El Golfo sale del congelador

Por Venezuela Real - 23 de Septiembre, 2007, 19:41, Categoría: Política Internacional

VALENTINA OROPEZA
El Nacional
23 de septiembre de 2007

El presidente Hugo Chávez no se ha reunido con los negociadores venezolanos en pleno
Aunque se desconocen las hipótesis de negociación de cada país, el referéndum popular ya fue proclamado como la vía más expedita para resolver el diferendo. Líneas fallidas, diálogos infructuosos y desencuentros diplomáticos demuestran que las divergencias entre países hermanos no se resuelven tan fácilmente

El viernes 31 de agosto, Álvaro Uribe hizo gala de la añeja tradición diplomática colombiana y abrió un manjar mediático con un aperitivo inesperado. En la rueda de prensa donde formalizó la mediación del mandatario Hugo Chávez en los diálogos para lograr un acuerdo humanitario entre la Casa de Nariño y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, mencionó que ambos habían recibido un informe de la Comisión Presidencial Negociadora para la Delimitación de las Áreas Marinas y Submarinas (Coneg).

Aquel abreboca no fue suficiente para que el diferendo sobre el Golfo de Venezuela se convirtiera en noticia al día siguiente. Fue necesario que dos días después, Chávez quebrantara el recato colombiano y proclamara, con mapa y marcador en mano, que era necesario resolver de inmediato la disputa limítrofe entre los dos países.

En la edición 292 del programa Aló, Presidente se habló de promover tesis intermedias y celebrar un referéndum, aunque Chávez no precisó qué se sometería a consulta popular.

La advertencia, sin embargo, tuvo entonación de orden: "Los venezolanos vayamos preparándonos. Hemos llegado a un punto en el que hay que arreglar esto. Estoy seguro de que si le pregunto a los venezolanos en un referéndum, la gran mayoría dirá que sí. Pero bueno, todo tendrá su momento", soltó.

El mismo líder que en 1992 utilizó la inversión binacional en el Golfo como uno de los argumentos para justificar el alzamiento militar del 4 de febrero, propuso en su programa dominical del 2 de septiembre crear proyectos de explotación y desarrollo conjunto en La Guajira y la Península de Paraguaná.

El 28 de marzo de 1992, el MBR-200 rechazó por escrito la posibilidad de que se instalara un "condominio" en el Golfo: "Los miembros de la Comisión Presidencial para Asuntos Fronterizos pretenden formalizar acuerdos de integración antes de resolver el tema de la delimitación en el Golfo de Venezuela. El objetivo, bajo el manto de una falsa integración, es permitirle a Colombia la satisfacción total de todos sus intereses vitales sin la justa contraprestaciones para Venezuela, con el otorgamiento de concesiones inconstitucionales resolviéndole problemas gravísimos que sólo Venezuela puede solventar", señalaron en un comunicado.

En 2007, las autoridades colombianas alegan no estar listas para discutir el tema.

Mientras el canciller Fernando Araújo aseguraba que su país estaba dispuesto a discutir el asunto, aunque no tenía una línea de acción definida; el jefe de la negociación por el lado colombiano, Pedro Gómez Barrero, aseguró en una entrevista que concedió al diario colombiano El Tiempo el 9 de septiembre: "Ya está la masa lista para hacer el pan".

Tras 17 años a la cabeza de su delegación y después de afrontar el incidente de la corbeta Caldas en 1987 como embajador de Colombia en Caracas, Gómez Barrero se ha consolidado como una voz con independencia política para ventilar detalles de las discusiones.

Fiel a su condición de empresario (es conocido como un magnate de la industria constructora en Colombia), el negociador presentó la gestión de la Coneg en términos de ganancias y pérdidas: "A Venezuela le corresponde más de 90% de la costa sobre el Golfo, a Colombia le corresponde algo menos de 10%. Venezuela tiene unos derechos mucho más extensos que los de Colombia. Por eso, me atrevo a decir que con el acuerdo gana mucho más Venezuela" .

Aunque Gómez no reveló cuántas millas de Mar Territorial o Zona Económica Exclusiva estaría dispuesta a ceder cada parte, adujo que las delegaciones tienen "aproximaciones serias, claras y justificadas" para llegar pronto a un convenio definitivo.

Se intentó contactar a Gómez Barrero para establecer mayores precisiones, pero no fue posible obtener su versión sobre el curso de las negociaciones. Pável Rondón, embajador de Venezuela en Colombia y jefe de la delegación venezolana en las discusiones, se negó a ofrecer declaraciones.

Voces cercanas a la Coneg indicaron que el anuncio de Chávez sorprendió a los delegados venezolanos, quienes no han logrado reunirse en pleno con el mandatario para afinar detalles sobre los trazados que estarían dispuestas a negociar las partes para llegar a una hipótesis de consenso.

Propuestas sobre la mesa. La prensa informó que la Coneg habría alcanzado algunos acuerdos preliminares, entre los que figuraría la eliminación del método de dirección general de la frontera, es decir, llevar la línea terrestre hasta el mar y garantizar la soberanía de Venezuela sobre áreas marinas y submarinas que están al norte de la línea de cierre de las aguas interiores del Golfo, la cual se prolonga desde Castilletes hasta Punta Salinas.

Se tendría previsto establecer la delimitación a través de una combinación de métodos. Las tres claves de la discusión serían el trazado en la zona del Golfo, los derechos marítimos que generan Los Monjes y un reacomodo de los límites que afectaría la Zona Económica Exclusiva y la delimitación con otros países.

Fuentes vinculadas a la negociación señalaron a El Nacional que Colombia habría presentado a Venezuela al menos dos propuestas: bajar la línea de prolongación general de la frontera terrestre, que actualmente se proyecta hasta Punta Macolla, al noroeste de la Península de Paraguaná; y extender el Mar Territorial entre la costa colombiana y Los Monjes. En ambos casos, Bogotá aumentaría su soberanía política sobre las aguas del Golfo, es decir, tendría más áreas marinas y submarinas bajo su control para encomendar labores de exploración y explotación de recursos, controlar la navegación de embarcaciones extranjeras, entre otros beneficios.

A cambio, Colombia se comprometería a reconocer los derechos de Venezuela sobre las aguas interiores del Golfo; aceptaría finalmente que Los Monjes son un archipiélago y permitiría además que se estableciera la línea de prolongación general de la frontera como un criterio definitivo de delimitación de las áreas marinas y submarinas en la zona.

Los expertos consultados explicaron que Venezuela apela al principio de que la tierra domina el mar para justificar la hipótesis de que si se proyecta la línea de la frontera desde Castilletes hasta el mar, el límite debería tomar una dirección ascendente y culminar en Punta Macolla, con lo cual el país garantizaría su dominio sobre una extensión de Mar Territorial mayor.

Colombia, sin embargo, argumenta que en vista de que la línea bordea la Laguna de Cocinetas podría proyectarse hacia abajo, con lo cual se correría el riesgo de que desembocara en las aguas interiores del Golfo. En todo caso está descartado que Venezuela negocie la soberanía que ejerce sobre esta zona.

El grado de inclinación de la línea de prolongación general de la frontera sería acordado con la condición de que Bogotá se comprometa a respetar la entrada y salida de las embarcaciones venezolanas en el Golfo. El derecho internacional establece que en las aguas interiores no se admite el "paso inocente" de buques, a menos de que lo convengan los estados previamente.

En caso de aceptar esta propuesta, Venezuela cedería a Colombia parte del Mar Territorial y Zona Económica Exclusiva, que comienza a contarse a partir de la línea de cierre Castilletes-Punta Salinas.

Especialistas consultados explicaron que una de las grandes trabas para resolver el diferendo es que los mares territoriales de ambos países se solapan, por lo cual es difícil determinar dónde comienza y termina la soberanía de cada país en las áreas marinas y submarinas del Golfo, y por lo tanto sus derechos de explotación y control en esa zona.

Al Golfo acceden embarcaciones con banderas de todo el mundo, para llevar mercancía y productos a ambos países.

Fuentes militares indicaron que en este momento la Fuerza Armada venezolana patrulla una línea muy cercana a las costas colombianas, sin que se hayan registrado protestas por parte de Bogotá. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, aprobada en 1982, establece que el Mar Territorial corresponde a un máximo de 12 millas náuticas medidas a partir de la línea de base. Desde allí se inicia la Zona Económica Exclusiva, equivalente a 188 millas náuticas, y que en total garantiza a las naciones la soberanía sobre 200 millas náuticas de las áreas marinas y submarinas que rodean sus costas.

Criterios divergentes. La delimitación con Los Monjes es quizás uno de los aspectos más difíciles de desentrañar en las negociaciones entre Colombia y Venezuela, dado que en principio las partes dan una interpretación distinta a esa entidad terrestre ubicada en el medio del mar.

Amparada en la Convención del Derecho del Mar –también conocida como Convención de Montego Bay–, Colombia ha rechazado sistemáticamente que Los Monjes sea un archipiélago y considera que son un conjunto de rocas que no propician vida activa y, por tanto, niega el triple efecto que generarían para Venezuela: el dominio sobre Mar Territorial, Plataforma Continental y Zona Económica Exclusiva.

Venezuela, sin embargo, no reconoce este criterio porque fue uno de los 4 países que se negó a suscribir la Convención sobre el Derecho del Mar de 1982, a pesar de que ese documento estuvo a punto de llamarse Convención de Caracas, en honor a la ciudad que acogió la III Conferencia de la ONU sobre el Derecho del Mar, en 1973. El país sostiene que Los Monjes son un archipiélago según los términos establecidos en la Convención de Ginebra de 1958, acuerdo que Colombia nunca suscribió.

Fuentes cercanas a la Coneg explicaron que Colombia aspiraría a que Venezuela le permita expandir su Mar Territorial más allá de las 12 millas náuticas hacia el este, en el corredor de 21 millas náuticas que separan a Los Monjes de las costas colombianas.

Los expertos vinculados con la Coneg descartaron que una eventual definición de las áreas marinas y submarinas cause problemas en la delimitación que han fijado las partes con terceros países. Como punto a favor de Venezuela, recuerdan que en el acuerdo de delimitación con los Países Bajos, suscrito en 1978, Holanda reconoció los derechos históricos de Venezuela en las aguas del Golfo.

Curso de las negociaciones. Las declaraciones de Chávez sobre el Golfo de Venezuela derribaron el mito de que el diferendo limítrofe estuvo engavetado durante su gestión, y sacó del congelador una negociación que se vio seriamente afectada por la entrada del Caldas en aguas venezolanas en 1987.

Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores venezolano comentaron que la Coneg fue reorganizada en el año 2000 y, desde entonces, ha mantenido un ritmo de trabajo riguroso, con al menos 3 reuniones por año. Los encuentros más recientes se celebraron en Bogotá, la Colonia Tovar y Aruba.

Desde su creación en 1989, por mandato de los presidentes CAP y Barco, la comisión no sólo se encarga de discutir los asuntos limítrofes; se ocupa además de temas como las cuencas hidrográficas, la navegación de los ríos, los movimientos migratorios y la seguridad en la frontera. La Coneg tiene previsto reunirse de nuevo en diciembre para entregar un informe a Uribe y Chávez.

Aunque varios especialistas consultados se mostraron escépticos ante la posibilidad de que los negociadores alcancen una hipótesis conveniente para ambas partes a finales de año, trascendió que la Coneg tiene la orden de acelerar el diálogo. La semana pasada, por ejemplo, Ricardo Montenegro, jefe de la Dirección de Soberanía Territorial y Asuntos Fronterizos de la Cancillería colombiana visitó Caracas y se reunió con sus pares venezolanos.

Fuentes diplomáticas indicaron que de llegar a un acuerdo definitivo para fin de año, en diciembre ambos gobiernos propondrían que se realicen referendos en Colombia y Venezuela para aprobar o rechazar la hipótesis conciliada entre los negociadores.

Hace 20 años, el historiador Jorge Olavarría advertía en su libro El Golfo de Venezuela es de Venezuela (1987): "El interés por esta cuestión se adormita cada vez que sale de la febril atención de los medios por un suceso noticioso y regresa a los discretos remansos del ocio y las buenas maneras de la diplomacia". Hoy la consulta popular se perfila como el mecanismo más expedito para finiquitar el diferendo. Resta ver si el Golfo trasciende las conjeturas y especulaciones, y se convierte en una hipótesis de negociación abierta a la discusión nacional.












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