Marco Negrón: "Chávez ve el país como una maqueta con la que puede hacer lo que quiera"

Por Venezuela Real - 18 de Noviembre, 2007, 9:13, Categoría: Política Nacional

GLORIA M. BASTIDAS
EL NACIONAL
18 de noviembre de 2007

El ex decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV cuestiona la nueva geometría del poder y advierte que los territorios tienen su propia historia. Señala que a los gobiernos autoritarios les molestan las ciudades y el conocimiento. "Las ciudades son organismos díscolos, rebeldes, donde se desarrolla la democracia y la consciencia civil"

Esta revolución que se dice de izquierda, pero en realidad es de derecha, no ha conquistado las universidades, sostiene Negrón

Marco Negrón da esta entrevista en lo que puede considerarse su hábitat: la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, de la que fue decano entre 1990 y 1996, donde estudió su pregrado (egresó en la convulsa década de los sesenta) y donde ha ejercido largamente la docencia. Mientras posa para la fotografía –escudado en una escultura de Alexander Calder– hace comentarios sobre Carlos Raúl Villanueva, uno de sus maestros. Detrás de los objetos cinéticos del artista norteamericano se observan los trazos del coloso de la arquitectura venezolana, desplegados en toda una pared en forma de exposición. Hay apuntes. Tachaduras.

Planos. Figuras geométricas. "Qué bello dibujaba, ¿verdad?". Negrón es un amante del arte.

Y de la política. Autor de La cosa humana por excelencia. Controversias sobre la ciudad y de Ciudad y Modernidad: el rol del sistema de ciudades en la modernización de Venezuela. 1936-2000, este ex militante de la Juventud Comunista es capaz de citar, en medio de la conversación, textos más cercanos a un politólogo que a un arquitecto. "Yo todavía conservo mi ejemplar de La nueva clase, el libro del yugoslavo Milovan Djilas editado en 1957, quien era muy cercano a Tito y desnudó la oligarquía que se había formado alrededor del comunismo, algo equivalente a lo que nosotros llamamos la `boliburguesía".

– El Presidente argumenta que la geometría del poder persigue empoderar al pueblo, pero quienes objetan la propuesta del Gobierno señalan que esto no es más que un subterfugio para socavar el proceso de descentralización que se inició en 1989 ¿Cómo ve usted este tema?
–La primera falacia que salta a la vista es la de los consejos comunales, que están subordinados a una comisión presidencial que es la que les asigna los recursos. No hay vinculación con ninguna instancia que no sea directamente el vértice del poder nacional. En consecuencia, esa comisión financiará a quien le parezca bien financiar y no financiará a quien no le parezca bien financiar. Se pretende vender la idea de que esos consejos comunales pueden resolver los problemas de las ciudades. Y esa es otra falacia. Ellos pueden ser muy útiles para resolver problemas locales, de escala vecinal. Y no tanto para resolverlos como para identificarlos. Hace poco, por cierto, se aprobó una cosa espantosa que es la Comisión Central de Planificación, que está por encima de todas las instancias del Gobierno, excepto del presidente de la República, y cuyo parecido con el Gosplan de la extinta URSS no es una simple casualidad.


Ahora todas las decisiones de planificación tienen que pasar por allí. Si los consejos comunales estuvieran vinculados a las alcaldías, sería muy diferente. Pero este proyecto lo que busca es la eliminación de las alcaldías. No las borran de un plumazo porque resultaría complicado, pero van a quedar como un cero a la izquierda.

Igual ocurrirá con las gobernaciones. El Presidente tendrá la potestad de nombrar virreyes donde le dé la gana. Este es un proyecto eminentemente centralista que responde al esquema de un fascista convicto y confeso como era Norberto Ceresole, cuyo modelo se basa en la tríada caudillo-ejército-pueblo. Y el pueblo queda disuelto, diluido, desprovisto de toda capacidad de acción bajo este modelo, que supone la incautación total del poder popular.

– ¿A qué atribuye la obsesión del Presidente por los mapas y por el reordenamiento de los espacios geográficos?
– Chávez tiene una visión de helicóptero, que, por eso mismo, no es real. Y lo sientes muy claro cuando habla: las cosas vistas desde arriba. Pero las cosas vistas desde arriba no son lo mismo que las cosas vistas en el terreno. Su visión es aérea. Esa idea de que tú puedes regar ciudades por todo el territorio. Ve el país como una maqueta con la que puede hacer lo que quiera. Cambio las montañas, cambio los ríos, la ciudad que está aquí no me gusta, la muevo para allá, meto el mar más acá. Los dictadores creen que los países son simples maquetas. Hitler tenía esa obsesión. A Pérez Jiménez no había nada que le entusiasmara más que eso. Incluso cuentan que cuando le llevaron la maqueta de la autopista Caracas-La Guaira estaba feliz jugando con los carritos en miniatura. Ese es parte del error con la geometría del poder: ellos piensan que el territorio no tiene historia.


– La reforma, por una parte, minimiza el poder del sufragio, aunque, al mismo tiempo, incorpora elementos como la paridad del voto de estudiantes, profesores y trabajadores para elegir a las autoridades universitarias ¿Qué piensa de esto?
– Eso es una aberración. Alguien ha puesto el ejemplo.


Eso es como que en el Ejército votaran todos (soldados, oficiales) para elegir al ministro de la Defensa. Allí existen las jerarquías. Y las defienden a capa y espada. Cuando Chávez se molesta porque el rey de España lo manda a callar, argumenta que él es tan jefe de Estado como el otro. Está estableciendo una jerarquía ¿Y en la universidad no existen jerarquías? Sí, en las sociedades existen élites necesariamente ¿Quiénes dirigen los sindicatos? La élite de los obreros.

No cualquiera. La universidad es una comunidad académica. No es un vecindario ni una fábrica. Es una comunidad donde lo que se debate son los valores del conocimiento, donde hay una población estable, que son los profesores, hay una población muy valiosa y que es la finalidad de la universidad, que son los estudiantes, pero que son transitorios. Y los empleados tienen una función distinta. Tienen muchos derechos, deben ser respetados, pero no pueden estar opinando sobre decisiones de tipo académico. Allí lo que hay es un simple proyecto de degradar la universidad. Ya no se trata ni siquiera de intervenirla. Lo que se está buscando con eso es la prostitución de la institución universitaria, convertirla en un cuerpo inútil porque, lamentablemente, este es un gobierno que desprecia el conocimiento, empezando por el Presidente.

– ¿Y qué interés tendría el Presidente en degradar la universidad?
– El conocimiento para él es peligroso. Y le teme. El conocimiento es el que puede decirle: "estás equivocado". Este es un gobierno que no cree ni en las ciudades –y por eso su proyecto es destruirlas– ni en el conocimiento. Las ciudades son organismos díscolos, rebeldes, donde no se pueden imponer autoridades verticales.


Yo no sé si Chávez tiene mayoría en Caracas, pero, si tiene mayoría, no es aplastante. Las ciudades son los organismos donde se desarrolla la democracia, donde la gente es más liberal, más autónoma, más capaz de decidir por sí misma.

Eso explica que los déspotas prefieran tener a la población dispersa. Así pensaba Pol Pot: sacaba a la gente para el campo a punta de pistola. Las ciudades son productoras de ciudadanía y de consciencia civil.

Y eso a un autócrata le tiene que molestar. A los autócratas les estorban las ciudades y el conocimiento.

– Usted, que fue militante de la Juventud Comunista, ¿Qué piensa del movimiento estudiantil que ha emergido en el país?
– Esta revolución que se dice de izquierda, pero que en realidad es de derecha, no ha podido conquistar las universidades. Empezando por los estudiantes, que siempre fueron los bastiones de la izquierda. Antes los gobiernos tenían desconfianza de las universidades porque eran de izquierda y, ahora, este gobierno tiene desconfianza de las universidades porque son de la oligarquía. Y es la misma universidad. Es una paradoja que un gobierno que pretende ser de izquierda no haya podido conquistar las universidades.


Me ha entrado un fresquito con la reacción del movimiento estudiantil. Pero, además, no es como el de los ochenta o los noventa, que quemaba autobuses y bloqueaba la universidad. Esto es otra cosa. Por lo que uno ve, son estudiantes de primera. La emboscada que les tendieron los pistoleros cuando llegaron de la marcha demostró que no solamente son jóvenes bien intencionados sino también valientes.

En el pasado, el Ejército llegó a entrar a la Universidad. Pero esto es peor. Cuando entra el Ejército o la policía tú sabes a quién te estás enfrentando.

Es una violación del espacio universitario, un allanamiento. Pero sabes quiénes son. Estos son patoteros. Son bandas fascistas, como las que usaba Mussolini o Duvalier. Eso marca una diferencia con la época en que uno se enfrentaba a la policía o al Ejército. Sabías que lo que tenías delante era al Estado. Ahora son brigadas de choque del partido de gobierno. Pero la universidad, que es la casa del saber, no se va a rendir.






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