El socialismo por decreto

Por Venezuela Real - 17 de Septiembre, 2007, 17:55, Categoría: Política Nacional

JORGE RIVADENEYRA A.* 
El Nacional
17 de septiembre de 2007

E n el transcurso del siglo XX se produjeron monumentales movimientos sociales, algunos de los cuales fueron calificados de socialistas, como la revolución soviética, la china o la cubana. Su propósito declarado fue instaurar el socialismo entendido como un nuevo modo de producción, devenido del capitalismo y raigalmente antagónico a éste. Las comandancias de esas revoluciones, con una amplia base obrera, campesina y popular, una vez que alcanzaron el poder del Estado, decretaron el socialismo, utilizando al Estado como garante, creador y ejecutor del nuevo modo de producción.

El estruendoso fracaso de esas revoluciones da lugar a formular numerosas preguntas, algunas de las cuales son las siguientes: ¿Hubo alguna vez un modo de producción socialista? ¿Los estados llamados socialistas, se establecieron de acuerdo con necesidades históricas, entendiendo por necesidad histórica la inevitabilidad de un acontecimiento, o creados por decreto, voluntaristamente, contraviniendo principios históricos propuestos por la propia teoría de esas revoluciones? Y por fin, ¿fueron nuevos modos de producción o sólo una forma del poder llamado socialista? Y como si nada de eso hubiese ocurrido, a comienzos del siglo XXI, en América Latina, han surgido movimientos sociales calificados de izquierdistas en el jacobino sentido del concepto. Cuentan con la protección del poder gubernamental porque nada menos que al Estado, institución conservadora y represiva por antonomasia, se le ha convertido en instrumento de la revolución socialista del siglo XXI.

Asimismo, desestimando la imposibilidad de crear un nuevo modo de producción entre gallos y medianoche, haciendo caso omiso de que la historia demuestra que nadie decretó la creación del esclavismo, del feudalismo o del capitalismo.

Estos "incidentes históricos", muy semejantes a una obra de teatro, no coinciden con las teorías revolucionarias bautizadas de científicas, como por ejemplo el materialismo histórico. De acuerdo con esta teoría, el socialismo no es un sistema social que pueda establecerse por decreto, sobre todo si actualmente el proletariado no sólo ya no es el soporte teórico de esa forma de poder, sino que ha desaparecido como sujeto de la historia, dando paso a movimientos social-populistas, consustanciados con un odio atávico a cualquier tipo de propiedad que no sea la suya, obtenida preferiblemente sin el esfuerzo creador, característico de la historia humana.

En palabras de Marx, durante la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones necesarias, independientes de su voluntad. Estas relaciones de producción corresponden a un grado determinado del desarrollo de las fuerzas productivas. El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad, sino que la realidad material determina su conciencia. Durante el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, es decir con las relaciones de propiedad. Entonces las fuerzas productivas se convierten en trabas, y se abre una era de revolución social.

Si se aceptase sin discusión estas afirmaciones, prescindiendo ex profeso de sus connotaciones deterministas, se diría que en ninguno de los países socialistas del pasado, ni en los del presente, se ha producido esa contradicción insuperable entre las fuerzas productivas y sus relaciones sociales de producción.

Por eso, la Guerra Fría concluyó con la victoria del capitalismo y el derrumbe de la Unión Soviética y los demás países llamados socialistas. En buen romance, los socialismos del siglo XX no fueron modos socialistas de producción. Jamás hubo socialismo, sino reformas dentro de la propia dinámica del capitalismo, bajo la dirección de una clase política que se atribuyó, como un don, la conciencia de clase del proletariado.

Y en medio de la neblina uno se pregunta si, firmemente anclados en el mundo de mito, sólo se trata de reeditar la fantástica historia de la Odisea, o de Las mil y una noches, donde la voluntad de un individuo salva el reino. ¿Esa voluntad omnímoda será suficiente para crear un nuevo orden social? .

* UCV





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