Remesas del Imperio (I)

Por Venezuela Real - 17 de Septiembre, 2007, 16:17, Categoría: Dimensión Social

Ibsen Martínez
TalCual - Contraportada
17 de septiembre de 2007


1.-

Millones de “familias transnacionales” han estado detrás de enormes flujos de capital que, durante mucho tiempo, fueron invisibles por igual a los ojos de los grupos activistas antiglobalizadores y de los analistas privados de los mercados financieros.

Nada más en 2005, las remesas destinadas a América Latina y el Caribe sobrepasaron los 53,6 mil millones de dólares. Un informe recién salido del horno, elaborado para el Banco Interamericano de Desarrollo, señala que estas cifras hacen de la región “el mercado de remesas más grande del mundo”.

Ese viraje ofrece, en los albores del siglo XXI, nuevas perspectivas demográficas y económicas para aquel país. Una de las metas –si bien no la única– de la reforma de 1965 era la reunificación de las familias de los emigrantes.

Las solicitudes de quienes ya tuviesen un pariente residiendo en Estados Unidos recibían, pues, el beneficio de una visa.

El censo de 1910 arrojaba ya 13 millones y medio de nacidos fuera de Estados Unidos.

A mediados de los años 90, la Oficina del Censo estadounidense calculaba a los nacidos fuera de sus fronteras en 22 millones y medio. Durante los pasados 25 años la población nacida fuera de Estados Unidos se ha visto casi duplicada y ha pasado, de 6,2% en 1980, a 12% hoy día. A mediados de los años noventa, más de 800.000 inmigrantes fueron admitidos legalmente y el número de los ilegales sobrepasaba los 300.000 al año.

Antes de la legislación de 1965, el mayor flujo migratorio fue el que precedió a la Primera Guerra Mundial, y duró más de un cuarto de siglo.

La gran mayoría provenía de Europa.

El debate que estremece actualmente a la sociedad estadounidense acerca de las leyes de inmigración subraya un hecho novedoso: durante el último cuarto de siglo, la mitad de la masa migratoria llegada a Estados Unidos provino primordialmente de ocho países: México, Filipinas, Corea del Sur, Vietnam, China, Taiwán y la República Dominicana. No aparece un solo país europeo en esa lista.

Se trata de países asiáticos y latinoamericanos, con desempeños económicos muy desiguales entre sí. Pero las razones que sus nativos han tenido para emigrar son, en muchos aspectos, idénticas a las que dispararon la gran corriente migratoria europea hacia Estados Unidos hace ya más de un siglo.
2.-

De acuerdo con diversos cálculos, en Estados Unidos viven hoy día 34 millones de inmigrantes.

Un tercio de ellos lo hace ilegalmente.

El Centro de Estudios de la Inmigración calcula que 35% de todos los inmigrantes carece de seguridad asistencial, pero, al mismo tiempo, asegura que 26% de ellos recibe algún tipo de sustento financiado por fondos federales. Añade que los mexicanos se han convertido en el grupo más grande de inmigrantes. En 2000, representaban 30% del total.

Otro trabajo de investigación, publicado hace poco por George J. Borjas, y por Lawrence Katz, ambos economistas de la Universidad de Harvard, afirma que la migración mexicana “carece de precedente histórico puesto que, tanto en cifras absolutas como en proporción con el resto de la población de Estados Unidos, es el flujo migratorio más grande jamás registrado en el pasado siglo. Los blancos de origen no hispano están, al parecer, malthusianamente condenados a ser una minoría en algún momento antes de 2050”.

Muchos economistas y expertos en políticas públicas, han afirmado que los inmigrantes ilegales compiten con ventaja por empleos que obtendrían los ciudadanos estadounidenses menos aventajados, de no ser por los “espaldas mojadas”.

Los trabajadores ilegales contribuyen a bajar los salarios, dañando así las oportunidades de empleo de la fuerza de trabajo nativa. Pero hay también estudios que arrojan duda sobre el supuesto daño causado a la economía de los EE.UU. Esos estudios advierten, más bien, que las desigualdades de ingreso en el escalón más bajo de la escalera, no se han agudizado significativamente desde los años 80.

Sea como fuere, es inquietante constatar lo que millones de inmigrantes mexicanos no calificados, ilegales o no, representan para la economía de su país de origen. México se ha convertido en el país receptor de remesas más grande del mundo.

El monto total de las remesas excedió en 2005, por tercer año consecutivo, al flujo combinado de toda la Inversión Directa Extranjera y de la Ayuda Oficial al Desarrollo en la región”.1 El mismo informe muestra cómo las remesas que envían a casa muchos trabajadores mexicanos residentes en Estados Unidos, equivalen a 2,8% del PIB mexicano y a 10% de sus exportaciones anuales. En 2005, estas remesas alcanzaron la cifra de 20.034 millones de dólares, lo cual representa para México 13.772% del AOD (leyó usted bien) y 178% de la IDE.

Con esos 20 mil millones de dólares al año, México es, de lejos, el más grande receptor individual de remesas en la región. ¿Qué tal lo hicieron el año pasado los inmigrantes de República Dominicana y los países de Centro América?
La respuesta es que, dominicanos, salvadoreños y nicaragüenses mandaron a sus casas más de 11 mil millones de dólares. Brasil y Colombia recibieron 6 mil y 4 mil millones de dólares, respectivamente.

El BID calcula que más de 25 millones de adultos latinoamericanos viven fuera de sus países de origen. De ellos, un 65% envía a casa regularmente montos que van de 100 a 300 dólares.

Eso hace más de 200 millones de transacciones bancarias cada año.

Considérese que el 75% de las remesas hacia América Latina y el Caribe proceden de los Estados Unidos y que la mayoría de las destinadas a México pasan a través del sistema bancario, lo cual permite al Seniat mexicano pechar dichas remesas. Se calcula que los trabajadores emigrantes financian los fondos federales mexicanos dedicados al mantenimiento de la vialidad de aquel país.

¿Cómo pudo tan enorme caudal de dinero pasar sin ser visto ante las narices de tantos especialistas durante tanto tiempo?
La respuesta es relevante. Debería serlo, sobre todo para quienes piensan que el “Imperio” es la raíz de todos nuestros males y no la economía anfitriona de los latinoamericanos más emprendedores de entre todos los pobres de nuestro continente.

1 Banco Interamericano de Desarrollo, “Remesas”, 2005, Washington, D. C. Marzo, 2006






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