LUIS BRITO "Con esta reforma perdemos lo único que nos salva: la

Por Venezuela Real - 29 de Octubre, 2007, 16:54, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

GABRIELA PULIDO / MARJORIE DELGADO AGUIRRE
El Nacional
29 de octubre de 2007

"Queremos luz y no la encontramos por ningún lado"

Después de haber sido vetado en varios museos venezolanos, el ganador del Premio Nacional de Fotografía 1996 afirma que tiene derecho a vivir en su país y crear libremente. Considera que en Venezuela caben todos, pero con respeto 

Hace dos meses, Luis Brito, Premio Nacional de Fotografía, sufrió un infarto. Por aquellos días sintió que su espíritu "desandaba", como se suele decir cuando el alma de una persona que está a punto de morir se despide de los vivos. Pero su corazón fue más fuerte de lo que pensó y logró reponerse. El susto no logró desviar su atención implacable de los que considera "los momentos más oscuros del país" y, lejos de seguir el dictado de la muerte, se empeña en el ejercicio del verbo vivir como prefijo inseparable de la frase "en libertad".

Relaciones paralelas, su más reciente exposición, se exhibe en la galería Spazio Zero, en Altamira, y reúne una serie de obras que retratan lo que Juan Carlos Palenzuela calificó como "desgarramientos del tránsito humano". Estos documentos visuales, en su mayoría inéditos, constituyen el rastro de las inquietudes del artista acerca del paso del hombre por su propia cotidianidad; testimonios que, aunque habían permanecido guardados desde la época en que Brito comenzó a disparar con su cámara, en la década de los años sesenta, guardan estrecha relación con el presente.

–Desde su punto de vista, el arte debe comprometerse con el momento que vive el artista. ¿Cómo se conecta Relaciones paralelas con la situación del país?
–Quisiera que cada quien se forjara su propia opinión al respecto. Toda creación debe tener la capacidad de conmover, para bien o para mal. Si la imagen no se expresa por sí sola, fracasé. La fotografía retrata tu modo de ver el mundo.

–Si la fotografía constituye su manera de ver el mundo, ¿cuál es la lectura que hace de Venezuela en estos momentos?
–Estamos perdiendo nuestra libertad. Yo nací y crecí en libertad y quiero continuar viviendo así. Estamos viviendo los momentos más oscuros de este país. Y aunque queremos la luz, no la encontramos por ningún lado. Nos están convirtiendo en un país enfermo y triste, lleno de gente que no halla sentido en nada, que siente que le están robando su historia. Creo que a Venezuela le están cortando las alas. Somos pájaros enjaulados y si no reaccionamos ahora, después será muy tarde. Hasta el momento, los políticos no nos han dado respuestas. Este señor (Hugo Chávez) vende sueños falsos y los otros políticos no venden ninguno; esa es nuestra desgracia.

–¿En este contexto, cuál debería ser el papel de los intelectuales venezolanos?
–Se supone que los creadores, los intelectuales, son las vanguardias de los pueblos.

Yo busco dónde ubicarme y me pregunto cuándo nos vamos a manifestar. Entiendo que venimos de frustración en frustración y que estamos acobardados, pero así Hugo Chávez se siente cada día más el amo. Hasta cuándo, no lo sé, pero los rusos aguantaron el comunismo durante mucho tiempo, y los cubanos llevan 50 años luchando para salir de ese régimen. ¿Nosotros vamos a aceptar que en menos de 2 meses se instaure en el país un régimen similar a estos, en los que no hay libertad? A mí me duele mi país; es una diáspora y, cuando no nos manifestamos, sólo estamos huyendo. Pase lo que pase, creo que hay que quedarse aquí, luchando por Venezuela. Creo que aquí cabemos todos, pero con respeto. Solicito que se respete mi derecho a crear y a vivir en mi país. Los procesos como éste siempre han estado marcados por las posturas de los intelectuales. Ocurrió en Chile, Argentina, y Brasil, donde muchos de ellos lucharon contra la dictadura. Aquí hay una gran apatía. Yo estoy esperando a los intelectuales.

–¿Cómo combate usted esa apatía?
–Creo que llegará el momento de combatirla en conjunto y espero que no sea tarde. Tenemos menos de dos meses.

Yo soy venezolano; no soy ni socialista, ni castrista, ni bolivariano, y quiero mantener los valores que están tirando al trasto con esta reforma. Yo expongo, pero no me quedo únicamente con mi fotografía. También marcho y pego peroles en los baños y en los ascensores. He hecho cosas que envío por Internet, pero me planteo hablar directamente con la gente. No se puede pensar que es posible hacer entender, por Internet, el peligro que conlleva la reforma. Tenemos que ir a los barrios, a los pueblos, y explicarles a las personas en qué nos estamos metiendo. Lamentablemente, los partidos políticos no se están movilizando en esta dirección y el Gobierno tiene una estrategia de engolosinar perversamente a los venezolanos. La reducción de la jornada laboral y de la edad para ejercer el voto, que pondrá una decisión tan delicada como el sufragio en manos de niñitos de 16 años que no saben nada de historia, son propuestas maquiavélicas.

–¿Cuál es su principal crítica a la reforma constitucional?
–El hecho de que con ella estamos perdiendo lo único que nos salva: la libertad.

La libertad para crear, para hacer. No hay nada más peligroso.

–¿Ha sentido que su libertad para crear ha sido violentada?
–No puedo exponer en ningún museo ni puedo representar a Venezuela en el exterior, porque estoy vetado.

Venezuela no es de todos, es de ellos. Bajo ningún concepto acepto imposiciones.

Yo siempre he creado en libertad y tengo un compromiso con el país.

–¿Cuándo le cerraron las puertas de un museo?
–La exposición de Las Muñe cas de Reverón iba a ser en el Museo de Bellas Artes, pero finalmente no la aceptaron.

Se hicieron los locos. En el Museo Jacobo Borges tampoco pude exponer. Nunca en la cuarta República, como le llaman ellos, me pidieron un carnet. Nadie me reclamó que perteneciera o no a un partido y yo milité en el Partido Comunista. Yo soy hijo de una cocinera de pueblo y tuve oportunidades. Me permitieron ser libre.

–Hay quienes aseguran que el poder denunciar esto significa que tiene libertad.
–Eso es un engaño. No hay verdadera libertad porque el hecho de decir esto, de disentir, me impide tener un trabajo en este país, representar a Venezuela o entrar a un museo. Yo expongo en una galería que abre sus puertas a mi libertad de negarme a reverenciar ídolos rotos, de rehusar plegarme a un arte acomodaticio que no me interesa, que es lo que están haciendo quienes embadurnan las paredes del país con murales que empatucan de mierda la ciudad, con el perdón de la palabra. Este país tuvo un Jesús Soto, un Alejandro Otero y tenemos un Carlos Cruz-Diez y a muchos otros, pero no estos bodrios que nos quieren vender ahora como artistas. Yo no creo en el Che Guevara y no voy a hacer una obra para alabarlo. Nadie me puede imponer hacer una oda a él, ni a Bolívar, ni a ningún otro. No voy a alabar a ningún ídolo. No creo en falsos dioses.


–¿Qué venera en su obra?
–Yo hago odas al hombre y a la libertad, a la posibilidad que tuve de formarme como un ser humano con criterio. Creo que Venezuela se está quedando sin esta posibilidad y sin opciones paralelas a este régimen.

–En esta exposición se siente cierto sabor amargo, irónico, pero también hay un tono esperanzador.
–Eso sí. Creo que estamos jodidos, pero lo último que perderemos es la esperanza. En una de estas obras está la fotografía de un viejito que forma un conjunto con las fotos de un cielo y de un ángel. Este viejo, aún a su edad, se aferra a la esperanza de volar, tiene fe en la libertad. Si perdemos la fe, perdemos todo.


Ahora, la esperanza no nos vendrá gratuita, esa la hacemos nosotros.






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