Y no es fantasía

Por Venezuela Real - 29 de Octubre, 2007, 16:50, Categoría: Cultura e Ideas

ILDEMARO TORRES
El Nacional
29 de octubre de 2007

Hubo una vez un pueblo y también un hecho que él protagonizó, que ahora evoco no sin cierta nostalgia y con orgullo de que en verdad sucedió.

Era un pueblo lleno de virtudes como la generosidad, la hospitalidad de brazos abiertos hacia quien llegara a su seno, el empeño en estudiar y abrirse paso por esfuerzo propio, y un espíritu constructivo, pero que un aciago día fue asaltado por unos militares ávidos de poder, dinero y figuración.

Se produjeron cambios profundos en el ánimo y la conducta de las personas; la festiva calidez que caracterizaba sus relaciones, dio paso al desasosiego y la desconfianza; era manifiesta la represión en sus distintas formas, acompañada de delaciones y venganzas derivadas del odio sembrado por el régimen.

El terror impuesto por los uniformados llegó a extremos intolerables; y ese mismo pueblo, que mientras pagaba tan alto precio en sufrimiento no dejó de estudiar, ni de trabajar y crear; siendo fiel a su pasión por la libertad decidió, con serena perseverancia, organizarse y luchar tanto abierta como clandestinamente contra la tiranía. Se dio el fenómeno trascendente de que una oficialidad joven no comprada ni cobarde hizo cuerpo con ese digno mundo civil, y a lo Fuen te Ovejuna, todos a una se enfrentaron al general y lo derrotaron, demostrándole que su supuesta superioridad era la típica de cobardes armados. De aquello retomo complacido en la memoria, la restauración de la democracia a partir del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez, el recuento de nuestras décadas de esencia republicana iniciadas la madrugada en que él huyó despavorido, dejándonos en lo humano y lo político una dolorosa marca de persecuciones, tortura y muerte, y en lo visual una imagen propia de las tiras cómicas: la ridícula figura de un gordo sudoroso en plena carrera hacia un avión de motores ya encendidos, con la chaqueta mal abotonada y una maleta de la que salían volando billetes de banco; la fuga de un general de caricatura.

Permanece fresco cual epílogo de los sacrificios y tropiezos de la lucha clandestina, el recuerdo de aquel amanecer jubiloso de radios a todo volumen, de campanas al vuelo coreadas por las bocinas de todos los carros de un país que volvía a sentirse libre; de un pueblo celebrando en la calle sus derechos recuperados, reconociéndose a sí mismo en su calidad de protagonista, alegre y en igual medida candoroso, entusiasta con lo que sucedía en el momento y con poca claridad o escasa orientación, para percibir el futuro en sus justas dimensiones y posibilidades.

Curiosa sensación ésta de volver los ojos a un pasado que sentimos reciente, y que sin embargo dista lo suficiente como para que dos nuevas generaciones hayan venido al mundo y hoy participen de la vida política, enterados de esos hechos por referencias.

Conmueve poder hablar de lo sucedido a partir de experiencias personales, sin recurrir a una perspectiva de lejanía que si bien decanta los conceptos, a veces apaga la emoción: ese sentimiento básico con el que realizamos o se frustran nuestros proyectos, incluido el de construir una sociedad diferente. Pero asimismo es motivo de honda preocupación constatar, como si se tratara de un cruel giro regresivo de esa historia, cómo el mismo pueblo del cuento vuelve a enfrentar una situación que cada vez más tiende a reproducir y con signos de mayor gravedad, a aquella dejada atrás; y entonces uno añora e invoca el viejo sentido unitario y la percepción de la importancia de actuar juntos inteligentemente, con valentía y prontitud.








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