Gerardo Blyde: "La democracia está muy cuestionada con esta reforma"

Por Venezuela Real - 23 de Septiembre, 2007, 15:04, Categoría: Oposición/Resistencia

HUGO PRIETO
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23 de septiembre de 2007

A Gerardo Blyde, secretario general de Un Nuevo Tiempo, la reforma constitucional le parece "un nuevo punto de conflictividad; es innecesaria y extemporánea". Para poner de relieve el significado de esta jugada política, expone lo que ocurrió en Colombia a propósito del segundo mandato del presidente Uribe. Lo crucial hubiese sido que el pueblo le diese un nuevo período al presidente Chávez, allanando el camino a través de una reforma constitucional al término del período, tal como ocurrió en el vecino país. Pero la iniciativa se anuncia el 28 de diciembre, a pocos días del triunfo electoral.

"A mí simplemente me produce mucha molestia, porque es asegurarse a futuro lo que a lo mejor su gestión no va a lograr asegurar".

El secretario general de Un Nuevo Tiempo no ve ningún hecho positivo en la reforma. Muy por el contrario, señala que "en este marco el Estado se sobrepone al ciudadano". El poder popular es "una ficción" y sus atribuciones no tienen rango constitucional. "La democracia está muy cuestionada, entre otras cosas, porque no hay pluralidad".

La actitud de la oposición frente a la reforma constitucional pone al descubierto el hecho de que no hay una estrategia de largo plazo para enfrentar al Gobierno. ¿Cómo superar esa dificultad?
Creo que a veces, de tanto repetir el discurso Chávez de que la oposición no tiene proyecto, nos lo terminamos creyendo y seguimos transmitiendo ese mismo discurso de manera reiterada. Pero hay muchos actores de la oposición que sí presentan proyectos pero no le damos a esas iniciativas las dimensiones que deberíamos darle. Nosotros nos hemos empeñado, por ejemplo, en delinear y dimensionar a través de una comparación muy clara lo que significa el socialismo autoritario que propone Hugo Chávez y nuestro proyecto de democracia social, y las encuestas nos empiezan a dar la aceptación que tiene nuestro proyecto. El propio Presidente ha tratado de destruir lo que significa la democracia social en sus intervenciones públicas. Creo que debe tener las mismas encuestas. Ya ese ritornelo de que la oposición no tiene proyecto debe dejarse atrás. La oposición sí tiene proyectos importantes para el país. Lo que no tiene es la ambición de mantenerse autoritariamente en el poder.

¿Usted cree que esa percepción obedece al discurso del chavismo? ¿Cree que hace falta afianzar el proyecto opositor? ¿O tal vez, a partir de un momento dado, digamos el referéndum revocatorio, es que se hizo evidente la necesidad de construir una alternativa?
Creo que gran parte de lo que está indicado en tu pregunta es cierto, no son cosas excluyentes. A partir del referéndum revocatorio hubo un shock importante en el país.

Igualmente es necesario exponer con más énfasis esa alternativa. Pero cada día es más difícil, porque más allá del trabajo casa por casa, que es fundamental, no hay igualdad de acceso a los medios ni a las coberturas. Un Nuevo Tiempo, por ejemplo, no recibe cobertura de VTV desde la campaña electoral. Radio Nacional de Venezuela tampoco porta por aquí nunca (...) mientras el presidente Chávez tiene la posibilidad de encadenarse durante horas para vender su proyecto, para vender su reforma. No hay un CNE libre que ponga reparo ante el constante abuso presidencial.

Pero eso no impide vender nuestro proyecto.
Todo lo contrario. Nos compromete a trabajar más duro, a gastar más zapatos y lengua para poder llegarle a más gente.


¿Qué significa que el poder constituyente, el poder popular, no descansen en el sufragio universal libre y secreto sino en la escogencia en asamblea de comunidades?
Yo quiero ir más a fondo. El poder popular que está creando Chávez es una ficción. Yo hice un trabajo sobre todas las nuevas atribuciones que Chávez da a la Presidencia de la República en su propuesta de reforma aunadas a las que ya tiene en la Constitución del 99, y hay más de 50 nuevas atribuciones con rango constitucional para la Presidencia, y al poder popular no le otorga ni una sola a ese nivel, las remite a una ley futura que será creada por la Asamblea Nacional, conforme a lo que el Presidente, seguramente, diga. En los lineamientos para esa ley, el Poder Ejecutivo Nacional se reserva la organización, funcionamiento y financiamiento de ese poder popular. Es un poder popular sometido al poder constituido. Es lo contrario a la versión democrática, en la que el Estado está para servirle al pueblo. En esta reforma constitucional el pueblo termina sirviendo al Estado y a quien encabeza al Estado.

Eso no responde la pregunta. Insisto. ¿No es a partir del sufragio...
Eso es parte del problema. El poder popular, como cualquier poder democrático, debería tener autonomía en la elección directa de sus voceros y en la posibilidad de poder decidir las competencias que constitucionalmente le serían atribuidas y no le son. Autonomía, igualmente, en la ejecución de las finanzas o de los recursos que le sean asignados anualmente; no los tiene constitucionalmente. Y los lineamientos de la ley que va a desarrollar el poder popular no les da esas facultades sino que las mantiene atadas a designaciones de primero, segundo, tercero y cuarto grado, que por lo general se van filtrando para que accedan allí aquellos que quiera la persona que ejerce el poder.

En la reforma se contempla la creación de varias vicepresidencias, entre cuyas atribuciones y facultades está la administración de los territorios federales que se van a crear. ¿Qué implicaciones tiene esa propuesta?
Se trata del mismo marco en el cual el Estado se sobrepone al ciudadano. Al igual que lo hace con la propuesta de crear el poder popular, lo va a hacer a dedo. Es decir, a la designación de una persona que va a estar por encima de quienes van a ser electos popularmente, como son gobernadores y alcaldes. Serán funcionarios designados quienes van a coordinar sus planes, sus finanzas, sus proyectos y los que dirán en dónde se invierte o no se invierte. Es el mismo esquema en el que el Estado y quien lo maneja se sobrepone al ciudadano, al soberano que eligió a un alcalde o a un gobernador.

¿Cree que la democracia y el sistema electoral se vacían de contenido?
No. Yo creo que la democracia está muy cuestionada con esta reforma constitucional. Y parto de un principio fundamental: no hay democracia si no hay pluralidad. No hay democracia si no hay posibilidad de cada quien piense libremente y como quiera y entienda que su libertad y sus derechos individuales están equiparados con su derecho colectivo para buscar una justicia social. No hay democracia con una Constitución que coloca, en ese contrato social que se da un país, una ideología como única, aceptable y existente para organizar al Estado, la relación del Estado y los ciudadanos y la relación de los ciudadanos entre sí. Ahí desaparece la democracia, porque desaparece la pluralidad. La democracia moderna no es solamente elecciones y que una primera minoría imponga sus criterios sobre una segunda o tercera minoría. Si fuese así todavía, los negros en Estados Unidos seguirían sentándose en la parte trasera de los autobuses. O la mayoría católica en Venezuela podría excluir del texto constitucional a los evangélicos o a los testigos de Jehová.

¿Qué le ve de bueno a la reforma constitucional?
No le veo absolutamente nada bueno. Creo que es una reforma creada para el Presidente de la República y no para el país. No es necesario reformar la Constitución del 99. Es necesario cumplirla, pero ha sido violada desde el mismo día en que nació. Es una Constitución plural, democrática, con separación de poderes, que ha debido ejecutarse y no se ejecuta. Es una Constitución que permitiría que los venezolanos conviviéramos en paz, en la que se señalan, claramente, cuáles son nuestros derechos y cuáles son nuestros deberes. ¿Cómo puede modificarse una Constitución sólo para ideologizarla y para obtener más poder?

En 1999, en el momento en que empezó a hablarse de la Constituyente hubo esperanza, participación popular y dinamismo político para superar las trabas y los vicios de la IV República. ¿Cree que esos elementos están vigentes ahora?
No hay en la actualidad un momento constituyente en Venezuela. El Presidente está forzando una reforma que no está ni en el corazón ni en el cerebro ni en la ambición de los venezolanos de a pie. Para 1999 veníamos de una crisis muy fuerte. Esa crisis produjo un momento constituyente, porque quienes tenían que haber reformado la Constitución de 1961, entre otras cosas, para producir más poder para el pueblo y algo que quizás se había perdido: el reconocimiento del otro como ser humano y como ciudadano de un país en el cual había unos pocos privilegiados y muchos excluidos, no lo hicieron. Creo que se trata de una reforma irresponsable de un Presidente que acaba de ganar un proceso electoral, que la oposición y el candidato de la oposición le reconoció de forma democrática. Pero ese mismo Presidente, el 28 de diciembre, en lugar de anunciar que se iba a dedicar a trabajar para resolver las tremendas desigualdades que hay en Venezuela, anunció una reforma para darse más poder a él y para permanecer en el poder el mayor tiempo posible.

¿Usted cree que se le hará algún cambio a la propuesta del Presidente?
Estoy absolutamente convencido de que no habrá ningún cambio que no sea expresamente autorizado por Chávez. Me imagino que se corregirán algunas cosas que están muy mal redactadas. Por ejemplo, la reducción de la jornada laboral. Pero modificaciones a los temas fundamentales que están planteados allí, no creo que se produzcan por la propia composición de la Asamblea Nacional y por el debate a oscuras y encerrado en el que se recibe a dirigentes distintos al chavismo.

¿Por qué los califica así? Hay 34 derechos de la palabra ante la comisión mixta de la Asamblea Nacional.
Todo sin la presencia de los medios de comunicación social, en vivo y en directo, para que el país no advierta la argumentación sino para que se entere luego, a través de las declaraciones de los solicitantes en las puertas de esa comisión. No hay debate, simplemente los oyen como quien oye llover. Y váyanse tranquilos que aquí tomamos nota debidamente de sus observaciones.

 PERFIL
Gerardo Blyde.
Nació en Caracas. Tiene 43 años.

Abogado, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello en 1988. Ha sido profesor de Derecho Constitucional en pregrado y posgrado. También lo ha sido en el Doctorado de Justicia Constitucional que imparte la Universidad Santa María.

Fue secretario general
de Primero Justicia. Jefe de la fracción parlamentaria de esa tolda política y diputado electo "con el mayor número de votos nominales" a la Asamblea Nacional en 2005.

Ingresó a Un Nuevo Tiempo,
partido nacional "viejo en el Zulia y nuevo en el país", del cual es secretario general.

 REGISTRO VERBAL
Si habrá o no participación en bloque de la oposición en el referéndum de la reforma constitucional, es cosa que Gerardo Blyde, secretario general de Un Nuevo Tiempo, no se atreve a anticipar. "Es difícil decirlo con tanto tiempo de anticipación", afirma. Hay una secuencia de antecedentes que tiene que ver con la participación de las fuerzas opositoras en diversos procesos electorales. Hubo, por ejemplo, una abstención para las elecciones parlamentarias de 2005, pero no así en las elecciones presidenciales que un año después ganó el presidente Chávez.

Al analizar en retrospectiva este hecho, Blyde señala que a las fuerzas opositoras le llevó dos meses la intención de no participar. "Si hubiésemos tenido más tiempo quizás habríamos obtenido un mejor resultado". El resultado neto que Blyde reivindica es el "esfuerzo enorme que se ha hecho para que las fuerzas opositoras puedan tener una única posición ante los eventos electorales en el país; pero esto resulta muy difícil, porque es el chavismo y el propio Gobierno el que genera las condiciones para que eso no se dé".

En política, se ha dicho hasta la saciedad, dos más dos no son cuatro. El secretario general de Un Nuevo Tiempo refiere un hecho, en apariencia contradictorio, que ilustra esta paradoja. "A quien benefician las dos posiciones: la participación extrema o a ultranza y la abstención, igualmente, extrema o a ultranza es a Chávez; y él lo incentiva colocando casi a la cabeza del Psuv a quien nos vendió como a un personaje independiente que estuvo presidiendo el CNE: Jorge Rodríguez. Eso incentiva a mucha gente a no participar, a abstenerse, a achicopalarse. Pero esta lucha no es de corto plazo sino de mediano plazo".

Jugar en el mismo tablero político supone una visión muy clara de los procesos electorales. Gerardo Blyde afirma que "esos eventos son posibilidades ciertas para organizar, para generar estructura, para mejorar lo que tenemos y para comunicarnos más con la gente". Remata diciendo que "en la medida en que no los veamos como un fin en sí mismo, la participación es importante".

Pero el debate no puede circunscribirse a participar o no; entre otras cosas porque "esa lógica condena a las fuerzas opositoras a la división mientras no se entre a fondo y a profundidad en lo que sucede en la realidad venezolana, y ese es el gran esfuerzo que hemos tratado de realizar muchos dirigentes, que estamos o con la participación o con la abstención y que nos hemos reunido en los últimos meses para llegar a puntos de entendimiento". El núcleo duro de esa realidad es "la exclusión".










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