Uniformados

Por Venezuela Real - 26 de Septiembre, 2007, 18:15, Categoría: Militarización/Militarismo

Carlos Oteyza
TalCual
26 de septiembre de 2007

Una de las señales más inquietantes a las que nos estamos acostumbrando en el país es a convivir con los empleados públicos disfrazados de rojo. No nos referimos a las ocasiones festivas, concentraciones y marchas oficialistas, a las que se les invita y obliga a asistir con su franela correspondiente.

Nos ocupan principalmente esos miles de trabajadores públicos que nos cruzamos en cualquier ciudad y que barren en una acera o dan una mano de pintura a una defensa maltratada o que vemos reunidos bajo un árbol esperando al camión que en la mañana los llevó a la faena.

Uno transita por el país y se los cruza repetidamente, los vemos dispersos pero en todos lados: en un pueblo llanero, en una apartada zona petrolera o en un pintoresco poblado andino. Allí están, con sus franelas nuevas o desteñidas, en sus labores diarias, pero convertidos en agentes de propaganda no sólo de la gobernación o de la alcaldía para la que trabajan, sino de todo un régimen.

Contrariamente a las vallas o espacios publicitarios que se tienen que pagar para publicitar productos o emitir mensajes, a los trabajadores uniformados de rojo se les utiliza gratuitamente como una suerte de vallas móviles. Es un "sutil" abuso de propaganda, gratis y obligatoria, con la que tienen que cumplir para mantenerse en su trabajo.

Son empleados públicos al servicio de una alcaldía o una institución pero también, y sin quererlo, son promotores de un partido, de un régimen, de una concepción de sociedad que cada vez más invade la vida privada de los ciudadanos. No importa qué alcaldía o instituto suministra la franela, lo que importa y pesa, visto en conjunto, es esa homogeneidad que la sumatoria de empleados uniformados va creando.

Este nuevo paisaje es inquietante, entre otras razones, porque no conocemos ningún ejemplo histórico en que esta práctica de uniformar a los ciudadanos haya sido de provecho para el pueblo al que se disfraza. Todo lo contrario, han sido traumáticas. Pensemos en la China maoísta y su intento homogenizador, que ya es historia y que la actual China trata de olvidar. Ya los chinos vienen de regreso, pero nosotros nos adentramos con pueril indiferencia en prácticas totalitarias ajenas al sentimiento individualista y un tanto anárquico y bochinchero que caracteriza a los venezolanos.

Como píldora concentrada para modelar esta práctica autoritaria y facistoide tenemos semanalmente el show televisivo de los domingos, donde todos los asistentes se uniforman. Lúgubre espectáculo que reúne a funcionarios gubernamentales de cualquier jerarquía: empresarios, sindicalistas, universitarios, artistas y faramalleros, todos obligados a disfrazarse de rojo. Allí asiste disciplinadamente la élite convencida, la acomodada, la que está buscando, la sometida, la amenazada. Sin duda el programa sirve, como una gran vitrina de boulevard, para que el resto del país tome línea. La maquinaria televisiva refuerza así ese nuevo detalle, aparentemente insignificante, de colocarse la franela roja para ir al trabajo.

Sin duda, son tiempos tristes y peligrosos estos en los que el pueblo se uniforma.







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