Misiones educativas agudizarán déficit académico del país

Por Venezuela Real - 21 de Octubre, 2007, 10:09, Categoría: Educación

GUSTAVO MÉNDEZ
EL UNIVERSAL
21 de octubre de 2007

Las misiones tendrían más un objetivo político-partidista que de formación académica e inclusión social
Se pretende darle rango constitucional pero se desconocen sus resultados

De aprobarse la reforma, la educación nacional navegará entre dos aguas: la formal y la experimental a través de las misiones. La nueva Carta Magna tendría una gran contradicción. Por un lado, el artículo 103 señala que toda persona "tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades. La educación es obligatoria en todos sus niveles, desde el maternal hasta el nivel medio diversificado". Por el otro, la norma 141, que da rango constitucional a las misiones.

Si bien las misiones -Robinson I y II y Ribas- están enfocadas hacia los ciudadanos que no lograron culminar el sistema formal, por igual desmontan la estructura y experticia de la educación para adultos para crear un sistema experimental sin evaluación alguna.

"Pedagogía de la exclusión" califica el ex presidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Nacional, José Luis Farías, la constitucionalización de las misiones. "Al Gobierno no le interesa la educación, y mucho menos su calidad. Las misiones son un plan estrictamente político. El objetivo es crear un inmenso aparato clientelar a través de la educación".

Para Farías se pretende constitucionalizar "la mendicidad y el clientelismo político" como el mecanismo para imponer la reelección presidencial.

En esa línea, el director del Centro de Investigaciones Culturales y Educativas (CICE), Mariano Herrera, destaca que las misiones tienen un efecto más "afectivo" que pedagógico. Apunta que la inclusión de las misiones en la reforma es más un incentivo electoral que una política social. "Esa medida evidencia el fracaso institucional del Estado para atender las necesidades de la población".

De la confluencia de tres variables, explica el director del Centro de Investigaciones Tebas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Arnaldo Esté, el surgimiento y desarrollo de las misiones educativas. "La de incrementar el prestigio político del Gobierno al lanzar programas sociales de efecto inmediato. La magnitud y profundidad de la exclusión y abandono de una porción mayoritaria de la población venezolana durante mucho tiempo y a la ineficacia y descomposición de las organizaciones gubernamentales institucionales", reflexiona.

Destaca que el carácter de "atajo" o "baypass" de las misiones, para ofrecer resultados largamente esperados: "están llenos de tropiezos e inconvenientes siendo el mayor, tal vez, su provisionalidad y poca estructuración y control".

Esté advierte que establecer las misiones constitucionalmente, sin un cambio institucional, es reproducir los males ya existentes.

Es precisamente esa ausencia de control y evaluación, después de cuatro años de instrumentación, la que resalta la investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la UCV, Mabel Mundó, cuando analiza la propuesta de otorgarles rango constitucional.

"Lo más curioso es que esta innovación no está avalada por evaluaciones que modifiquen la percepción y experiencia que tenemos todos, que fueron muy exitosas en la población desfavorecida; pero igual escuchamos a personas que no culminaron su aprendizaje en lectura y escritura porque el facilitador no volvió al barrio, o al ambiente educativo".

Pero no se trata sólo de la percepción y análisis de los especialistas. El presidente Chávez, el 21 de marzo de 2007, reconoció las fallas de las misiones Ribas y Sucre.

La queja generó en investigación por parte de la Asamblea Nacional, encabezada por la diputada Pastora Medina. Los resultados preliminares, hasta ahora no hay conclusiones, informaron sobre irregularidades académicas y administrativas en los estados Bolívar, Portuguesa, Trujillo, Cojedes, Nueva Esparta, Anzoátegui, Monagas, Miranda y Distrito Capital.

En Misión Sucre lo irregular marcó su nacimiento. El ex director de la Oficina de Planificación del Sector Universitario (OPSU), Luis Fuenmayor Toro, encargado del censo, negó que los excluidos de la educación superior fueran 450 mil. "Realmente eran 137 mil. El resto eran graduados que querían otra carrera adicional; o técnicos superiores que deseaban la licenciatura; o gente que quería una beca. La mayoría eran recién graduados que buscaban una vía fácil de ingreso a los estudios superiores, sin presentar la PAA o las pruebas internas".

Para el ex diputado Farías, las fallas administrativas de las misiones atentan contra su progresividad y horadan el entusiasmo de las personas. Según estudios en desarrollo, buena parte de los inscritos en las misiones acuden a satisfacer sus necesidades económicas. "No se trata para muchos de estudiar, sino para comer. La gente se fastidia de procesos pedagógicos anacrónicos, además del desorden y la corrupción. Puedo asegurar que existe 50% de deserciones en la Misión Ribas".
Déficit académico

Mariano Herrera, expresa "duda" sobre la calidad pedagógica, que sería el fin de estos programas en cuanto a dotar de conocimientos y herramientas a quienes no pudieron obtenerlos en el sistema formal. Estima que el déficit académico formará bachilleres a "dos velocidades". Un grupo con las capacidades del sistema escolar y otro de las misiones con claras diferencias formativas. "Está claro que en dos años no vas a aprender. Más aun cuando esas personas han pasado varios años sin estudiar".

En ese tenor, la investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela, Mabel Mundó, precisa que el problema de la inclusión no es que estés afuera y ahora adentro.

"El tema de la inclusión en educación es formar a un individuo autónomo con capacidad para tomar decisiones, elegir y mejorar constantemente sus condiciones de vida, capaz de incluirse en la vida socioeconómica del país".

La docente expresa su preocupación, ya que los egresados son admitidos en instituciones del sector público con sueldos un poco más elevados que el salario mínimo. Especie de extensión de la ayuda.

El ex diputado Farías apela a los números para desnudar la carencia académica. "Un estudiante de la Ribas recibe quince horas académicas semanales, pero sin profesor ni materiales, mientras un estudiante del sistema formal tendrá cuarenta horas. En la Robinson II son ocho horas semanales contra cuarenta de una escuela bolivariana". Si bien aclara que para los adultos la carga horaria es menor, acota que tampoco debe ser tan poca y deficiente.

De acuerdo con la investigación que lleva en curso, Farías alerta sobre la migración de jóvenes en edad escolar a las misiones. Sin delatar el nombre de las instituciones, denuncia que el fenómeno va in crescendo: "Los repitientes del séptimo grado migran a la Ribas. En año y medio aprueban séptimo, octavo y noveno. Luego vuelven al liceo para graduarse de bachilleres. Muchos no regresan".

La diputada Pastora Medina confirma las críticas: "Los facilitadores no están a tono con la realidad. Sé de muchos que apenas han recibido un curso de preparación. Esto demuestra que hay carencia de supervisión, de control, de apoyo, de evaluación. Se requiere una preparación sólida para los facilitadores", declaró Medina.






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