Educación: zona de conflicto

Por Venezuela Real - 26 de Septiembre, 2007, 18:22, Categoría: Educación

GUSTAVO ROOSEN
El Nacional
26 de septiembre de 2007

La prensa reporta en diversos tonos el comienzo del año escolar. Más allá del contraste entre las optimistas declaraciones oficiales y la constatación de las deficiencias en la organización y funcionamiento del sistema escolar, resalta el clima de incertidumbre que subyace en el fondo y que convierte a la educación en zona de conflicto.

Si la sociedad obser vara que la atención puesta en la educación se orienta a mejorar su calidad, incrementar el presupuesto destinado a ella, promover la superación de los maestros mejorando su formación y el reconocimiento a su trabajo, ampliar el periodo de escolaridad obligatoria, reducir la deserción escolar, implantar la doble jornada, mejorar la dotación de los planteles, asegurar el acceso de los estudiantes a los nuevos medios y a diversas actividades formativas, promover la participación de los padres y de la comunidad, si fuese así habría motivos de satisfacción. La legítima preocupación de los padres y de toda la sociedad nace, precisamente, de anuncios o hechos que no pueden ser vistos sino como desviaciones o amenazas.

La mayor desviación es, desde luego, la que tiene que ver con los fines y que se manifiesta en la pretensión de intervenir los programas de estudio para incorporar de manera hegemónica y excluyente elementos de adoctrinamiento que lleven a la formación de un hombre nuevo, ficción rebatida por la historia dolorosa y no muy lejana de otros pueblos. Según esta pretensión ideologizadora, la escuela se convierte en un sitio de formación de cuadros políticos, la historia es sometida a una nueva lectura, justificadora de los excesos y de las nuevas posturas, los maestros asumen la condición de propagadores del nuevo evangelio.

Allí reside uno de los puntos centrales del conflicto. ¿Cuán dispuestos están los maestros a ser parte de ese juego? ¿Cómo coincide o cuánto choca con sus principios? ¿Cuán capaces son de hacerlo sin entrar en conflicto consigo mismos? ¿Es superable el conflicto interior? ¿Por cuánto tiempo? Habrá muchos que no están dispuestos a sacrificar sus valores y su condición de maestros en función de una ideología en la que no creen. Su formación debe permitirles discriminar lo aceptable de lo inaceptable, la convicción de la imposición, la diversidad de la uniformidad y el pensamiento único, la libertad del sometimiento silencioso.

Frente a los a nuncios o amenazas oficiales, la preocupación de padres y maestros es no sólo comprensible sino enteramente justificada: por lo que se dice y por lo que se calla, por lo que se muestra y por lo que se oculta, por lo que se anuncia y por lo que deja para la sorpresa, por lo que aparece en los documentos oficiales y por lo que se maneja en los círculos en los que se prepara su concreción, por lo ya hecho y por lo predecible.

La propuesta toca nada menos que los fines de la educación y los valores de la sociedad. La importancia de lo está en juego justifica la preocupación de padres y maestros. Es el conflicto de una pretensión de control oficial frente a una sociedad con aspiraciones, con dignidad, con tradición de valores.

¿Está dispuesta la sociedad a este cambio por la vía de la imposición? Si en el pasado no se dio al tema de la educación la atención prioritaria que requería, en esta hora sería una irresponsabilidad social de efectos incalculables no mirarlo como una de las zonas de conflicto en las que se decide el futuro del país.






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