La barbarie en el poder

Por Venezuela Real - 6 de Noviembre, 2007, 10:08, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Eduardo CASANOVA
Literanova
06 de noviembre de 2007

Jamás en la historia de este país, y supongo que tampoco en la de algún otro, se había oído a un presidente de la república decir tantas locuras, tantas barbaridades, como las que dijo el teniente coronel Hugo Chávez Frías el domingo 4 de noviembre en la Avenida Bolívar. Era el Huno ante sus hordas que, por fortuna, no eran tan numerosas como el Huno quería.

Seguramente que estaba muy molesto, porque a él no podían engañarlo como trataron de hacerlo con la población en general, y sabía que la “marea roja” no tuvo mayor éxito. Fue fácil verlo, porque en la página web de “Movilnet” hay una sección dedicada al tráfico, en la que se puede ver en tiempo real lo que ocurre en la Avenida Bolívar desde dos cámaras ubicadas en el edificio de Cantv, justo a la mitad de la Avenida. Una mostraba desde allí hasta las torres gemelas, y en ella se veía que apenas habría mucha gente en una cuadra o menos, y que a partir de allí hacia atrás los no muy entusiasmados rojos rojitos caminaban por espacios desiertos, y la otra muestra desde allí hasta el antiguo Hotel Hilton, y se veía un grupo importante frente al Museo de los Niños, y de resto, vacío. Y recuérdese que ahora Movilnet es roja rojita, luego no se trata de un truco de los capitalistas enemigos de la revolución, sino de la verdad indiscutible.

Y debe haber sido esa verdad lo que llevó a Chávez a perder del todo la compostura y a amenazar con que va a arrasar con el Este de Caracas y va a arrasar con los opositores. “En el supuesto que esta minoría fascista logre llenar de violencia las calles, les pasaremos por encima”, dijo, y agregó que “la minoría fascista” debía imaginarse “un millón de personas marchando por el Este quemando chaguaramos y palmeras. Ese millón seríamos nosotros, no serían ustedes, porque no llegan a un millón. No quedaría piedra sobre piedra de esta apátrida oligarquía”. Gritó como loco, amenazó con muertes, con quemas, con negar los permisos para manifestaciones y con mil barbaridades más.

Se enredó y varias veces perdió el hilo del discurso. Parecía loco. Un malandro. Un azote de barrio, no habría hablado diferente a como lo hizo el que se supone que sea el primer magistrado de la república. Es algo, repito, que nunca se había visto en Venezuela. Pérez Jiménez, a punto de caer, la noche del Año Nuevo 1957-1958, no perdió la compostura ni habló como un simple delincuente. Y esa realidad, de la que el país entero fue testigo, requiere que la gente reflexione. ¿Puede ser Presidente de la República alguien que usa ese lenguaje y que amenaza de muerte a tantos venezolanos?








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