Superman mediático

Por Venezuela Real - 26 de Noviembre, 2007, 18:06, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ARMANDO DURÁN
El Nacional
26 de noviembre de 2007

Pocas veces un hombre público ha sentido tanta seducción por los medios de comunicación. Podría incluso decirse que el estruendo de sus pasos por la historia, desde aquel "por ahora" del 4 de Febrero hasta su última y lastimosa entrevista transmitida por Venezolana de Televisión inmediatamente antes de emprender viaje a Riad, Teherán, Lisboa y París, ha sido, en primer y sobresaliente lugar, un estar presente continuo en las primeras páginas de los periódicos y en las pantallas de la televisión, causa también de su tendencia a encadenar a los venezolanos al torrente incontenible de su discurso, a pesar de que, al cabo de los años, escucharlo repetir a todas horas la misma historia sea ahora el principal factor de irritación (y de desestabilización emocional) del país. En verdad, nadie había sometido nunca a los ciudadanos a un tormento similar.

Quizá por esta mediática razón trató Chávez de explicar en Francia el lamentable incidente protagonizado por él y el rey de España en Santiago de Chile con el rebuscado argumento de que el monarca seguramente no está acostumbrado a escuchar tantas verdades juntas.

Torcida interpretación de un fenómeno irrefutable: a todos, excepto a los medios, gradualmente convertidos en poco más que un reality show permanente, cada vez les fastidia más la incontinencia verbal de Hugo Chávez.

No obstante esta suerte de infección comunicacional, pocos gobernantes como él para descargar sus furias contra los medios. Hasta el extremo de culparlos de todos los males que asolan a Venezuela y al mundo.

Desde la ambición del Imperio por explotar a los pueblos más débiles del planeta hasta la escasez agobiante de productos de primera necesidad, la omnipotencia del hampa y la corrupción. Son los medios, pues, el enemigo malo a quien debemos derrotar si deseamos llegar a ser algún día libres. Una incongruencia más. Amor y odio concentrados en un solo objeto del deseo. En el fondo, seña de identidad de un proceso político en el que nada es lo que parece. Compromiso con los pobres de esta tierra, transferencia del poder a los de abajo, empeño socialista y democrático, cuando lo que de veras existe es la voluntad de un hombre por satisfacer sus fantasías (¿infantiles?) de dominio sobre todo lo que se mueva en Venezuela. Con la singularidad de que la geografía nacional se le hace cada día más insuficiente.

Ya ni siquiera le basta el espacio latinoamericano. En definitiva, su juego necesita escenarios que estén a la altura de sus sueños de grandeza planetaria, único modo de no sentirse solo del todo, y angustia existencial que lo lleva a querer acaparar la atención mediática universal y tratar de ser no el gobernante más importante del mundo sino el más notorio.

Todavía se escucha en Europa ese "¿por qué no te callas?" real que tuvo la virtud de congelar su imagen y su palabra durante segundos que debieron parecerle eternos. Las carcajadas y la sorna que aún provocan esa humillación no se han apagado por completo, y nuestro caudillo por la gracia paradójica de los medios y la blandenguería de sus adversarios ha vuelto a hacer de las suyas, esta vez en París.

Sin la menor duda, Chávez creyó que iba a bajarse de su avión en Francia acompañado de Ingrid Betancourt. Ese habría sido un golpe de efecto formidable para apoderarse de la imaginación europea. Al menos de la imaginación francesa.

Vana esperanza chavista. Entre los objetivos de las FARC no se encuentra la necesidad de satisfacer la vanidad de Chávez, quien al comprender que esa meta de taumaturgo tropical no era posible, pero convencido de que él se las sabe todas, ofreció llevarle al presidente Nicolás Sarkozy una convincente fe de vida de la ex candidata secuestrada. Mala suerte. Marulanda no pudo (o no juzgó oportuno) concederle a Chávez ese premio de consolación y Chávez llegó a París con las manos vacías. Sarkozy tuvo que conformarse, como señala Le Figaro, con la intime conviction de Chávez de que Betancourt está viva. Pero a sabiendas de que la pregunta que todos se hacen en París, ¿a qué vino Chávez?, podría terminar de pésima manera. ¿Fue por eso que cometió el disparate de llamar al general Montoya y provocar la indignación de Álvaro Uribe? Uno tiene la impresión de que Chávez, suerte de Superman mediático, puede que siga siendo por ahora sujeto apetecible para la prensa europea, en la medida que deje de ser espectáculo y se transforme en víctima de expectativas frustradas, lo será más al revés.

Hasta llegar a no ser sino simplemente nada.






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