El 2 comienza el 23

Por Venezuela Real - 28 de Noviembre, 2007, 14:09, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

Charito ROJAS:
ND/Notitarde
28 de noviembre de 2007

Cita:
"Los malos gobernantes son elegidos por los buenos ciudadanos que no votan." George Jean Nathan.

Buscando una ratificación de su permanencia en el poder, el Presidente se lanzó a realizar un referendo que según él, legitimaría su ambición de quedarse "hasta que la muerte nos separe", en la silla de Miraflores. Sus Ministros le dijeron: "échele bola, Presidente, que el pueblo lo ama y le va a dar lo que usted quiere". Los vividores, corruptos y felicitadores se restregaban las manos pensando en los años que se agregarían al saqueo de las arcas nacionales.

El Presidente, ciego de soberbia, no olía la putrefacción a su alrededor, la vibración del cataclismo que ya estremecía al país no penetraba en sus huesos, ahítos de lisonjas. El organismo electoral preparaba la ganancia del jefe, con jugosos premios para su fidelidad. Todo estaba montado para garantizar que el resultado favoreciera al Presidente y ni siquiera la sorpresiva protesta de los estudiantes, que llevó a muchos a la cárcel, frenó los planes del gobierno.

La advertencia de la Iglesia desde los púlpitos, instando al gobierno a respetar los derechos democráticos de los venezolanos fue no solo desestimada sino que los sacerdotes sufrieron persecuciones y descalificación. El régimen no estaba dispuesto a escuchar a nadie y ni siquiera el tenso silencio de los cuarteles lo alertó de la procesión que se cocinaba por dentro.

Y llegó el 2 de diciembre, el pueblo masivamente votó, el CNE groseramente robó, el Presidente fraudulentamente ganó. Y con esto selló su caída: nada podía detener la eyección del poder de quien se atrevió a torcer la voluntad de los venezolanos, de quien osó apoderarse de sus riquezas , de quien quiso usufructuar el poder en su beneficio obviando la aspiración popular de tener una democracia donde todos tuvieran garantizado el derecho a la justicia.

El pueblo, la Iglesia, los militares, le cobraron a Marcos Pérez Jiménez su imposición de quedarse ilegítimamente en la Presidencia de la República. El 2 de diciembre de 1952, el tirano selló su destino con el fraude electoral del referendo. El fraude fue el punto de partida para la lucha libertaria que poco más de un mes después, llevó a un país enfurecido a arrojar a patadas un 23 de enero al General y a sus secuaces. Pérez Jiménez murió en el exilio y varios de sus Ministros también, en medio de una oprobiosa riqueza pero solos, abandonados por su Patria.

50 años después, la historia parece burlarse de los venezolanos, sirviéndoles un menú similar al del 2 de diciembre de 1957: un Presidente goloso de poder, protestas estudiantiles, clero alerta, ciudadanía despertando a la realidad de una dictadura a perpetuidad, militares silenciosos, un referendo bajo sospecha manejado por un CNE huérfano de la confianza popular y un oficialismo cometiendo todo tipo de desmanes para continuar disponiendo del mando y sus recursos.

Las casualidades históricas hacen que el referendo también sea el mismo día, 2 de diciembre. Ojala esto sea premonitorio de lo que puede pasar en Venezuela si a Tibisay Lucena y su combo se le ocurre desviar el designio de los votantes. Apenas a días del referendo, todavía hay quienes, como el trisoleado Baduel, tienen esperanzas de que el Tribunal Supremo de Justicia honre alguna vez su misión y se pronuncie en contra de la celebración de este referendo cuyo procedimiento ha violado cualquier sensata norma de consulta, diálogo y negociación que debe imperar cuando de reformar la ley marco que regirá todas las actividades de los venezolanos se trata.

Descaradamente, Chávez ha manifestado su deseo de, ayudado por supuesto por el CNE, permanecer hasta que su cuerpo aguante en la Presidencia. Para lograr eso tiene nueve años trabajando en torcer el pescuezo a las instituciones democráticas, quebrantando la independencia de los poderes públicos, convirtiendo el poder moral en una inmoralidad pocas veces vista, acabando con la representación de las minorías, contaminando con prebendas el ya cuestionable poder judicial, valiéndose de una Asamblea de sinvergöenzas que no defiende los intereses de sus representados.

La petrochequera, usada como propia y a discreción sin ningún escrúpulo, está caminando por América Latina, comprando voluntades para un proyecto bien calificado por el presidente colombiano como "expansionista".

Los venezolanos estamos hartos de Chávez: de su vocabulario infame, de sus insultos, de su ignorancia exhibida con soberbia, de su camorrera actitud ante países hermanos o tradicionalmente aliados comerciales. Estamos hartos de que se crea el dueño absoluto del país, de la verdad y del petróleo venezolano.

Estamos hartos de su injusticia, de su desequilibrio y falta de equidad, de sus descalificaciones y de su ventajismo. Queremos retomar la democracia en su acepción más socialmente justa. Queremos volver a querernos con nuestros hermanos venezolanos, aunque no piensen como nosotros. Queremos un Presidente que nos ame, que le duela la muerte, la pobreza y la injusticia, que se comporte como un buen padre de familia y que entregue la banda presidencial cuando le corresponda sin tratar de trampearnos.

Aunque con el referendo no saldremos de la pesadilla, le enviaremos a Chávez un mensaje en vivo y directo que le demuestre que no nos gusta su forma de gobernar y que no deseamos que se perpetúe en el poder. Varios escenarios se manejan si Chávez pierde o no el referendo pero sobre todo, si el CNE reconocerá el real resultado del mismo. Lo importante es que los venezolanos manifestemos cómo deseamos vivir después del 2 de diciembre.

Lo importante es que Chávez escuche este mensaje. La abstención puede ser SI o NO, pero no impide que se apruebe una Constitución con cualquier número de votos. La protesta es imposible con cajas vacías. Ejercer el derecho al voto y demostrar al mundo, como lo hicimos en diciembre pasado, que hay una robusta oposición a Chávez que está luchando contra su permanencia fraudulenta en el poder, es lo inteligente.

Los abstencionistas son, básicamente, votantes decepcionados, cansados de luchar contra un régimen indiferente al sufrimiento ciudadano: el contaminado REP y la actitud ventajista de los rectores del CNE bastarían para justificarles. Pero hasta ahora la abstención no ha conseguido resultados positivos. En estos momentos las encuestas, la opinión internacional y la percepción ciudadana están contra Chávez y su proyecto totalitario.

La abstención me huele a derrota y llegó el momento de ganar: llegó nuestro 2 de diciembre y espero que los venezolanos no lo desperdicien. El voto NO dentro de la urna es el punto de partida para una lucha donde la unión será vital: así que abstencionistas, absténganse de dividir y pliéguense al deseo mayoritario de votar NO. Este 2 de diciembre, Chávez, el CNE y nosotros decidiremos si habrá 23 de enero.

Hasta el próximo miércoles





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