El crimen de Ismael García

Por Venezuela Real - 17 de Septiembre, 2007, 17:56, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ARMANDO DURÁN
El Nacional
17 de septiembre de 2007

El domingo 2 de septiembre, en Aló, Presidente, Hugo Chávez expresó su malestar porque el Banco Central de Venezuela, con la aplicación de una política monetaria neoliberal, se estaba convirtiendo en el salvador de la banca privada. Inmediatamente después ordenó suspender el flujo de oxígeno oficial, es decir, de billetes frescos, al aparato financiero de la oligarquía.

Dejarlo morir de hambre, pues. Eso bastó. A la mañana siguiente, con disciplina ejemplar, el BCV dejó de inyectarle liquidez al sistema y el jueves los intereses interbancarios alcanzaron la escalofriante tasa de 120%.

Más allá de sus rápidos efectos y de la celeridad con que tuvieron que ser remediados, el disparate revela, en su más exacta y grosera magnitud, los mecanismos que regulan la toma de decisiones en un gobierno en el que sólo cuentan los criterios personales de Chávez, quien puede provocar a su antojo bruscos y devastadores sobresaltos en la marcha económica del país, o condenar a quien sea, como acaba de hacer ahora con Podemos, al fuego eterno del infierno.

"Creo que llegaron hasta aquí", los expulsó del paraíso el domingo 7 de septiembre. "Ya están en la oposición". Pocos días más tarde dictó sentencia. "Son unos desertores". Y punto.

Según los prontuarios oficiales, la carrera delictiva de Ismael García y compañía comenzó hace tres meses, cuando se creyeron en su derecho a ser escuchados sobre una materia tan decisiva como la disolución de su partido, ordenada por Chávez sin haberlos consultado, para integrarse a un único partido de la revolución.

Podemos, al igual que Patria para Todos y, en menor grado, el Partido Comunista de Venezuela, sencillamente reclamaron la legítima opción de conservar su identidad ideológica y partidista dentro de la diversidad de organizaciones políticas y sociales que apoyaban a Chávez.

En realidad, su crimen es otro. Reelecto en las urnas del 3 de diciembre, sin oposición capaz de arrebatarle ni siquiera un minuto de sueño y con las arcas del Estado suficientemente repletas de petrodólares para financiar dentro y fuera de Venezuela la mayor operación de expansión clientelar en la historia de América Latina, Chávez se sintió al fin con fuerzas para llevar a cabo su ambicioso proyecto de concentrar en sus manos todos los poderes políticos, económicos y culturales posibles.

Para ello sólo necesitaba lograr tres objetivos muy concretos. La creación de un partido único con un solo mando, el suyo. La aprobación de una nueva constitución que legitimara el carácter vitalicio y absolutista de su presidencia. Y la transformación de la Fuerza Armada Nacional en guardia pretoriana al servicio de su mandato.

Cuando García, Ramón Martínez y mucho más discretamente Didalco Bolívar le dicen a Chávez que ellos también existen, lo que hicieron fue poner en tela de juicio el ejercicio de ese ordeno y mando cuarterlario, ajeno por completo a la concepción libre de la vida que por fortuna prevalece en el mundo civil, pero que constituye el fundamento esencial del gobierno personal y personalista de Chávez.

No es que se pasen a la oposición, se pongan al servicio del imperialismo, o renuncien a su ideología. Somos socialistas, han insistido, pero creemos en la democracia y la pluralidad. Es decir, en el pensar por ellos mismos.

Este ha sido el verdadero y horrendo crimen de Ismael García. Olvidar que para ser de los elegidos se requiere que todos nos entreguemos a la revolución, o sea, a la voluntad de Chávez, en cuerpo y alma, sencillamente porque de ningún modo se puede estar con Dios y con el diablo, ser y al mismo tiempo no ser.

Este es el duro dilema de la existencia que Chávez le presenta a diario a los venezolanos y esta es la lección que todos debemos extraer de la crisis de Podemos. Si a García, autor incluso de la monstruosa sugerencia de emplear los círculos bolivarianos para reprimir a los manifestantes del 11 de abril acaba de ocurrirle esto, ¿qué les espera a los venezolanos de la oposición? Pero también a los del gobierno, que ahora comienzan a conocer en carne propia la dificultad inmensa de ser revolucionarios y socialistas a la manera categórica y radicalmente excluyente de Chávez.

En definitiva, quien no está conmigo, como decía Cristo y repite Chávez, está contra mí.

Con todas sus consecuencias.

Nada más, Ismael. Por ahora para siempre





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