Tentaciones

Por Venezuela Real - 13 de Septiembre, 2007, 18:57, Categoría: Oposición/Resistencia

Diego Bautista Urbaneja
El Universal
13 de septiembre de 2007

Chávez va a hacer lo que esté a su alcance para que el asunto se plantee como un enfrentamiento

El proceso de difusión del peligro enorme que representan los cambios a la constitución que Chávez está proponiendo, tiene dos problemas en el horizonte, que es importante solventar.

Uno es el de que se cristalicen prematuramente en términos de gobierno y oposición los campos políticos en torno a los cambios constitucionales. Es decir, que quienes están en el proceso de difusión de las razones que hay para rechazar esos cambios, se precipiten a realizar actos de calle, actos de masas, que congelen los campos de los que están a favor y de los que están en contra, mucho antes que el proceso de difusión en marcha culmine su tarea de explicación e información masiva. Esta tarea aún tiene un trecho que andar. Las encuestas revelan que es todavía muy alto el porcentaje de la población que desconoce los cambios que Chávez ha propuesto, y desconoce mucho más el peligro que ellos significan. En esas condiciones, grandes actos de calle, mitines, marchas y cosas de esas, serían vistos por mucha de esa gente como lo que precisamente no deben ser: actos de la oposición contra Chávez. La consigna de que de lo que se trata es de un rechazo nacional a un proyecto político de poder total y permanente, y la consigna de que a lograr eso es que debe orientarse toda la actividad respecto a los cambios constitucionales, deben servir de guías a todo cuanto se haga, por algún tiempo más.

Como enfrentamiento

Chávez va a hacer lo que esté a su alcance para que el asunto se plantee como un enfrentamiento Chávez-oposición. Lo peor que se puede hacer es facilitarle la tarea con "grandes" actos precipitados.

Hasta nuevo aviso, la campaña de rechazo a los cambios debe mantener y profundizar su carácter capilar.

El otro problema en puertas es el tema de la participación o la abstención en el referéndum que habrá de realizarse para votar los cambios. Parecía haberse logrado un acuerdo implícito en torno a la idea de que ese asunto se dilucidaría más tarde, sobre la base de haber logrado una matriz de opinión mayoritaria en contra de los cambios a la constitución. Pero este acuerdo tácito da indicios de estar agrietándose. Algunos de los sectores que abogan por una u otra posición están muy activos difundiendo sus tesis, con predominio en esto de los partidarios de la abstención. Ello coloca a los demás grupos en el dilema de, o seguir aguantando el planteamiento de sus tesis, y centrarse en la difusión del rechazo a los cambios, mientras la tesis contraria, y en especial la abstencionista, gana terreno; o lanzarse al terreno con sus posiciones propias, sobre todo a favor de la participación.

Posturas

Creo que el lanzamiento abierto de las diversas posturas en torno a votar o no, en este momento del debate, provocaría que los sectores opositores se engarzaran en una polémica que arroparía el objetivo fundamental de difundir los motivos que hay para rechazar los cambios. Eso no habría manera de evitarlo. El punto común del rechazo a la reforma pasaría a un segundo lugar, ante la necesidad de los diversos grupos de convencer al público de sus propias tesis respecto a la participación o la abstención.

Por otra parte, dudo que los sectores de la población predispuestos a una u otra posición vayan a cambiar mucho en sus proporciones, por el hecho de que una de las posturas esté más activa que la otra en la defensa de sus tesis. En el mundo opositor, que es donde tiene lugar esa polémica, esas proporciones son más o menos fijas, así que ningún sector tiene mucho que temer de que el otro crezca por una campaña más activa. Pero eso no impedirá que cada sector quiera conservar y aumentar sus cuotas en el público opositor y su cuota de presencia en los medios que les sirven de tribuna, y cuyas palestras resultan tan tentadoras para unos cuantos dirigentes.

Dirección contraria

Pero es que esa polémica va justamente en la dirección contraria al objetivo que tanto se ha proclamado, de dar a la campaña contra los cambios carácter nacional, de bandera de toda la sociedad y no sólo de uno de sus sectores políticos. Esa polémica sobre si ir a votar o no, es una diatriba que pertenece estrictamente al campo de la oposición política que hemos conocido, y mientras más peso gane en estos momentos, menor será la penetración del mensaje de rechazo a los cambios, en sectores que no han pertenecido a la oposición tradicional.

Son tentaciones que despuntan, y respecto a las cuales ojalá que haya la madurez necesaria para controlarlas.






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