Cuestión de semántica

Por Venezuela Real - 14 de Noviembre, 2007, 18:56, Categoría: Política Nacional

Antonio Cova Maduro
El Universal
14 de noviembre de 2007

A los yanquis deberían seguirle los españoles. Todos, uno a uno, hasta que él se quede solo solito

Las cosas no pintaban bien para nuestro campeón de los pobres (¿de espíritu?), entre otras cosas porque los medios de comunicación libres, por días se habían encargado de hacer saber, urbi et orbi, el rechazo generalizado que provoca en "su" Venezuela su empecinada reforma constitucional. Encima, se le ocurrió llegar tarde, sin darse con ello tiempo de "cabildear" con los otros presidentes, sino más bien mostrar un cierto desdén hacia ellos. En cualquier espectáculo, en efecto, no hay nada peor que llegar tarde y con alboroto.

Pero no sólo fue querer hacerse notar -nada hay peor que tener que vivir para una fama bien o mal ganada- sino tratar de imponer un cambio. Un cambio semántico, para ser precisos. Él, que se ha convertido en guardián de una ortodoxia que no sólo va a contrapelo de la historia, sino que muy pocos comparten, no podía aprobar un pequeño cambio de nombre.

En efecto, su término favorito, el que él ha puesto de moda: la inclusión, se lo volaron sin siquiera pedirle opinión. O lo que es peor, sin hacérselo saber y rápido solicitar su permiso. Apenas llegó, al disgusto de ver que los españoles tenían el show y la atención en exclusiva (lo que le dejaba a él, el "Don Regalón" del continente, literalmente fuera) se unió el otro nombre, totalmente extraño a sus oídos. O peor, chirriante a su sensibilidad.

Él es el nuevo Bolívar, llamado a lograr la inclusión de todos los pobres, marginados, en una palabra, "excluidos" en esta nueva Confederación por él dirigida. 

Y estos líderes, quienes deberían hacerse a un lado o como corderillos seguir la ruta del nicaragüense Ortega o del pobre Evo, le salen cambiando el nombre. Casi que merecían el reproche del dictador Franco a los suyos: "No se os puede dejar solos".

¿Qué es esto de cohesión social? De dónde diablos sacaron ese nombre, casi que les grita. ¿Qué es eso de cohesionar a ricos y pobres, de meterlos en un mismo saco? ¿Cómo es eso de abandonar el sacrosanto dogma de la lucha de clases? ¿Y son ustedes los que van a sacar de abajo a un continente tan adolorido como el nuestro? ¿Ustedes, con esas palabrejas?

A partir de allí, el despeñadero estaba servido. Lo de su encontronazo con los españoles -quienes recibieron un sonoro y rotundo aplauso concluida la fase gruesa del percance por todos visto y relamido- era casi que inevitable. De no haber sido los títulos para Aznar, cualquier otra cosa lo hubiese desencadenado. 

Después de todo, a los yanquis deberían seguirle los españoles. Todos, uno a uno, hasta que él se quede solo solito, con sus pedigüeños de ocasión.

¿Cuál es la historia del término sustituto, del recién estrenado por el resto de los presidentes, compañeros de ruta incluso? Pues es algo vieja y de mucho sabor sociológico. Fue Emile Durkheim, el gran sociólogo francés de hace cien años quien le dio curso legal. Y al hacerlo le aportó toda la amplitud que el término posee.

Para él, como para tantos otros, la rápida industrialización de Europa había roto todo su tejido social -su "social fabric", como dicen los anglosajones- y al hacerlo había dejado a la población, a los pobres en primer lugar, sin nada de qué agarrarse. Había destruido la integración y solidaridad de la sociedad. 

Por eso Durkheim dedicó su vida entera a indagar sobre cómo podría restaurarse esa solidaridad.

Mientras eso acontecía, la izquierda jacobina -que aunque desalojada del control de la guillotina, no termina de hacerse humo- insistía, contra cualquier evidencia en contrario, que la única raíz de la alienación estaba en la dominación que una minoría empecinada ejercía sobre una mayoría indefensa. 

Y pintó su cuadro que nunca ha abandonado: los muchos que trabajan sojuzgados por los pocos que viven y explotan a quienes trabajan. Por tanto, no había que seguirle dando vueltas a la cosa.

Poca mella le hicieron las contundentes pruebas aportadas por las ciencias sociales, que contradicen esa visión maniquea. No y mil veces no. Para ellos es esa la única fuente de toda alienación. Por lo tanto, a liquidar a los enemigos de clase y accederemos, como dicen las cuñas de la "nueva" Cantv, a "la suprema felicidad social".

Por eso la furia por el cambio de nombre, porque implica que se abandona -o mejor, se "traiciona", como conviene al vocabulario revolucionario- la lucha de pobres contra ricos, para insistir en que el énfasis hay que ponerlo en el trabajo que pobres y ricos tendrán que realizar de continuo para crear riqueza y así asomarse a "la suprema felicidad social".






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