Ética del atraso

Por Venezuela Real - 29 de Octubre, 2007, 17:39, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

Trino Márquez
El Universal
29 de octubre de 2007

La "nueva ética socialista" en realidad está constituida por los viejos dogmas del comunismo

Poco después del discurso de presentación del Proyecto de Reforma Constitucional (PRC), el presidente Hugo Chávez introdujo en la Asamblea Nacional las Líneas Generales del Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013. El propósito de las Líneas consiste en conducir a Venezuela hacia el socialismo del siglo XXI, para lo cual se señalan siete estrategias, la primera de las cuales es la Nueva Ética Socialista.

A los comunistas les seduce hablar del "hombre nuevo", suerte de encarnación de los ángeles de Rubens. "Socialismo y hombre nuevo deben ser sinónimos" (p.3). Ese hombre debe estar movido por el amor al prójimo y la solidaridad con los desamparados. Por supuesto que para alcanzar tan elevados fines tiene que trascender el capitalismo, sistema basado "en el individualismo egoísta, en la codicia personal, y en el afán de lucro desmedido". (p.1) Hay que lograr "la construcción de un Estado ético... Un Estado de funcionarios honestos" (p.2). El "proyecto ético bolivariano" convertirá a los hombres "en personas y ciudadanos justos, solidarios y felices" (p.2). El objetivo principal del Plan reside, nada más ni nada menos, en "refundar ética y moralmente la nación (p. 3)

Responsabilidad de funcionarios

A pesar de tanta grandilocuencia ocurre que en el PRC, Art. 141, el presidente Chávez elimina la responsabilidad de los funcionarios en el ejercicio de la función pública y su obligación de rendir cuentas, normas taxativamente apuntadas en la Carta del 99. Al suprimirse del proyecto tales obligaciones, la corrupción, que ya campea por todo el aparato administrativo, marchará a la velocidad de las Hummer. Los "Estados éticos", si es que tal cosa existe, sólo pueden alcanzarse en medio de climas donde se eliminan los incentivos que propician la corrupción y se acaba con la impunidad. Los llamados piadosos a la honestidad y a la "conciencia revolucionaria", son completamente ineficaces, sobre todo cuando la Contraloría renuncia a cumplir con su deber. 

Quienes redactaron el Plan desempolvaron el Marx de Crítica al Programa de Gotha y lo citaron de manera libre: "De cada quien según su trabajo, a cada quien según sus necesidades" (p.3). Así se resume una de las viejas aspiraciones de la sociedad comunista. Los ciudadanos deben recibir independientemente de cuál sea su aporte al bienestar y la riqueza social. Quien decide cuánto toma cada cual es el Estado, ser omnisciente y justo. Siguiendo este axioma, los comunistas han logrado distribuir con gran paridad la miseria. Nada más equitativo en esas sociedades que la pobreza de las grandes mayorías. Eso sí, en la cúspide de la pirámide social se encuentra la nomenclatura gobernante, siempre voraz y rodeada de privilegios exagerados e inmerecidos.

Formar ciudadanos "justos, solidarios y felices", como propone el "proyecto ético bolivariano", no es misión del Estado ni del Gobierno, sino de la educación, la familia y la religión, espacios que conviene mantener fuera de las garras del Estado. Lo que sí deber ser obligación de este último es lograr que los ciudadanos sean iguales ante la Ley y la respeten sin ningún tipo de privilegios, cosa que nunca ocurre en los regímenes comunistas, donde la norma consiste en que "unos son más iguales que otros", según el célebre aforismo de Orwell.

Corresponde al partido

Para alcanzar la "ética socialista" hay que "desarrollar la conciencia revolucionaria" (p.3) y "superar la ética del capital" (p.4). Esta labor tampoco corresponde al Estado, sino al partido revolucionario y a las organizaciones de la sociedad civil que apoyan la revolución. El Estado tiene que mantenerse como una institución laica, al margen de la ideologización y fanatización de los ciudadanos. Sin embargo, ocurre que en los países comunistas desaparecen las sanas fronteras que deben separar con claridad el Estado, el Gobierno y el Partido, y todo pasa a estar dominado por la ideología y las tesis políticas del grupo gobernante. 

En razón de esta mezcla tan dañina no se puede confiar en los supuestos buenos deseos de los redactores de los Líneas Generales, cuando dicen que el proyecto ético busca edificar una sociedad "plural, diversa y tolerante" (pp. 2-3). ¿Cuál tolerancia, pluralidad y diversidad puede haber en un sistema político que se propone imponerle a la nación una antigualla tan atrasada y autoritaria como el comunismo?

La "nueva ética socialista" en realidad está constituida por los viejos prejuicios y dogmas del comunismo tradicional. 





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