Megaestado

Por Venezuela Real - 4 de Noviembre, 2007, 13:26, Categoría: Economía

Francisco Olivares
El Universal - Expediente
04 de noviembre de 2007

El Estado productor está entrando en todos los ámbitos de la economía: transporte, manufactura, agricultura, ganadería, construcción, telecomunicaciones, energía y hasta turismo y hotelería.
Lo que caracteriza al nuevo modelo económico es la presencia del Estado en todos los ámbitos. Para el economista José Guerra, eso ha conformado una nueva aristocracia. Por Francisco Olivares

Burocracia Cuando Hugo Chávez llegó al Gobierno en 1999, la palabra austeridad era una invitada de primera fila en las alocuciones presidenciales. "Es necesario que todos nos recortemos el presupuesto, las asignaciones, los gastos improductivos, es urgente, el país se hunde¿" se hablaba de recortar escoltas, teléfonos celulares, de vender la flota de aviones de Pdvsa, y se pedía a la gente que donara lápices y papel para ayudar al pobre Ministerio de Educación.

Eran los tiempos del barril de petróleo a escasos 10 dólares que, entre otras cosas, había llevado a pique los planes económicos del anterior gobierno y a la dirigencia identificada como cuarta república. Por ello, la reducción del Estado y la eliminación de privilegios, de los que históricamente había gozado la burocracia gubernamental, era el lenguaje obligado de un gobierno que se estrenaba y anunciaba una república nueva.

Como se recordará, Rafael Caldera culminó su período con 21 ministerios, que a juicio de las nuevas autoridades, era una excesiva e innecesaria burocracia. Para hacer efectivas esas promesas, en los primeros meses de 1999, el Gobierno redujo las carteras ministeriales a 14, incluyendo la creación de la Vicepresidencia Ejecutiva. Aunque sólo se trató de una fusión de ministerios, en el primer año se logró una reducción de 16 mil empleos en la administración pública.

Todo lo contrario a lo predicado inicialmente, para enero de 2007, el aparato estatal ya cuenta con 27 ministerios que engrosan el gabinete que llevará adelante la construcción del socialismo del siglo XXI.

Al lado de este crecimiento inusual estamos en presencia de un Estado que está entrando y controlando cada vez más todas las instancias de la economía. Para el economista y ex directivo del Banco Central de Venezuela, José Guerra, lo que caracteriza al nuevo modelo económico del gobierno bolivariano es la presencia del Estado en todos los ámbitos de la economía del país. Según el economista, esa presencia se da de dos maneras: El Estado como productor de bienes y servicios y el Estado regulador.

El Estado productor ha copado casi todos los sectores de la economía: el transporte, la manufactura, la energía y el negocio petrolero, las telecomunicaciones, líneas aéreas, turismo, agricultura, ganadería y hasta la distribución de alimentos entre otros.

En el ámbito de la regulación explica Guerra, el Estado es el que fija las reglas para el funcionamiento de la economía. Considera que la regulación es una función que debe cumplir cualquier Estado, pero en el caso de Venezuela esa función se ha extralimitado y magnificado. Desde el gobierno se controlan los precios, las tasas de interés, los créditos bancarios, salarios, el tipo de cambio y las asignación de divisas. En definitiva considera que es un Estado que tiene cercada a la economía.

El petroestado

En momentos en que la cesta OPEP ya desborda los 85 dólares por barril, cabe resaltar lo afirmado por numerosos especialistas sobre los males que suelen acompañar a los petroestados, quienes señalan que, muchos de estos países cuando son beneficiados por los altos precios del petróleo, tienden a generar una estructura sobredimensionada del aparato burocrático. Al mismo tiempo, ese megaestado, mina el desarrollo de la democracia y debilita las instituciones. El poder económico que significa los altos ingresos, hacen al Estado más autónomo frente a la sociedad. En tal sentido, no requiere ni depende de esa sociedad para mantenerse, lo que induce al autoritarismo, al gasto desmedido y a la reducción de la capacidad productiva.

Para José Guerra el Estado productor y controlador ha hecho que el empleo público crezca de una manera irregular. Sea éste el empleo directo que genera la administración pública, o el indirecto, integrado por las misiones, núcleos endógenos, fábricas socialistas, empresas de producción social o empresas nacionalizadas.

Para el economista esa expansión burocrática y los nuevos negocios que se crean alrededor de las empresas manejadas por el Estado, han llevado al mismo tiempo a la conformación de una nueva aristocracia económica. Ésta está conformada por los jefes, directores, presidentes de institutos, gerencia de empresas creadas o estatizadas y entes gubernamentales estratégicos como el TSJ, Seniat, CNE, BCV, Pdvsa, Cantv, entre otros.

Considera Guerra que se trata de una nueva aristocracia porque los sueldos de esta naciente elite están totalmente distanciados y divorciados de los salarios de los empleados públicos tradicionales. Como ejemplo tenemos el contraste entre los profesionales medios de los entes estratégicos, cuyos sueldos promedian entre 4 y 6 millones de bolívares en contraste con los de los docentes y médicos de los hospitales públicos que apenas pasan el millón de bolívares. Si de allí se revisan los altos cargos como los del TSJ, Seniat o Pdvsa, vemos que están entre los 20 y 55 millones de bolívares, apartando los bonos y asignaciones especiales que se atribuyen a ese tipo de cargos. Sostiene el especialista que esto ha creado un divorcio en la estructura salarial dentro de la administración pública y también con respecto al sector privado. A su juicio, estamos ante una nueva aristocracia o grupo económico que se apoderó del Estado. Muchos de estos organismos deciden su propia política salarial y sus aumentos de sueldo. Esos salarios se establecen independientemente de la eficacia de la gestión del organismo o de la empresa y de la situación económica por la que esté atravesando el país. Esa lógica se ha divorciado también del sector privado cuyos sueldos están ligados a la gestión eficiente. Para Guerra, paradójicamente, "esta economía socialista ha creado más desigualdad".

Estado empleador

Para mayo de este año el número de empleados públicos llegó a 1.969.783, que representa 17,6% de la población laboral, mientras que en enero de 2002, el momento en que comienza el ascenso más importante de la renta petrolera, estaba en 1.378.407 que representaba 15,1% de la población ocupada. Las cifras de 2007, no contemplan a los trabajadores que han pasado a ser del Estado a partir de las nacionalizaciones como Cantv, EDC, y las empresas de la Faja del Orinoco. Tampoco se incluyen todos esos sectores nuevos que dependen del Estado a través de las misiones, núcleos endógenos u otras modalidades de propiedad colectiva promocionadas y subsidiadas por el Gobierno central.

Cabe destacar que algunos de los nuevos artículos que contempla la reforma constitucional que podría ser aprobada en diciembre, ampliarán los gastos del Estado y darán mayor injerencia del sector público en los sistemas de producción de bienes y servicios.

Recientemente el abogado constitucionalista Rafael Chavero señalaba en El Universal, que de las cinco formas de propiedad contempladas en el artículo 115, en cuatro, el Estado tiene fuerte participación debido a que éste es el principal promotor. Considera que esa presencia tiene riesgos y advierte que "las empresas del sector público han sido un fracaso debido a que producen pocos ingresos e incrementan la burocracia, lo que inevitablemente tiene incidencia en el gasto público.

A ello hay que agregar que el artículo 141 contempla que los programas de las misiones sociales, formarán parte de un brazo de la administración pública con presupuesto fijo asignado.

Otro elemento que cuantifica el crecimiento burocrático es el gasto público que saltó de 19,8% del PIB en 1999 a 33,8% en 2006. A pesar de esos inmensos recursos se registró un déficit de 4,2 billones de bolívares.

Ineficiencia

El drama que acompaña a esa expansión es que el Estado productor no significa eficiencia gerencial y mucho menos capacidad de producción. La cifras hablan por sí solas, desde la estatal petrolera, pasando por las empresas de aluminio, la banca gubernamental con récord de instituciones quebradas hasta llegar a los núcleos endógenos y centrales azucareros.

Uno de los más emblemáticos, la niña de los ojos de la revolución, el Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora, aún no está operativo. Allí se invirtió una cantidad indeterminada de recursos, se realizó una inauguración simbólica, se registró un escándalo financiero de corrupción y lo último que se supo, en palabras del presidente de la Federación de Trabajadores Azucareros, Samuel Lineres, es que tal vez si se inaugura en marzo de 2008 "operará a 40% de su capacidad" y al menos se necesitarán dos años más para que funcione al máximo de su capacidad.

Otros centrales expropiados por el Gobierno como lo son Cumanacoa y Cojedes siguen paralizados. Varias veces los trabajadores se han trasladado a Caracas a protestar frente al MAT, por el desvío de recursos asignados a la central Cumanacoa y por la paralización de la central que lleva ya dos años. Mejor suerte tampoco se ha corrido en la producción de leche, azúcar y café en manos del Estado. Igualmente podría decirse de las empresas de cogestión como Iveval e Invepal que terminan siendo subsidiadas por el Gobierno. Ahora se anuncian las fábricas socialistas.







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