Abstención y movilización

Por Venezuela Real - 1 de Noviembre, 2007, 14:40, Categoría: Electorales

RAMÓN ESCOVAR SALOM
El Nacional
30 de octubre de 2007

L os venezolanos vivimos un grave conflicto de conciencia colectiva y de incertidumbre en el ánimo del espíritu civil. Es parte del proceso de demolición institucional y de destrucción física adoptado como proyecto político y de la resurrección de José Tomás Boves como animador del odio y la división de la comunidad nacional.

De allí la falta de objetivos prácticos frente a la amenaza militarista y totalitaria. Una cosa está clara: el descontento supera a la satisfacción colectiva.

Pero la administración del descontento es menos eficaz que la apariencia de aprobación manejada desde el poder.

Estas circunstancias han facilitado que más de la mitad del país haya sido inmovilizada por una minoría activa, con los recursos del poder y el apoyo internacional. ¿No dicen en el Brasil que porque de cuatro mil millones de dólares de la balanza comercial, ellos se benefician con 3.500 no deben por lo tanto estorbar los proyectos políticos del Presidente Chávez? ¿Y no es Chile un caso de inconsecuencia política con Venezuela al no atreverse a censurar el proyecto totalitario porque allá la izquierda todavía no se ha enterado que la de aquí sería una autocracia aún más poderosa de lo que fue la de Pinochet? La reacción de Estados Unidos ha sido ineficaz entre otras cosas porque la política de Bush ha sido de gran ayuda para Chávez.

Es el momento de tener conciencia de esas limitaciones y saber que solamente los venezolanos, mujeres y hombres, podremos construir la fórmula política eficaz frente a la alternativa totalitaria. No es la revolución naranja ni la de los limones las que tenemos que copiar sino completar una salida venezolana a la crisis política. La opinión internacional no pudo entender la abstención para la elección del Parlamento entre otras cosas porque no se le explicó y lució más bien en Europa, Estados Unidos y otras partes como un gesto de inmadurez de la oposición.

La no asistencia a los comicios o a las consultas electorales en un caso como éste tiene que ser un acto de alta racionalidad colectiva y no un gesto de descompostura o de desgano.

La abstención creciente de los últimos años de la democracia fue desgano, desilusión, fatiga.

Para que la no participación en una consulta electoral sea eficaz tiene que ser razonada protesta activa y no simple indiferencia o humor pasajero.

Para votar es preciso confiar en la imparcialidad del árbitro y en la idoneidad del procedimiento. Si éste parte de registros y censos electorales no confiables pues sencillamente no son aceptables. Si el marco institucional elemental no está garantizado ¿cuales serían las bases de la legitimidad? Pero más allá de las reglas de procedimiento en el caso de Venezuela existen todavía unas circunstancias más complejas.

¿Puede la Constitución reformarse en la forma propuesta? Lo que tenemos por delante no son cambios formales o específicos sino una entera abolición del Estado democrático.

Además, para hacer todo eso se requeriría una Asamblea Constituyente. Lo que se propone es simplemente un secuestro del poder constituyente. Por eso no parece digerible que la oposición legitime la proposición con un debate casuístico sobre esta o aquella disposición sino que sencillamente no puede haber debate jurídico o constitucional porque para eso se requeriría abrir el proceso constituyente. Los oponentes juegan a favor del Gobierno cuando discuten sin seguimiento eficaz, las variadas proposiciones que se lanzan cada día al aire de la controversia. Sencillamente no. Podríamos hablar de todo lo que sea discutible pero en el seno de una Asamblea Constituyente.

Tampoco es cuestión de fecha, lo cual por cierto es evidente que esta consulta no es viable en la fecha prevista, sino de contenido. En fecha posterior y en el seno del poder constituyente originario puede abrirse la más amplia controversia. El pretendido referéndum que es realmente un plebiscito y la oposición no lo señala así, no puede ser fuente de legitimidad.

La votación masivamente opuesta pudiera ser válida antecedida de la confiabilidad en el árbitro y la purga del registro. La abstención, si es masiva y explicada a la opinión internacional, puede ser también un modo de participación. El voto en blanco, como testimonio de protesta suprema, es parte del lenguaje democrático. Cualquiera que sea la decisión es imprescindible la movilización del descontento. La inseguridad, la falta de agua, la inflación son de por sí hechos políticos sobresalientes.

El descontento es el protagonista político. Manejarlo no es táctica sino estrategia.





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