¿Y después qué?

Por Venezuela Real - 7 de Noviembre, 2007, 16:56, Categoría: Política Nacional

Antonio Cova Maduro
El Universal
07 de noviembre de 2007

Ya tenemos la presurosa reforma que no logra esconder que se trata de una nueva Constitución

La llamada Asamblea Nacional hizo lo esperable: recibió a los estudiantes que lideran el clamor popular contra la reforma a la "mejor Constitución del mundo" que, de tan buena que es habrá sido la de menor duración en nuestra accidentada historia. A la "bicha" le cayeron a palos y de la paliza salió un mamotreto. Recibieron a los estudiantes y de inmediato la señora Flores recordó al rebaño que tenían una orden: aprobar lo mandado. Y con la velocidad del rayo eso fue lo que hicieron. 

Luego tocó el turno al Ministerio de elecciones. De nuevo, recibieron una delegación de los estudiantes, tal como parecen tenerlo estipulado. Y les dijeron "¿quieren que les contemos el cuento del gallo pelón?" Los pobres -no de sueldos y prebendas, sino de capacidad de decisión y dignidad- con solemnidad respondieron que ellos no podían hacer otra cosa que lo que les "ordenara" esa Asamblea Nacional. Grandes poderes públicos estos. ¡Totalmente prescindibles!"

El régimen, al igual que el de Birmania, es totalmente sordo a cualquier clamor popular, por muy estridente que sea. Nada que no sean las cambiantes órdenes del autócrata recibe respuesta, ni acuse de recibo. Exactamente como sucede con las continuas e incesantes protestas populares: cero respuestas, cero presencia de funcionario alguno.

Lo asombroso es que puedan creer que esa estrategia es sostenible. Que la idea de cansar al otro va a terminar derrotándolo. Lo peor, que crean que el pueblo venezolano se tragará el despectivo ¡calátela!, que tan bien describiera Barrera Tyszka el pasado domingo en El Nacional. Lástima que cuando se den cuenta de su error ya será demasiado tarde.

Ya tenemos la presurosa reforma que no logra esconder que se trata de una nueva Constitución, con la correspondiente convocatoria a elecciones. El hombre quiere "su" nueva Constitución ya. Quiere, como los niños, estrenar para navidades.

La pregunta clave es ¿Y por qué -o mejor, ¿para qué?- necesita una nueva Constitución, si ya hacía lo que le daba la gana con la "bicha"? Es algo parecido a lo de algunos opositores -los "eleccionistas" a todo trance- que se quejan amargamente de la masiva abstención que produjo una Asamblea Nacional roja rojita, sin querer recordar que con la oposición adentro hacían lo que les daba la gana. Ahora, por lo menos, tenemos una ventaja: sabemos lo que tenemos ¡y no aguantamos las náuseas!

El coro unánime de quienes adversan a Chávez responde: para cerrar el círculo que nos asfixiará. Pero, ¿es eso cierto? O mejor, ¿es eso posible? Es una lástima que, teniendo tantas evidencias que tornan legítima -y urgente- la pregunta, nadie parece hacérsela. 

A riesgo de tornarme fastidioso repetiré una vez más mi cantaleta: entre las intenciones de un aspirante a déspota y las posibilidades de que un pueblo que aprecia su libertad por encima de cualquier saco de billetes, de cualquier oferta engañosa, baje la cabeza y sin simulación alguna la entregue en manos de aquél, median muchos condicionales, el más importante ¿qué recibirán a cambio?

Ese vivir en libertad -que incluso esconde el abusador tras su prepotencia- forma parte de aquello que Alexis de Tocqueville llamó las costumbres. Cualquier cosa que atente contra ellas, insistía, será repudiado instantáneamente por el grueso de la población, que no vacilará en desoír cualquier recomendación o mandato que contraríe esas costumbres.

¿Qué otra cosa si no es lo que observamos en lo que tiene que ver con nuestra más preciada libertad: decir lo que nos parece sin cortapisas y lograr que nos oigan? ¿es que no vemos el fracaso del régimen en dos frentes? Ni logra acallar las voces críticas que le acosan, ni desborda los límites que los venezolanos le han opuesto a su obscena compra y/o toma de tantos medios. Nadie los oye, nadie los ve, nadie los lee y lo único que logran es competir entre ellos por la misma audiencia.

Si los venezolanos llevan tiempo oponiendo una férrea resistencia a las pretensiones del régimen ¿qué nos hace pensar que eso cesaría por obra y gracia de un papel que tantos repudian, aun antes de verlo consagrado por unas "elecciones" espurias? Creo, sinceramente, que Tocqueville tenía más razón -certificada desde 1835, cuando apareció su libro- que muchos pronosticadores de hoy.

Por eso, buena parte de nuestra labor será no hacerle caso en lo que contraríe a nuestra democracia y a nuestro régimen de libertades, el mayor regalo que Dios nos ha dado, inmerecidamente si hemos de ver cómo lo hemos despilfarrado.






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