Fatiga de Chávez

Por Venezuela Real - 1 de Octubre, 2007, 19:12, Categoría: Oposición/Resistencia

ARMANDO DURÁN
El Nacional
01 de octubre de 2007

" ¿Qué es, pues, el tiempo?". Eso se preguntaba San Agustín, allá por el año 400, en sus Confe siones de pecador arrepentido.

Y enseguida se respondía, muy en la línea de la física de Aristóteles, que el tiempo es un será que aún no es. ¿Gramsci africano avant la lettre? En todo caso, desde Heráclito hasta Marx, y como se ve, pasando también por el inquieto obispo de Hipona, esta reflexión filosófica permite trazar la historia de la historia como dialéctica.

Se trata, sin duda, de una digresión intelectual demasiado rebuscada pero a fin de cuentas muy útil para hablar de algo tan aparentemente simple y esquemático como el hecho de que Hugo Chávez, el domingo 23 de septiembre, rompiera su propio record de resistencia al alargar el programa Aló, Presidente a más de 8 horas de duración. Y para explicar por qué nos informó que su meta inmediata sea superar las 10 horas continuas de transmisión.

¿Puro exhibicionismo? ¿Vanidad de vanidades? De ser así, quizá podríamos entender por qué se atreve a formular proposiciones tan desmesuradas, a sabiendas de que miente, como esa de lanzarse en paracaídas sobre la selva colombiana para poder entrevistarse con Marulanda, o la de construir 87 plantas petroquímicas y habilitar 58 nuevas universidades antes del año electoral de 2013. ¿Delirios infantiles de llanero más o menos arrebatado por la inmensidad del paisaje que de pronto se abre a sus pies? ¿O es la clave que nos servirá para descifrar el insensato propósito de describirnos un futuro que de ningún modo llegará a ver nadie? ¿Será esta, en fin, la causa real de su deseo de estar presente en la vida cotidiana de los venezolanos a todas horas, antes, durante y después de todas nuestras peripecias existenciales, incluso de las más insignificantes, mirándonos directamente a los ojos, hablándonos de lo que fuimos, de lo que somos y, sobre todo, ¡ah, san Agustín!, aunque sin tener en cuenta qué es el tiempo, de lo que según él seremos, como si en medio de este delirio percibiera que detenerse un instante, aunque sea uno solo, equivaldría a correr el riesgo supremo de sepultar su vida y el destino de su proyecto en el foso de la muerte, es decir, en el pozo insondable del no ser y la nada.

Esta conclusión parece irrefutable. Su esfuerzo exasperado por estar en el centro del corazón de la historia no se corresponde en absoluto con las leyes de la dialéctica, sino con el impulso gravitacional que condena a las esferas celestes a la intemporalidad de su dale que te da circular durante toda la eternidad, movimiento contrario a la linealidad de este otro tiempo, humano y existencial, que no cesa de pasar. Una contradicción que en la práctica castiga a los habitantes de nuestra geografía al tormento de girar, también circularmente, sin devenir nunca en nada, alrededor del sol imperial que soñaba Bolívar para Bolivia, tal como nos lo recuerda Elías Pino Iturrieta en su artículo "El sol presidencial", publicado en las páginas de El Universal el sábado 22 de septiembre.

¿Qué habría hecho Chávez, me pregunto, si le hubiera tocado gobernar antes de que la televisión se convirtiera en un incontenible y avasallante medio de comunicación de masas? A Lenin, por ejemplo, le bastó la chispa de su periódico y el rigor intelectual de sus ideas para organizar un partido y hacer una revolución. ¿Puede uno imaginarse a Chávez transformando su ambición militar de dominio total en un hecho político concreto sin usar la televisión para estar a todas horas presente en todas partes? Esta ventaja que le brinda la televisión, sin embargo, no es gratuita. Si bien en un principio los concursos de belleza, las telenovelas, las radio rochelas, los programas de variedades, las Barbie y los senos de silicona le sirvieron de asidero para ir introduciendo gradualmente ese inmovilismo igualmente simplón de su imagen y su discurso en el ánimo de los venezolanos, el abuso desmesurado del recurso comienza ahora a resultar estupefaciente. En definitiva, la omnipresencia de Chávez responde a una concepción del tiempo y el ser que pasa por alto su naturaleza dialéctica del tiempo y del ser, y que conduce a los venezolanos a un estado de letargo, somnolencia y pesimismo sin remedio. Un fenómeno social directamente asociado al agotamiento del sistema nervioso central de la nación.

Es decir, a la fatiga muscular que sentimos todos a todas horas. En este caso, a la fatiga insoportable que sentimos de Chávez.





TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Octubre 2007  >>
LMMiJVSD
1 2 3 4 5 6 7
8 9 10 11 12 13 14
15 16 17 18 19 20 21
22 23 24 25 26 27 28
29 30 31     

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog