Mayor carga tributaria y poca eficacia del gasto

Por Venezuela Real - 21 de Octubre, 2007, 10:28, Categoría: Economía

D. F. Maza Zavala
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21 de octubre de 2007

El Gobierno ha decidido aumentar algunos impuestos de carácter indirecto, es decir, que se trasladan al consumidor por la vía del alza de precios. Tales son: impuestos a las transacciones financieras, aumento del impuesto a los cigarrillos y licores; también, según se ha informado, a algunos artículos de lujo. Todo ello configura una elevación de la carga tributaria que deben soportar los consumidores.

En el caso del impuesto a las transacciones financieras -que incluye, al parecer, las operaciones en valores mediante la Bolsa de Caracas-, aunque se indica que sólo serán afectadas las personas jurídicas (empresas), la experiencia permite apreciar que, de una u otra manera, será trasladado en la formación de los precios al consumidor. En el caso de los cigarrillos y los licores, los mayores impuestos se ponen de manifiesto en mayores precios. Es oportuno hacer algunas consideraciones sobre estos hechos, que se realizan en los meses finales del año.

En primer lugar, hay que mencionar los motivos del aumento de impuestos. Pueden ser: contribuir a reducir la presión inflacionaria, se dice; moderar el consumo de cigarrillos y licores; reforzar los ingresos fiscales, lo que permite indicar que hay necesidad de disminuir el déficit de aquellos, sobre todo cuando se ha hecho evidente el "hueco" dejado por la reducción del IVA; también puede ser que se requiera más dinero para el gasto público, lo que se puede interpretar como una creciente propensión al gasto, que los contribuyentes deben atender con sus propios ingresos. No se puede aventurar el supuesto de que el Gobierno se prepara para una eventual caída del ingreso petrolero, pues todo parece firme en el panorama internacional.

Es probable que la autoridad fiscal haya realizado estudios a fondo sobre la procedencia, la oportunidad, la eficacia y los efectos del aumento de los impuestos. Entre estos últimos, cabe señalar el que pueda tener en la demanda de los consumidores, habida cuenta de lo que los economistas califican como la elasticidad de la demanda ante un alza de precios sin cambio en los ingresos. Los fumadores y bebedores empedernidos no reducirán su consumo porque los precios suban en proporciones moderadas. También hay que tener en cuenta la posibilidad del contrabando. En todo caso, el incremento del ingreso fiscal por tales aumentos tributarios no será muy apreciable. Con excepción del que grava las transacciones financieras.

Ese impuesto -antes calificado como al débito bancario- afectará la actividad económica, tanto en las operaciones corrientes como en las de inversión y financiamiento. Las transacciones financieras representan un medio indispensable para la circulación de bienes, servicios y valores; por tanto, un gravamen sobre esta materia se reflejaría en el costo de dicho proceso y, por ende, en la dinámica de los precios. Si lo que se persigue es reducir la inflación, por esta vía no hará sino reforzarla y de paso ocasionar restricciones, desajustes y distorsiones en la actividad financiera. En cuanto al provecho fiscal, no cabe duda de que es muy eficiente y un buen sustituto del IVA en este aspecto.

No podría dejar este comentario sin considerar el motivo puramente fiscal de las medidas: recabar fondos para el gasto. Soy de la opinión de que hay que ponderar la expansión del gasto procurando un equilibrio entre su calidad de factor de crecimiento y la de factor inflacionario, lo que entraña además un análisis de la composición del gasto, de su oportunidad, de su administración y de su control.

PROPIEDAD INTELECTUAL

Mucha preocupación ha causado la presunta supresión -o modificaciónde la protección del Estado a los derechos de propiedad intelectual, que representan una forma de propiedad intangible, no material, pero de considerable importancia en la vida económica creativa de las naciones.

Al efecto conviene una distinción entre los productos de la creatividad -científica, tecnológica, humanísticay los que configuran un monopolio, una exclusividad de explotación, como las patentes y las denominaciones comerciales. Las megacorporaciones fundamentan su poderío en este tipo de explotación, que constituye una configuración actual del capital. Es verdad que esas organizaciones financian en buena medida la investigación creativa, que se plasma en innovaciones, dinámica del desenvolvimiento capitalista; pero las patentes, marcas y denominaciones respectivas pueden y deben ser sometidas a regulación y a prescripción razonable; pero será absurdo generar dificultades a ese factor de progreso. En cuanto a la propiedad intelectual inherente a productos culturales, hay que considerar que los creadores deben tener la opción de sostener una existencia decorosa y propicia a su trabajo, y si están desprotegidos y sus creaciones pueden ser objeto de explotación por cualquier persona, empresa o institución -privada o pública- su voluntad creativa se restringe. La propiedad intelectual debe ser objeto de consideraciones diferentes de la propiedad material.






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