Legítima defensa

Por Venezuela Real - 19 de Noviembre, 2007, 16:55, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
19 de noviembre de 2007

Hace pocos días, en el marco protocolar de la XVII Cumbre Iberoamericana, José Luis Rodríguez Zapatero le dio a Hugo Chávez una lección ejemplar de decencia ciudadana y talante democrático. Chávez quedó desconcertado. ¿Zapatero defendiendo a Aznar? Lo nunca visto. Tanto, que ante esta conducta, incomprensible desde su punto de vista de intolerancia extrema, interrumpió groseramente a Zapatero. Una y otra vez, hasta que la paciencia de Juan Carlos de Borbón perdió su cortesana elasticidad. ¿Por qué no te callas?, increpó el rey a Chávez, quien después, para pasar por alto su pasividad en el momento crucial, sólo atina a repetir, inútilmente jactancioso, que el rey se salvó de que él no hubiera escuchado su improperio. Mentira podrida, por supuesto. La tardía reacción de Chávez es la respuesta habitual de los guapetones de barrio, siempre paralizados cuando una de sus presuntas víctimas, harta de tantos atropellos, en este caso soportados en nombre de la convivencia civilizada, exclama ¡basta! Esta suerte de aguántenme que lo mato presidencial, sin embargo, tiene significados y consecuencias que van mucho más allá de un episodio que nunca debió haberse producido. En primer lugar, pone de manifiesto el impresentable estilo barriobajero de Chávez. Si los venezolanos estamos dispuestos a dejarnos tratar de ese modo, allá nosotros. En definitiva, la vieja y la nueva oposición complaciente ha condicionado a Chávez a comportarse de ese modo.

Pero si bien la bravura nacional se reduce estos días a esta falta de verticalidad ética y moral, allá nosotros. En el resto del mundo, para infortunio de Venezuela un mundo cada vez más ancho, ajeno y distante, ya no se calan las continuas groserías de Chávez ni le ríen sus chistes sin gracia.

Ese exaltado ¿por qué no te callas? del rey sencillamente recogió y resumió la fatiga de un planeta que ya no aguanta un delirio miraflorino más y recurre a su legítimo derecho a la defensa. Cosa que lamentablemente no parece estar a punto de ocurrir en Venezuela.

Como si los recursos petroleros que fluyen y circulan para enriquecer a velocidad de vértigo a unos cuantos en medio de nuestra falsa gran revolución socialista, los intereses creados al calor de este largo sueño de nuevorriquismo y consumismo cuartorrepublicano que ahora se prolonga con urgencia chavista, y la comodidad, en fin, de preferir y confiar que otros hagan lo que en justicia nos correspondería hacer a todos, hubiera terminado por condenar a muchos venezolanos a postrarse en un estado de peligroso letargo estupefaciente.

Las consecuencias del ingrato incidente chileno, sin embargo, resultan más graves aún. Para el régimen y para el país. Sobre todo, porque la inesperada confrontación se produjo en el punto más menguado del arrebatado tránsito de Chávez a ninguna parte. El aburrimiento y el cansancio que provocan sus disparates lo han conducido a un aislamiento internacional creciente. Dentro de Venezuela, sus desmesuras, cuya síntesis mayor es la decisión de borrar de un plumazo personal la "mejor" constitución del mundo para arrojarnos a su gusto al foso de una presidencia vitalicia y totalitaria, es una propuesta que hasta sus partidarios rechazan. Esta situación está ahora a punto de crisis. Y como siempre, Chávez intenta salir de ella profundizándola en todos sus frentes. Lo salva temporalmente la distracción de su viaje a París vía Teherán, pero para volver enseguida a precipitarse en el ojo del huracán con su innecesario anuncio de convertir a Venezuela en una potencia nuclear aliada de Irán. Nada impedirá, sin embargo, que a su regreso a Caracas esta semana deba afrontar el desafío ineludible de un referéndum que a todas luces parece tener perdido.

¿Qué hacer, pues? ¿Llamar en su auxilio al TSJ para que en el último instante lo suspenda y aquí, caballeros, no ha pasado nada, o saltarse a la torera las frágiles barreras democráticas de su régimen y provocar por la fuerza la ruptura histórica imposible de alcanzar en las urnas electorales del 2 de diciembre? Ya lo hemos recordado en otras ocasiones: tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. ¿Será precisamente éste el momento en que los venezolanos tampoco se la sigan calando y repitan el aldabonazo real y le den un manotazo a la mesa y exclamen ¡Ya basta, Chávez!, legítimo derecho a la defensa ciudadana según señalaba Raúl Isaías Baduel hace dos semanas? 
 

 






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