensayos que Mark Lilla dedica en su libro ( Pensadores temerarios, Mark Lilla.

Prólogo de Enrique Krauze, traducción de Nora Catelli. Editorial Debate. Barcelona, 2004, 190 págs.) a ocho insoslayables pensadores del siglo XX notará que el primero de ellos se ocupa de la sostenida adicción a Martin Heidegger que mostró la escritora judía Hanna Arendt a lo largo de más de medio siglo, pese a las simpatías del filósofo alemán por Hitler –y de sus actos en sintonía con la persecución de los judíos– ha dado siempre mucho en qué pensar.

Ciertamente, no es cosa que pueda banalizarse en un subtítulo –algo así como “amor constante más allá del nazismo” –, aunque la frívola improbidad de algunos haya querido reducir esa adicción a otro avatar del tema del dominador y la sumisa; una prefiguración de Portero de Noche, de Liliana Cavani, en la que Martin Heidegger es Dirk Bogarde y la autora de Los Orígenes del Totalitarismoes Charlotte Rampling.

Es notorio también que Karl Jaspers, quien llegó a abrigar por Heidegger una admiración y una deuda intelectuales sólo comparables a las de Arendt, sí pudo despertar del hechizo –no me viene a la mano otra palabra– e increpar directamente a su antiguo íntimo amigo.

El profesor Mark Lilla pone fin al ensayo que dedica al trío Heidegger–Arendt–Jaspers con una paráfrasis de W.B.Yeats que entraña una platónica advertencia contra las pasiones:
“las responsabilidades comienzan con Eros”.

Según Lilla, [Jaspers] “vio a un nuevo tirano entrar en el alma de su amigo, una pasión salvaje que lo descaminó al punto de llevarlo a apoyar al peor de los dictadores políticos [Hitler] y dejarse seducir por la hechicería intelectual”.

“El filósofo y el tirano –dice ya en los primeros párrafos–, el más elevado y el más bajo de los tipos humanos, están ligados, gracias a una perversa triquiñuela de la naturaleza, por el poder del amor”.i Y esto a despecho de que el autor nos advierta que no se propone otra cosa que escribir biografías intelectuales en tanto que biografías políticas:
“Que, en su juventud, Heidegger y Arendt hayan sido amantes carnales por breve tiempo –escribe– resultaría sólo un detalle, en nada terriblemente revelador. Lo que sí es importante y merece reflexión es cómo cada uno de ellos tres vio el lugar que la pasión tiene en la vida mental y en la fascinación que ejerce la tiranía moderna”.ii Más de un eco de Leo Strauss resuena en los juicios de Lilla sobre la ineptitud de conceptos como el de “totalitarismo” para dar cuenta de las “nuevas viejas” tiranías que, desde la caída del muro de Berlín, florecen en el planeta. Ideas clásicas se requerirían para entender lo que en países como Venezuela o Zimbabue ya son algo más que las “democracias no liberales” descritas por Fareed Zakaria hace casi una década.

El postfacio a Pensadores temerarios es quizá el ensayo de este libro que mejor salda su deuda con Strauss.

2.-

Con lo que vuelvo al pasmo con que asistimos a la adicción de Hanna Arendt a su antiguo maestro y amante.

Es sabido que casi la única referencia explícita que Arendt hace del nazismo del autor de Ser y Tiempo es una nota al pie de un texto indulgente y ambiguo que, en 1969, escribió como parte de un libro-homenaje al ya octogenario filósofo. Otra referencia se halla en una anotación del diario personal de Hanna Arendt, hecha en 1953 y en ella dice:
“Heidegger afirma, con gran orgullo: ‘La gente dice que Heidegger es un zorro’ . He aquí el relato verídico de Heidegger, el zorro:
Había una vez un zorro tan poco zorro que no sólo se la pasaba cayendo en la trampa, sino que ni siquiera sabía la diferencia entre lo que es y no es una trampa.

Aquel zorro tenía, además, otro defecto: algo fallaba en su pelaje que este no alcanzaba a protegerlo de las vicisitudes de su vida de zorro.

Luego de pasar su juventud rondando las trampas que ponía la gente y dejándose, por decirlo así, la piel en ellas, nuestro zorro decidió retirarse por completo del mundo y ponerse a hacer una madriguera para él solo.

En su tremenda ignorancia de la diferencia entre una trampa y su contrario, y a pesar de su increíblemente vasta experiencia con las trampas, dio en una idea completamente nueva, algo nunca antes oído entre los zorros: hizo de una trampa su guarida.

Se metió dentro de ella y hacía como si la trampa fuese en verdad una guarida –esto último no era engañifa, porque él siempre pensó que las trampas en las que otros caían eran, en realidad, guaridas–, y entonces decidió hacerse astuto a su manera y aparejar para otros la trampa que se había hecho a su medida y que sólo a él le venía bien.

[... ] Así fue que nuestro zorro dio en hermosear su trampa y colgar por todas partes inequívocos carteles que claramente rezaban: ‘Venid todos aquí, esto es una trampa; la trampa más hermosa del mundo’ . A partir de entonces fue muy claro que ningún zorro caería en su trampa por error. Sin embargo, muchos vinieron porque la trampa era la guarida de nuestro zorro y si querías hallarlo en casa cuando lo visitases tenías que caer en su trampa.

Todos, excepto nuestro zorro, podían volver a salir. Estaba hecha literalmente a su medida. Pero el zorro que vivía en la trampa decía orgullosamente: ‘Tantos vienen a mi trampa a visitarme que me he convertido en el mejor de todos los zorros’ .Y había algo de cierto en ello, también: nadie conoce la naturaleza de las trampas mejor que aquel que pasa toda su vida en una de ellas”.iii Algún tiempo después, George Steiner escribía:
“Muchas cosas permanecen oscuras en esta enorme obra, tan frecuentemente enigmática e incluso inaceptable. Las futuras filosofías y antifilosofías se alimentarán de ella, y sacarán de ella más provecho, quizá, cuando las rechacen”.iv Con su libro, Mark Lilla ha arrimado soberbiamente el hombro a esa tarea.

i Mark Lilla, The Reckless Mind: Intellectuals in politics, NTREV, Inc. New York 2001, página 4. (T.del A.)
ii Ibid. p.4 (T. del A.)
iii Tomado de “Essays in Understanding, 1930-1954”, por Hanna Arendt, editado por Jerome Kohn, 1a Edición, New York, Harcourt, Brace & Co. 1994.
iv George Steiner, Heidegger, FCE, 1ª Edición, 1983.





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