Asaltos en la calle - Videos e impunidad

Por Venezuela Real - 10 de Octubre, 2007, 14:46, Categoría: Seguridad/Inseguridad

El Editorial
El Nacional
10 de octubre de 2007

Ayer el canal de noticias Globovisión negó ante la opinión pública que el video que trasmite sobre asaltos en la autopista sea un montaje. El gesto no era necesario, y tan es así que los propios chavistas son objeto de robos y atracos tanto en sus nuevas y bien acomodadas casas como cuando serpentean en sus flamantes vehículos en el fatigoso tránsito caraqueño. De manera que así como no existe posibilidad alguna de negar una epidemia de dengue, tampoco se puede ocultar una cuestión de tanta relevancia en nuestras vidas como la ofensiva general de la delincuencia a cada momento, en cada esquina y hasta en los ascensores.

Esto último no es una exageración porque en varias clínicas de San Bernardino los malandros asaltan a los pacientes en los ascensores. Es decir, que en los sitios a donde vamos a buscar la vida, allí no espera un peligroso paso hacia la muerte, gracias a la impunidad que el régimen bolivariano le ha concedido al hampa, al darle vigencia política y hacerse de la vista gorda en cuanto a sus actividades delictivas. Hoy el Gobierno está aterrado porque el rechazo a su gestión en los sectores populares se basa principalmente en que, desde que Chávez llegó al poder, el precio de la vida está cada día más bajo, y en el barrio pueden matarte hasta por un vaso de cerveza.

Los asesinatos sistemáticos de motorizados son una prueba rotunda de cómo el lumpen se ha ido alejando de la revolución bolivariana, y busca consolidar económicamente sus propios intereses gangsteriles, más allá de la vida del barrio, de los niños y de los jóvenes, de las madres y las abuelas, y de los obreros y trabajadores del sector público. Reina en los sectores marginales una sensación de impunidad y de total complicidad con los niveles más bajos de la policía, lo que les permite no sólo imponer la ley del silencio (como en la época del Al Capone), sino castigar con la pena de muerte a aquellos honestos ciudadanos que se atreven a concebir una sociedad mejor y más sana.

Al ministro de Interior y Justicia, que carga consigo un dispositivo electrónico para lanzar disparates, no se le ocurre otra explicación que acusar a Globovisión de distorsionar la realidad sobre el drama diario de la delincuencia. Pero los periodistas de El Nacional hemos sido víctimas seriadas de esos asaltos en las colas de la avenida Baralt. Igual los médicos que trabajan en San Bernandino tienen prohibido tomar la Cota Mil luego de cierta hora. Los empleados públicos y trabajadores del comercio se protegen a las entradas del Metro y en las escaleras de salida, donde bandas de malandros les arrebatan sus bolsos y carteras.

Pero al ministro Carreño se le debe recordar que a un dirigente revolucionario, como Simón Sáez Mérida, no lo mató la policía política de la cuarta república, sino unos delincuentes que lanzan objetos contra los vehículos que circulan por la autopista Valle Coche. A Sáez Mérida la revolución hoy, vergonzosamente, lo esconde en el silencio de sus complicidades.






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