Lo plebiscitario como fórmula

Por Venezuela Real - 18 de Noviembre, 2007, 11:01, Categoría: Cultura e Ideas

Juan Martín Echeverría
El Universal
18 de noviembre de 2007

Se lanzan dólares como arroz en el continente y quedan sin resolverse cuestiones esenciales

Cuando se le pregunta al régimen y a sus simpatizantes qué es el socialismo del siglo XXI, la respuesta podría ser: el socialismo de Stalin, Fidel o cualquier otro de línea dura; pero se prefiere afirmar que se trata de una vía inédita, elaborada por ideólogos venezolanos y construyéndose paso a paso. Curiosamente la realidad contrasta con el discurso oficial, porque todo indica que la dirección es hacia una concentración absoluta de poder, dejando en el camino el pluralismo y la descentralización. Se ofrece un abrigo nuevo, en base a darle la vuelta a un abrigo viejo y poco creíble.

Para convencer a las masas sirven caramelos como las misiones, la jornada de seis horas y la conflictividad permanente, que en definitiva se viene disimulando, desde hace veinte siglos, con el viejo adagio romano de pan y circo. Se garantiza a través del poder comunal la democracia directa y en la práctica los consejos comunales serán elegidos por aclamación, en base a una fórmula plebiscitaria, como ya se hizo con la modificación constitucional, consultada a gritos en determinadas calles.

Las llamadas repúblicas populares engañaron a las masas ofreciéndoles primero todo el poder, después a comités de trabajadores, campesinos y estudiantes, luego a la "nomenklatura" y finalmente se concentró en Stalin, Mao y Fidel; por ello se secuestraron las instituciones, desapareció la división de poderes y se destruyó la libertad individual en nombre del colectivo. El resultado terminó en totalitarismo.

El Gobierno y la oposición se limitan a cuestionarse en lo político y esta prioridad aplasta a lo social, sin embargo lo fundamental es crear empleo, combatir la inseguridad, construir viviendas, abastecer a la población y aplicar las reglas de oro de la democracia, que parten del pluralismo, el respeto a las minorías y la eficiencia del gasto público.

Se lanzan dólares como arroz en el continente y quedan sin resolverse las cuestiones esenciales que demandan nuestros ciudadanos, mientras se le niega al soberano su derecho a elegir los miembros de los consejos comunales y unos diputados, alcaldes y gobernadores que, una vez aprobada la reforma, tendrán la sombra con recursos y poder de las vicepresidencias regionales, elegibles a dedo.

Las sociedades crecen bajo un régimen de libertades y, ya lo dijo Solzhenitsyn, seguimos ante el nudo histórico de la gobernabilidad y los derechos humanos, ya que el único escenario posible es aquel donde la progresividad, consagrada en la Constitución vigente, no puede ser reducida por la AN, ni mediante la vía del referéndum, ya que estamos en presencia de derechos universales y supraconstitucionales. La política debe renunciar a tanta concentración de poder.

No pueden regalarnos un tierno bolero de los de antes y de repente comenzar a tocar una furiosa marcha guerrera contra los estudiantes, la Iglesia y cualquier manifestación de disidencia. La Asamblea, el TSJ, el poder central, el sistema de justicia y el olor, sabor y discurso del régimen, acorralan el pensamiento libre. En fin, ¿qué resuelve la modificación constitucional?: ¿el desabastecimiento?, ¿la inseguridad?, ¿el déficit de vivienda?. Lo plebiscitario es una fórmula fracasada, ya utilizada con dramáticas consecuencias en el pasado. 





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