Castro ideó el ataque de Chávez a España

Por Venezuela Real - 17 de Noviembre, 2007, 7:37, Categoría: Política Internacional

Elizabeth Burgos
WebArticulista / Revista Zeta
16 de noviembre de 2007

En vísperas de la última Asamblea General de Naciones Unidas (septiembre 2007), el recluido Fidel Castro, - tras una de esas desapariciones de varias semanas que suelen disparar conjeturas acerca de su posible desaparición, resucitó como de costumbre con una bien calculada aparición en la televisión - tras haber opinado sobre temas diversos: las memorias de Greenspan, las de la señora Thatcher, los tipos de interés, el precio del dólar, y de haber explicado sus teorías científicas acerca de los atentados de las Torres Gemelas, de pronto asoció con algo que llamó la atención por lo alejado de los temas que había estaba abordando, además de tratarse de una enorme mentira:“nunca he usado el insulto en política”, “evito ofender, todo lo que sea ofender por gusto” ; “un político no puede hacer cosas que signifiquen ofender por gusto a la gente”, declaró Castro en aquella ocasión.

Hugo Chávez, quien el año anterior, debido a los insultos que profirió contra el presidente Bush, perdió el ansiado cargo en el Consejo de Seguridad, que ya tenía garantizado mediante remuneración previa a los votantes, (Por cierto, me comentó entonces un diputado socialista chileno que “Michelle (Bachelet) iba a votar por Chávez y por culpa de las presiones de “los reaccionarios de la Democracia Cristiana, no pudo hacerlo, por lo que se vio obligada a abstenerse”.) Chávez, quien ya había anunciado su presencia, sorpresivamente, a último momento, hecho inaudito en alguien tan adicto a las tribunas, decidió este año no asistir. Además, era una buena ocasión para que se encontrara con Nicolas Sarkozy y adelantaran conversaciones con respecto a la “obsesión que tiene Francia de liberar a Ingrid Betancourt”, según las palabras del propio presidente galo. Pero, tal vez, fue por esa misma razón que Castro intervino para disuadir a Chávez de acudir a la reunión anual de la ONU, pues la incontinencia verbal de su pupilo podía destruir el escenario que tan sabiamente la diplomacia Chávez/Castro y los sectores afines a la FARC en Colombia, habían ido edificando alrededor del estamento de poder en Francia. Un salida extemporánea como la de Santiago de Chile, ponía en peligro la relación de Sarkozy, pues éste, aunque comparta con el venezolano la misma pasión mediática, es un demócrata convencido y ésta requiere la observación de ciertas normas. Y aunque la diplomacia francesa se inspira en axioma del general de Gaulle, de que los Estados no tienen amigos sino intereses, Sarkozy sabe que hay límites que no pueden ser sobrepasados. Lo curioso del hecho es ¿por qué Castro escogió el método indirecto para disuadir a Chávez de acudir a la cita de Nueva York, si se sabe que mantienen comunicación telefónica permanente? Queda pendiente la respuesta. En todo caso, fue el Ministro de exteriores quien acudió a la Asamblea de la ONU para anunciar la buena nueva de que “Cuba estaba dispuesta a ceder su soberanía” en aras de la construcción del eje Cuba/Venezuela. Es cierto, que si es Cuba la que cede soberanía, es normal que la declaración procediera de un cubano, miembro de la jerarquía.

Lo extraño es que un hecho de tal envergadura, que atañe el futuro de la nación cubana, lo anunciara un simple ministro, que no pertenece a las FAR y ni siquiera forma parte del estamento de los históricos. Lo menos que se hubiese esperado es que tal declaración, procediera de Raúl Castro, presidente provisional, o lo más lógico, que Fidel Castro hubiese enviado un documento escrito, puesto que ya no se desplaza. Este hecho demuestra el paréntesis en el que parece estar sumergida Cuba.

Volviendo a la cuestión de los insultos, en aquella declaración Castro daba una vez más, muestra de su conocida capacidad de reescritura de la historia, pues si hay alguien que ha prodigado insultos y utilizado métodos reprensibles en su trato con responsables políticos, ha sido él; a Mao lo trató de viejo chocho, de senil. Y por cierto a José María Aznar, uno de los raros responsables políticos españoles que mantuvo una actitud de enfrentamiento con él, en particular en lo relativo a los Derechos Humanos, en una de las cumbres ibero-americanas lo insultó tratándolo de pequeño Hitler. (Ya sabemos de donde proceden los argumentos empleados por Chávez en Santiago de Chile) Hasta la llegada de Aznar al gobierno de España, Castro, desde 1959 había gozado de la magnanimidad de todos los gobiernos de España. De Franco que le prodigó a Castro una simpatía casi paternal pues consideraba que el joven Castro vengaba a España de la afrenta que le inflingió Estados Unidos con la derrota de 1898, cuando España perdió a Cuba. Los de izquierda por aquello que Peter Sloterdeijk denomina la “autoamnistía de la izquierda” por lo de usar un doble rasero para medir a las dictaduras según la vocación ideológica a la cual éstas se acojan. Para la izquierda existen dictaduras buenas y dictaduras malas, y por supuesto, el “anti americanismo obliga”.

Los insultos del teniente coronel Hugo Chávez en Santiago de Chile a José María Aznar, y a través de él, al gobierno de España, no fueron casuales. Castro es rencoroso y es bien conocida la docilidad del venezolano ante el caudillo cubano, pero tampoco es que Castro, pese a sus signos evidentes de senilidad, y todavía haga gala de sus obsesiones, actúe a la loca. Toda movida de fichas corresponde a una jugada que por lo menos le abra dos opciones de igual valor, que vayan en pro de sus objetivos. Y me refiero a Castro en el incidente de Santiago de Chile, porque quedó muy claro que estaba orquestando el comportamiento de su pupilo. Basta recordar la llamada telefónica que le hizo desde La Habana al velódromo en donde se encontraba Hugo Chávez, junto a sus cómplices (Evo Morales y Daniel Ortega), festejando con sus aficionados, para felicitarlo por su “hazaña”.

Y pese a la cara que pusieron los funcionarios cubanos e incluso los venezolanos durante el incidente, (el cubano Lage, el propio Nicolás Maduro, la embajadora de Venezuela en Chile, el único que parecía sereno era Pérez Roque) Fidel Castro le ha dedicado al incidente de la Cumbre Iberoamericana sus dos últimas “Reflexiones” (columnas que publica en el diario Granma para expresarse desde su enfermedad.) En la primera que data del domingo 11, dice que “Con dolor profundo escucharía (el Che) los discursos que desde posiciones tradicionales de izquierda se pronunciaron”, comentarios seguramente dirigidos a lo presidentes alineados a la izquierda, pero que no pretenden derrocar el capitalismo: Brasil, Uruguay, Chile. También acusa a los de la derecha, asumir posiciones igualmente “tradicionales, haciendo concesiones a la supuesta izquierda”. Es decir, no son radicales, son “tradicionales”. El discurso presidente de El Salvador, le provoca nauseas”.

En cambio las palabras de Daniel Ortega, Evo Morales y por supuesto, de Hugo Chávez; “orgullo sentiría (el Che) por sus pronunciamientos, revolucionarios y valientes.” En la segunda reflexión del martes 13, emplea el discurso que luego ha sido retomado, textualmente, por Hugo Chávez tras su regreso de Chile en sus apariciones públicas en Venezuela, prosiguiendo la guerra verbal contra España y el monarca español: “Países saqueados durante siglos por el coloniaje y el imperialismo.” El tono enfático, inspirado en la épica martiana, que al oído contemporáneo suena en extremo cursi: “El sábado 10 pasará a la historia de nuestra América como el día de la verdad.” “El Waterloo ideológico cuando el Rey de España le preguntó a Chávez de forma abrupta “¿Por qué no te callas?”, está destinado a alimentar el ego patológico del teniente coronel. Aún más cuando afirma que: “El pueblo venezolano (…)se estremeció al vivir de nuevo los días gloriosos de Bolívar”. Pobre Bolívar que para conquistar la gloria se vio obligado a tantos esfuerzos; recorrer durante varios años la Cordillera de Los Andes a caballo, dirigir batallas, enfrentarse a enemigos; hoy, gracias a Fidel Castro, es suficiente proferir un insulto.

Cabe preguntarse las razones de Castro para acosar de esa manera al gobierno de Rodríguez Zapatero, si ha sido precisamente ese gobierno el que abogó ante la Comunidad Europea para que ésta levantara la sanciones contra Cuba tomadas a raíz de los fusilamientos de los tres jóvenes que habían intentado secuestrar una embarcación para huir a La Florida en 2004. Ante tan horrendo hecho, el lobby castrista del Parlamento europeo fue neutralizado y los demócratas pudieron al fin expresar su solidaridad con la oposición cubana. Se organizaron foros en Bruselas sobre el tema de Cuba y lo derechos humanos. Se le otorgaron premios a organismos que en la isla luchan por esos derechos. Con la llegada al gobierno de Rodríguez Zapatero, España aboga ante la UE para que se vuelva al estatus anterior, pues “es mejor mantener el diálogo”. Los europeos aceptaron; se levantaron las sanciones contra Cuba y se volvió a la actitud de siempre, el régimen cubano persiste en la represión y las instancias comunitarias continúan aguantando los desplantes de sus funcionarios.

Un dato a tener en cuenta, no es Cuba sino Venezuela que se enfrenta con España. Y allí radica una de las movidas del juego. Es cierto que Castro nunca pone en riesgo a Cuba, y si se toma en cuenta la situación actual de la isla, - regida por un gobierno provisorio a la espera de la partida definitiva del patriarca - , el incidente de la Cumbre, parecería haber sido una decisión emanada directamente de Fidel Castro, secundado por el Grupo de Apoyo, o los “talibanes” como se le llama familiarmente también, al grupo de elite que lo rodea, jóvenes formados por Fidel Castro, que poseen poder en la medida en que son sus perros de presa, guardianes de la ortodoxia mesiánica del castrismo, pero que cuando ocurra su desaparición quedarán en la orfandad de poder, de allí su alianza con Chávez, quien les aseguraría su sobrevivencia. Mientras, el evidente acercamiento con Estados Unidos avanza, o por lo menos es el deseo que ha manifestado Raúl Castro en varias ocasiones, Fidel Castro le echa leña al fuego en el continente para que se rebele contra Europa. Si se pierde un enemigo, se debe buscar otro. El castrismo se legitima en la confrontación. De allí que la actitud hacia España, asumida por Chávez, tenga varias lecturas.

1 – Al haber alcanzado las FARC el estatus de entidad beligerante, gracias a la intervención de Francia que abrió el juego que estaba detenido entre el gobierno de Uribe y las FARC por el asunto de los rehenes, lo que en realidad ha sucedido es que Chávez no ha servido de mediador para ayudar a Francia a obtener la liberación de Ingrid Betancourt como se cree, sino más bien le ha servido de mediador a las FARC para que éstas alcancen ese estatus, y sean admitidas como una fuerza política con todas las de la ley. Hoy, esa meta política la han alcanzado. Hoy Venezuela enarbola públicamente un papel que hasta ahora ejercía de manera disimulada; el de zona de despeje y sede diplomática de las FARC, y éstas aparecen en el panorama internacional, detentando la ventajosa postura de ser solicitadas por Francia, uno de los países más importantes de la Unión Europea. A los planes de largo plazo del binomio Castro/Chávez, y aún menos a las FARC, les conviene de manera inmediata la liberación de Ingrid Betancourt. Mantenerla prisionera significa alargar el plazo de la negociación, lo que le otorga a las FARC la posibilidad de ganar tiempo, durante el cual irá montando su propia maquinaria electoral, mediante grupos y personalidades que les son afines, y estar preparadas para el momento de la campaña electoral, cuando el mandato del presidente Uribe llegue a su término. Este parecería ser el trasfondo de la mediación del presidente venezolano que parece haber convencido a las FARC de que se “dejen de hacer guerrilla y ganen elecciones como yo”. Mientras duran las negociaciones, las FARC podrán desplazarse, establecer contactos políticos, hacerse de un nuevo rostro que no esté mancillado por su condición de narco guerrilla.

Es muy posible que la liberación de Ingrid Betancourt intervenga en el transcurso de la campaña electoral. Será un golpe maestro, pues en lugar de considerárseles culpables a las FARC de crimen contra la humanidad, como debería ser considerado el secuestro, se les admirará y agradecerá por haber liberado a la más célebre de las centenas de rehenes que tienen bajo sus garras.

En todo caso, mantener la beligerancia con un país de la Unión Europea como parece ser la intención Chávez con España, crea un malestar que no actúa en pro de las negociaciones destinadas a solucionar el problema de los rehenes.

2 – El tema de la XVII Cumbre Iberoamericana fue el de “instalar en el centro de las políticas y materializar, la cohesión social” y promover un “nuevo pacto social para construir sociedades más justa e inclusivas”. El aporte de la Presidenta de Chile, Michelle Bachellet, en esta configuración, ha sido determinante. Y es allí en donde radica el disgusto de Fidel Castro y la rabieta del teniente-coronel.

Cuando Fidel Castro propugnaba el dogma de la lucha armada, la elección de un socialista a la presidencia de la República, como fue el caso de Allende, constituyó un hecho insoportable para el cubano, pues desvirtuaba el dogma de la lucha armada como único medio de acceder al poder, y operar cambios sociales. De allí que se dedicara a imposibilitarle la vida a Allende, de impedirle gobernar, incitando a las fuerzas radicales chilenas a polarizar la situación con el fin de acosar al presidente y conducirlo al estallido de la guerra civil. Ya sabemos cómo terminó Allende y el precio que han pagado los chilenos. Del golpe de Estado de Pinochet, se puede afirmar sin complejos que no sólo son culpables los militares chilenos. En ese sentido, Joaquín Villalobos afirma, que en el caso chileno, la política de Nixon y la de Castro se complementaban.

Hoy, en lugar de guerrillas, el castrismo recurre al golpe de Estado institucional mediante las técnicas de la democracia y se arroga el monopolio de hablar en nombre de los pobres del mundo. De allí el que un grupo de presidentes, en el marco del sistema capitalista, decidan llevar a cabo políticas sociales, es inadmisible para él, pues le quitan el monopolio que intenta ejercer Hugo Chávez con su socialismo del Siglo XXI en el continente, que al igual que en el pasado el dogma de la lucha armada, hoy lo ofrece como dogma único para “salvar al mundo”. Que se demuestre que se pueden llevar a cabo políticas sociales en el marco de un Estado de derecho y de régimen capitalista, le quita toda legitimidad al proyecto chavista de allí la voluntad de hacer fracasar la Cumbre.

El consenso buscado por la presidenta Bachelet obraba en pro de abrir el camino para que al fin, América Latina abandone el papel de víctima, y de eterna plañidera y sobrepase la interminable queja por los “quinientos años, y se decida de una vez a ser competitiva en materia tecnológica, y, como todos los países que avanzan y se desarrollan, midiéndose con el resto del mundo. Después de todo, Estados Unidos también fue colonia europea, y nunca se queja de que Inglaterra se beneficiara de sus riquezas, y es hoy además, la primera potencia mundial.





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