El lobo y el voto - La nueva Caperucita

Por Venezuela Real - 27 de Noviembre, 2007, 18:29, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

El Editorial
El Nacional
28 de noviembre de 2007

E n el acto realizado el domingo pasado en la nueva sede de El Nacional, en el cual se llamó a los venezolanos a votar masivamente el próximo 2 de diciembre y a hacerlo por la opción del No, el líder estudiantil Yon Goicoechea observó atinadamente que no basta con tener una Constitución hecha a la medida para imponer un Estado autoritario. Se necesita, además, que la población, por acción u omisión, consienta que se le excluya de la vida pública.

Por ello consideró que la unidad y la participación resultan fundamentales para evitar que el lento tránsito hacia el autoritarismo, que hemos vivido en los últimos ocho años, desemboque en una oprobiosa dictadura. La observación es acertada tanto para comprender el pasado reciente como para prepararse para el futuro dictatorial que se nos quiere imponer. El ímpetu autocrático del presidente Chávez, y muchas de sus propuestas y acciones, se han podido hacer realidad sólo hasta el límite en que la población lo ha permitido.

En una primera etapa, la indiferencia de los venezolanos por la política los llevó a considerar con curiosidad, y hasta con cierta simpatía, el experimento que proponía un desconocido teniente coronel retirado, golpista por más señas, con marcadas deficiencias políticas, y con tendencias a someterse como una dócil oveja a los consejos del lobo Fidel Castro. Pero, jamás llegaron a permitirle que los condujera por los métodos violentos e ilegales que éste se había propuesto, y lo obligaron a aceptar los procedimientos democráticos.

Una vez electo presidente, el nuevo líder intentó cambiar las reglas del juego para concentrar cada vez mayor poder y desplazar de la vida pública a quienes eran sus adversarios, e incluso a buena parte de sus amigos y seguidores. De forma creciente la población venezolana, al principio de manera pasiva pero luego cada vez más contundente, le fue señalando a Chávez que había límites para la arbitrariedad, lo que dio lugar a los retrocesos y los vuelvan caras del proceso bolivariano. No olvidemos las lloraderas y los golpes de pecho luego de los sangrientos sucesos del 11 de abril de 2002.

De manera que ante las crecientes dificultades para aumentar su inmenso poder personal acumulado, Chávez se ve obligado hoy a acudir ante los votantes con el disfraz de Caperucita Roja, y a preguntar con vocecita infantil: "¿Me permiten devorar un poco más de democracia?". Este es el asunto fundamental a dilucidar el domingo, y la respuesta está en las manos y la conciencia de cada uno de los venezolanos. Decirle sí, es calmar su apetencia de poder por pocos meses, pues ya se sabe que no tiene límites.

Ojalá baste con el procedimiento democrático del voto para obtener una negativa rotunda a esa pregunta. Pero si no bastara, todavía queda en manos de la población establecer los límites permitidos al poder personal y avasallante. Yon Goicoechea nos sugiere que digamos No tres veces: antes del sufragio, con nuestro el voto y saliendo a la calle el día o los días siguientes.
 





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