De la historia a la prehistoria

Por Venezuela Real - 12 de Septiembre, 2007, 15:59, Categoría: Cultura e Ideas

Antonio Cova Maduro
El Universal
12 de septiembre de 2007

Por lo que se, para Chávez el tiempo está torcido. Para él el futuro está atrás

El problema del tiempo siempre ha ocupado la atención, cuando no la obsesión, de los humanos. Pasado, presente y futuro no son simples tiempos verbales, son épocas plenas de significado para cada individuo. Lo que le pasó, lo que está viviendo ahora y lo que podría reservarle el futuro.

Pero el tiempo tiene otras significaciones. Tomemos una, la de cuánto tiene que pasar para que algo pase, como en el cuento -o si prefieren la promesa eterna- del socialismo: ¿cuánto tiempo para verle el queso a esa tostada? En Cuba, ya tienen casi 50 años esperando que ese mar de la felicidad se materialice. Y nada.

Podríamos tomar otra significación: ¿que sucedió en un tiempo pasado que desembocó en un tiempo presente? Sería el caso de China, ese país-continente donde el comunismo quiso llegar, como en ninguna otra parte, hasta sus lógicas consecuencias. Terminó produciendo la más vigorosa revolución capitalista que hayan contemplado los últimos 30 años¿ ¡encabezada por el Partido Comunista!

Hay una tercera significación que podría ser muy deprimente: la del poco efecto del tiempo, que desmiente propósitos sin lograr erradicarlos. Como bien lo han planteado los franceses Furet y Lefort, el comunismo estalinista ha probado, hasta el hartazgo, ser un fraude monumental. y sin embargo sigue entusiasmando a algunos trasnochados, como con asombro vemos por estos lados.

Lo que queremos hoy, sin embargo, es dedicar la atención a otro asunto sobre el tiempo. Tiene que ver con un fenómeno muy importante: cuando a una idea, a una ideología, a una propuesta, parece haberle llegado su tiempo. Entonces tenemos la sensación de que ella está con la historia, y pensamos que por eso es imbatible en un futuro que ya le pertenece por entero y del que nada ni nadie puede desbancar.

Ésa era la sensación en los años 60 del siglo XX, cuando la revolución cubana secuestró la escena. La revolución se hizo cargo del futuro y lo que quedaba era entregarse a ella. Tan solo eso y entraríamos radiantes en la historia. Pero sucedieron dos cosas: no se le ocurrió a los cubanos nada mejor que ponerse en manos -y patas- de los soviéticos. Allí comenzó a languidecer.

Y sucedió algo peor: el tiempo pasó y, por lo que vemos, causó estragos. No hay peor depredador que el tiempo que pasa inexorable. Los revolucionarios envejecieron y con ellos la revolución se hizo decrépita. Decrépita e ineficaz. Ese tiempo perdido fue el mejor arsénico para cualquier revolución que siguiese sus pasos.

Y fuera de Cuba, el Chile de Allende y la Nicaragua de los sandinistas en muy poco tiempo mostraron lo que el socialismo revolucionario era capaz de hacer, o mejor de deshacer. Total, que mientras la revolución se congelaba en Cuba, perdía carburo en el resto del continente. Hoy, ya con casi 50 años de haber hecho su aparición estelar, nadie se atrevería, en su sano juicio, a insistir en que ella es la historia; y sus escasos propulsores más bien temen que ya sea la prehistoria.

Ese fracaso devela una realidad que muy pocos han tratado de dilucidar: que el problema de las revoluciones del siglo XX no ha sido otro que lo que llamaron la "construcción del socialismo". Derrumbar al viejo orden, en efecto, fue relativamente fácil y rápido. Construir uno nuevo, uno en el que todas las afirmaciones contundentes sobre el anterior no se hiciesen presentes y donde por fin fuese lograble la felicidad del mayor número, nunca fue posible. Y por lo que se ve, nunca lo será.

Por eso hay un tufo a viejo, a guardao, a baúl clausurado, a clóset húmedo y sombrío en esta revolución bolivariana, que torna casi imposible verla como algo nuevo y sobre todo, como algo realizable. Si a Cuba la imitación soviética le pudrió sus posibilidades, ¿qué podemos decir de los intentos de ésta, la bolivariana, de copiar una Constitución moribunda? ¿Se acuerdan de aquel dictamen tan contundente, "Sobre esta moribunda Constitución¿"? ¿Qué piensan ahora de algo como "Propongo una reforma que haga de nuestra actual Constitución una copia fiel de la Constitución de la moribunda revolución cubana"?

Por lo que se ve, para Chávez el tiempo está torcido. Para él, el futuro está atrás. Las ideas que informan su revolución, los proyectos con los que no logra entusiasmar a nadie, más allá de entrar en nómina, del quince y último, todos son de un pasado empedrado de fracasos. Nada nuevo hay allí, como no sea el asombro de los venezolanos y muy pronto, su masiva deserción. ¿Será que ya tiene el sol a la espalda?






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