¡Prohibido equivocarse!

Por Venezuela Real - 30 de Noviembre, 2007, 18:44, Categoría: Política Nacional

Robert Carmona Borjas
El Universal
30 de noviembre de 2007

La situación creada en el país por el empeño del presidente Chávez y del régimen bolivariano, de querer someter a los venezolanos con un nuevo texto constitucional elaborado y aprobado por la Asamblea Nacional en forma ilegítima, nos obliga a reflexionar muy seriamente a todos.

El chavismo, tendencia que va mucho más allá del bolivarianismo mismo, insiste en imponer una forma de vida a los venezolanos, en introducir conceptos y mecanismos ajenos, creados y aplicados por otros, cuyo resultado, lo sabemos, ha sido desastroso,  ejemplo lo ocurrido en los países europeos y asiáticos que vivieron a finales del milenio pasado bajo un régimen marxista; el régimen cubano, el último en sufrir las consecuencias del totalitarismo intrínseco a esos proyectos. La sociedad cubana, oprimida por el moribundo dictador, abandonada por la comunidad internacional por décadas, sigue sufriendo las consecuencias directas de un régimen personalista que viola abiertamente los derechos y las libertades fundamentales.

Los venezolanos estamos frente a una disyuntiva sumamente peligrosa, ante la cual debemos actuar sin equivocarnos y me refiero a quienes nos oponemos a la destrucción de la democracia y a quienes detentan hoy el poder que insisten en someter a la mayoría.
Los que defendemos la libertad y la justicia debemos votar, expresar nuestro rechazo, con el NO; y, a la vez, defender nuestro voto el domingo y los resultados del proceso después, en el caso de que se desconozca la realidad de la expresión popular, ya conocida por el alto gobierno, por encuestas que manejan y que saben responden a esa realidad.

No hay veedores internacionales, ni testigos, pero todos sabemos perfectamente que más del 70 por ciento de los venezolanos rechazarán el proyecto elaborado en Miraflores y aumentado ilegítimamente por la Asamblea Nacional. Los observadores internacionales, los analistas, los diplomáticos, reconocen las debilidades del régimen, su agotamiento ante el fracaso y las políticas de confrontación y de discriminación que ha dividido, como nunca antes, a la sociedad venezolana.

Pero no sólo quienes defendemos la democracia no podemos equivocarnos ahora, sino que les está prohibido equivocarse también al Presidente, a las autoridades del Consejo Nacional Electoral, a la dirigencia política chavista, a la Fuerza Armada Nacional. No pueden equivocarse. Está en juego la democracia, la libertad y la justicia y con ello, la paz y la tranquilidad del país y de los venezolanos.

El oficialismo no puede adoptar una posición absurda y peligrosa que ignore el deseo de los venezolanos. Sería criminal colocar a los venezolanos al borde de una confrontación sin precedentes en este país. El Presidente sabe perfectamente que el país lo rechaza y que después del 2 de diciembre, otro gallo cantará. A partir de entonces tendrá que respetar la mayoría y preparar el terreno para el cambio que todos queremos en el país, a menos que decida optar por la vía totalitaria que acaricia desde hace tiempo y que sabe, es inaceptable para todos, en el país y en el mundo. El régimen tendrá que dar la cara y aceptar la derrota.

Los derechos humanos de los ciudadanos, el derecho a la libertad, a expresarse, a vivir en paz, no son derogables. Los Estados no pueden ni convencional ni unilateralmente, incluso por la pretendida vía de la reforma o imposición de una nueva Constitución, derogar como se pretende, los derechos humanos de los ciudadanos consagrados en los distintos textos e instrumentos internacionales y por el derecho internacional consuetudinario. Estamos ante normas imperativas de derecho internacional que los Estados no pueden desconocer, ni derogar ni modificar.

El proyecto ilegítimo de la nueva Constitución es contrario al derecho internacional, lo que puede engendrar la responsabilidad internacional del Estado, además de crear un caos sin precedentes. Así lo ven afuera. Pero también contraría claramente los principios de la Carta Democrática Interamericana que, aunque lo intenten desconocer algunos, es obligatoria para los Estados de la región.

Tampoco la dirigencia regional, conociendo como nunca antes la realidad venezolana, puede equivocarse y avalar una vez más la destrucción de un país. No es injerencia externa, no es intervención, es simplemente la consideración y el respeto que merecen más de veinte millones de hombres, mujeres y niños que queremos vivir en paz.

Nuestra democracia está en peligro….  ¡Prohibido equivocarse!






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