Juan Claudio Lechín: "Evo Morales parece el contador de Hugo Chávez"

Por Venezuela Real - 21 de Octubre, 2007, 15:31, Categoría: Injerencia de/en Venezuela

JAVIER PEREIRA
EL  NACIONAL 
21 de octubre de 2007

Juan Claudio Lechín asegura que Hugo Chávez está jugando a una guerra civil en Bolivia

El escritor y analista político boliviano ve con preocupación la indiferencia de los líderes del continente frente al proyecto político que promueve el presidente venezolano. Considera que su estrategia de asistencia financiera fracasó en Bolivia y por eso es que el mandatario amenaza con una salida militar
 
El primero de diciembre de 2006, Juan Claudio Lechín se declaró en huelga de hambre a las puertas de una iglesia en La Paz, Bolivia, en protesta contra la pretensión de Evo Morales de aprobar la nueva Carta Magna sin respetar la mayoría calificada de la Asamblea Constituyente.

El escritor boliviano (que a finales de 2003 encabezó una protesta similar contra Gonzalo Sánchez de Losada) se convertía así en una de las cabezas visibles del movimiento de resistencia contra el gobierno de Morales; y pagó el precio. Una semana después de comenzar la huelga, grupos violentos tomaron el templo y Lechín tuvo que escapar por una de las ventanas para evitar ser apaleado por las bandas oficialistas, que luego quemaron todas sus pertenencias.

A 10 meses de aquel episodio, la tensión política en Bolivia ha crecido: la Asamblea Constituyente está completamente paralizada, el país se encuentra al borde de la crisis y el primer mandatario venezolano, Hugo Chávez, acaba de atizar el enfrentamiento con una declaración de guerra a los enemigos de Morales. "Si la oligarquía boliviana lograra derrocar a Evo, los venezolanos no nos vamos a quedar de brazos cruzados (...) Van a despertar un Vietnam de ametralladoras".

Lechín, quien se mantiene como una de las principales voces disidentes en Bolivia, explicó en una entrevista telefónica que la amenaza del presidente venezolano fue recibida con preocupación en La Paz, porque muestra una nueva faceta de su estrategia continental.

–La declaración de Chávez la semana pasada desde Cuba fue brutal. Revela que su proyecto hegemónico de penetración política en Bolivia, basado en la asistencia financiera descarada, está fracasando frente a la resistencia civil en las regiones del este (Santa Cruz, Chuquisaca, Pando, El Beni y Tarija). Eso lo lleva a plantearse un plan b, la alternativa militar. Sabemos que Venezuela ha comprado mucho más armamento del que puede usar su Fuerza Armada y no es difícil deducir que busca expandir conflictos armados en todo el hemisferio.

–¿Pero en Bolivia ven factible una operación militar venezolana a gran escala?
–Es obvio que Chávez no puede plantear una invasión militar sobre Bolivia, porque para eso tendría que pasar por el espacio aéreo o terrestre de tres países. Pero la verdad es que eso no le hace falta. En este momento, la presencia de militares y civiles venezolanos es enorme. En hoteles y barrios residenciales de La Paz se siente mucho, al llegar con la fachada de colaborar en planes de salud y educación. Hay agentes de inteligencia que han logrado penetrar instancias del Estado. Son ellos quienes están tomando posiciones para promover el conflicto. No tengo dudas de que Hugo Chávez está jugando a la guerra civil en Bolivia. Lo más lamentable es que el continente parece no darse cuenta de la gravedad del asunto. América Latina hoy se parece a la Europa de finales de los años treinta, cuando nadie le daba importancia a la retórica bélica de Adolfo Hitler, hasta que decidió invadir Polonia y desatar la Segunda Guerra Mundial.

–El Gobierno de Bolivia utiliza la asistencia financiera venezolana para fomentar planes sociales y proyectos de desarrollo ¿Eso no ayuda a Morales a mantener una imagen positiva entre los más pobres y los grupos indígenas?
–Bolivia siempre agradece la cooperación internacional, porque somos un país muy pobre. Más de 60% de la población vive en la miseria, no sólo los indígenas; aquí hasta los ricos son de comiquita. Pero el pueblo espera que esa ayuda llegue sin condiciones y sin abusos. Que no sea como cuando un hombre le ofrece un dulce a una niña, para luego violarla. En Bolivia se reparten dos o tres veces a la semana cheques firmados directamente por el embajador de Venezuela en La Paz (Julio Montes), para que las alcaldías del partido de gobierno o instituciones del Estado central boliviano ejecuten proyectos. Ese dinero ni siquiera pasa por manos de alguna institución boliviana, sino que es entregado directamente por los venezolanos. Eso es vergonzoso. Morales parece el contador de Chávez, encabezando un gobierno que sirve a los intereses de un Estado extranjero. Desde febrero de este año, esa repartición de dinero es cosa rutinaria y la prensa ya ni siquiera se sorprende.

–¿Cuál es el papel de la Fuerza Armada boliviana en esta crisis? ¿Existe un apoyo monolítico de los militares alrededor del gobierno de Morales?
–Los cheques venezolanos también llegan hasta el Ejército boliviano sin el mayor recato. Ocurren, sin embargo, cosas curiosas que generan suspicacias. Hace varios días, el Gobierno organizó un evento en honor a la memoria de Ernesto Che Guevara, y el presidente Morales se molestó mucho, porque el Ejército no quiso participar en los festejos. Poco después, en otro discurso, removió parte del Alto Mando Militar y ajustó algunos tornillos, en busca de renovar lealtades entre los generales. Pero se nota que algo anda mal. Creo que en los rangos medios del Ejército hay mucha molestia porque, para bien o para mal, los militares de América Latina siempre han sido muy celosos y las declaraciones de Chávez no caen nada bien.

–Entonces, el Ejército boliviano está dividido.
–Al menos no se siente un Ejército compacto y eso es un peligro porque, en el momento de un estallido, la guerra civil es un escenario y ese enfrentamiento, el germen de esa violencia política, se está instigando desde Venezuela. Yo viví parte de mi adolescencia en Caracas y me cuesta reconocer que el Gobierno de ese país, que recuerdo con tanto cariño, es ahora una amenaza para los bolivianos.


–El futuro político de Bolivia a mediano plazo luce complicado. ¿Cómo puede desactivarse la crisis de la Constituyente?
–Morales abrió un espacio de diálogo, que dirige el vicepresidente Álvaro García Linera, para intentar reactivar la Asamblea Constituyente a través de algún pacto con las fuerzas de oposición en las provincias de Santa Cruz y Chuquisaca. Pero ese acercamiento le abrió otro frente de conflicto: las asociaciones indígenas de oriente rompieron su alianza con el Gobierno. En Bolivia estamos en una clara muestra de lo que ya ha pasado muchas veces en el continente: el pueblo excede la capacidad de sus representantes.

–¿Es posible que Morales decida desactivar la Constituyente para evitar una crisis definitiva?
–El Gobierno mantendrá su pretensión de redactar una nueva Constitución a su medida, porque Morales la necesita para garantizar su reelección.

Por eso, sólo le quedará una salida: imponer el estado de sitio, tomar militarmente la ciudad de Sucre (sede de la Asamblea Constituyente) y reinstalarla a la fuerza, para que los representantes del Gobierno aprueben su nueva Constitución.

Los grupos de resistencia no se quedarán tranquilos, así que se abrirá un espiral de violencia y entonces, allí, se instigará la revuelta que busca Chávez para consolidar su proyecto político.

La situación parece escaparse de las manos de los bolivianos.

Sólo el pueblo venezolano, tomando conciencia, puede frenar los planes hegemónicos de Chávez.








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