El personalismo

Por Venezuela Real - 4 de Noviembre, 2007, 19:52, Categoría: Cultura e Ideas

RAFAEL ARRÁIZ LUCCA
El Nacional
04 de noviembre de 2007

No cabe la menor duda de que el personalismo es una de las patologías principales de la venezolanidad, que se trata del fenómeno político más definitorio de la sustancia nacional en los orígenes de la República y, lamentablemente, en su devenir histórico. Por este motivo sería de suficiente interés la publicación de un estudio sobre el tema, pero si además el trabajo es de un historiador de reconocida solvencia, el libro que tengo entre manos cobra otra dimensión. El lector sospechará que me refiero a Nada sino un hombre (Editorial Alfa, Caracas, 2007), la más reciente publicación del profesor Elías Pino Iturrieta.

El título lo toma prestado de Antonio Leocadio Guzmán, quien en 1842 escribe en el periódico El Venezolano acerca del general Páez, diciendo: "¿Lo veis? Un solo objeto, nada sino un hombre: Páez, mandando desde la batalla de Carabobo hasta este día". Extraña paradoja de la que todavía no nos recuperamos: nos independizamos de la voluntad del monarca, que se conducía dentro de un marco legal, para construir una república, y cómo nos ha costado zafarnos de la voluntad de un solo hombre, y aún no lo hemos logrado. ¿Signo de las repúblicas nacientes, caer como Francia en manos de un Napoleón? Sí, pero el drama nuestro es que no constituimos una república hace dos años, sino hace doscientos, y los mitos del siglo XIX deambulan por aquí, como unos fantasmas que han tomado cuerpo y se han echado a andar por las calles.

Pino Iturrieta analiza uno a uno los personajes que fueron confeccionando el fenómeno del personalismo, así como las instituciones que contribuyeron con él, busca sus orígenes.

Ahonda en su conocida tesis sobre la radical importancia de las Constituciones Sinoda les de la Diócesis de Caracas de 1687, las que fijan dos tipos de feligreses: los "padres de familia", y la "multitud promiscual", creando una suerte de tutor omnipresente y una mayoría dependiente de sus luces y voluntad. Esta tesis, que hemos trasegado quienes alguna vez hemos sido sus alumnos, constituye un aporte muy valioso para el estudio de las mentalidades en Venezuela. Por otra parte, al trabajar el personalismo era imposible no examinar el papel de la Iglesia católica en la conformación del fenómeno. Luego se detiene a estudiar el asunto en el feroz Monteverde; revisa al no menos terrible Boves; le hinca el diente al ditirámbico Antonio Nicolás Briceño y, por supuesto, lo estudia en Bolívar. Le dedica muchas páginas al fenómeno en Páez, otra cuantas en Mariño, menos en Monagas, y no llega hasta nuestros días porque está buscando los orígenes, nada más y nada menos.

Del recodo de las conclusiones extraigo dos de singular claridad: "Bolívar termina por desconocer las instituciones de Colombia y llega a proponer la presidencia vitalicia que ha creado en otra nación que lleva su nombre". ¿Puede haber mayor expresión personalista que esta? Y más adelante acota: "La nación que se establece en 1830 responde a un compromiso entre un proyecto liberal de sociedad restablecido por un grupo de individuos relativamente ajenos al proceso y el personalismo encarnado en Páez". Es cierto, los fundadores republicanos cuentan con ideas liberales claras y ninguna fuerza política, mientras Páez cuenta con toda ella y muy pocas ideas sobre el tema republicano. El resultado no fue negativo, pero dibujó una paradoja: la República la instituyó un hombre fuerte, un hombre de armas, cuando lo lógico es que hubiera sido obra civil. Es decir, obra de la educación republicana y el diálogo, y no imposición de la voluntad, con una bayoneta en las manos.






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