La democracia monárquica y la patanería autóctona

Por Venezuela Real - 24 de Noviembre, 2007, 14:35, Categoría: Política Internacional

ALFREDO CORONIL HARMANN*
El Nacional
24 de noviembre de 2007

La muy musicalizada Cumbre Iberoamericana que acaba de realizarse en Santiago de Chile tiene miga y vino a recoger sentimientos y agotamientos ya casi de vieja data, pero dista mucho de ser una simple página para anecdotario o un show folklórico más de los que acostumbra ofrecer aquí, allá y acullá el jefe del Estado venezolano, además de sus peculiares espectáculos dominicales.

Es explicable que para el ciudadano común, aquejado por las 7 plagas de Egipto que ha significado para Venezuela la "revolución bonita" de Chávez Frías, exista un conocimiento superficial o arquetipal de los monarcas, como uno de esos reyes sobrevivientes de tiempos de fábula, que hoy se debaten entre el próximo partido de polo y la trascendente inauguración de una exposición de orquídeas.

Nada más falso en este caso, y tenemos el deber de aclararlo quienes seguimos de cerca la historia española.

Cuando, en febrero de 1953, mi madre, después de la pasantía usual de clandestinidad, resistencia, cárcel, tortura psicológica –en su afortunado caso–, salió al exilio por voluntad de Pérez Jiménez, fuimos a dar a España, entonces pobre, subdesarrollada y silenciosa. Silencio sólo interrumpido por los taxis madrileños que prendían con manilla y sonaban como escandalosas máquinas de perforar asfalto. Yo era el equipaje necesario y se presentaba el dilema de escogerme un colegio adecuado.

Para aquellos días sólo había tres posibilidades concretas: los colegios públicos, en manos de la Falange; los religiosos que no sólo eran preconciliares, sino que aún soltaban un tufo a Santa Inquisición, y un colegio seglar, monárquico, situado en la calle Pinar, en la siempre hermosa Castellana. Allí estudiaban ya Domingo Antonio y Gonzalo Coronil Rodríguez, mis primos hermanos, y allí fui a dar yo, rodeado de Grandes de España, compartiendo pupitre con uno de los Urquijo y en el mismo colegio en que estudiaba Juan Carlos de Borbón y de Borbón. No obstante, aprecié en él cualidades de bonhomía y amplitud, que no hicieron sino afianzarse en nuestro trato adulto, primero como príncipe de España, luego como rey.

Por todo ello, no pude sino comprenderlo con conmiseración cuando estalló en la cumbre Iberoamericana de Santiago. Chávez es un problema de salud pública, su capacidad reiterativa y machacona enloquecería al santo de Asís; el Rey se saltó a la torera, es cierto, algunas formas, pero a ningún ser humano normal puede pedírsele escuchar los dislates de Chávez, sus groserías y sus atropellos al protocolo. Defendió el derecho del Gobierno español a hacer uso de la palabra en su turno preestablecido y el presidente del Gobierno, el compañero Rodríguez Zapatero, remató con elegancia la gaffe del tirapiedras de Sabaneta.

No es ocioso recordar que, cuando en 1975 falleció en su cama el "caudillo de España" y Don Juan Carlos asumió el Trono, después de soportar una ordalía de varias décadas, era el jefe del Estado más poderoso de Europa. El traje constitucional diseñado por el "golfo de Galicia", como llamaban en voz baja al hijo del Ferrol, era holgado y daba poderes casi ilimitados y constitucionales a su sucesor. Lo primero que hizo el Borbón fue hacer un uso muy moderado de los mismos, al tiempo que convocaba una constituyente que en 1978 lo convirtió por elección popular en monarca constitucional, es decir se autolimitó sus poderes y estableció la democracia española –además de salvarla del golpe de Tejero–.

Exactamente lo contrario de los planes de Chávez Frías en Venezuela.

Por cierto, y a manera de anécdota, quiero terminar relatando un hecho que presencié, en Pacairigua, durante un almuerzo que ofrecía Rómulo Betancourt a Felipe González y a mi amigo Luis Yáñez Barnuevo-García. Durante la reunión, un viejo dirigente adeco se le acercó a Felipe y le preguntó qué había ocurrido con el viejo sentimiento republicano del PSOE, y González, con su gracia andaluza, respondió: "Es que corremos el riesgo de que si Juan Carlos se postula nos gane las elecciones". España quizá no es aún monárquica, pero sí "juancarlista".
 

* Presidente del Centro de Estudios Políticos, Económicos y Sociales Ludovico Silva 





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