Ni tan remota

Por Venezuela Real - 1 de Diciembre, 2007, 19:26, Categoría: Política Internacional

RAMÓN HERNÁNDEZ
El Nacional
01 de diciembre de 2007

Cuando Stalin se propuso construir una sociedad perfecta, su primer paso fue terminar de liquidar a balazos o de hambre "a los traidores que se hacían pasar por bolcheviques".

En noviembre de 1936, presentó una nueva constitución, en la que anunciaba que ya se había conseguido el socialismo, la primera fase del comunismo.

En ese contrato social, Stalin puso en el papel los derechos civiles universales y garantizó la libertad de pensamiento, prensa, religión, asociación y reunión. También insistió en que los derechos económicos eran tan importantes como los políticos, lo que le permitía asegurar que el empleo estaba garantizado y que la nueva carta magna demostraba que la URSS era el país más democrático del mundo.

Mentía.

El texto constitucional estaba lleno de cláusulas que restringían el ejercicio de los derechos civiles, y además Stalin recalcaba cada vez con más acritud que no se abandonaría la dictadura comunista. "Mi dignidad no me lo permite".

Para que la ciudadanía en general no se hiciera ilusiones y pretendiera ejercer los derechos civiles garantizados en la biblia roja, Viacheslav Molotov aclaró que pasarían muchos años antes de que las libertades políticas entraran plenamente en vigor, que antes era necesario fortalecer el Estado frente a los ataques de los enemigos internos y externos, y vencer el cerco capitalista. En 1991, cuando el régimen implosionó y las mafias rusas quedaron al descubierto, todavía no se había permitido libertad de prensa ni mucho menos libertad de religión, ni se habían puesto en práctica los derechos "garantizados por la constitución más democrática del mundo".

Marx teorizó que el comunismo conllevaba la extinción del Estado, pero Stalin no sólo lo ignoró sino que lo contradijo. Acentuó su influencia en la "soberanía popular" mediante el terror y la violencia. "Nada convence más que una fuerte patada", repetía. El que lo desobedeciera o se opusiera a sus designios era castigado con siete gramos de plomo en la cabeza, que no evitaban los negocios sucios entre quienes encabezaban el Partido Comunista, la policía, el Ejército, la dirección de las empresas y la administración pública. Inflaban las cifras de producción, mientras se acentuaba la escasez de productos fundamentales: leche, huevos y carne.

La revolución socialista que se vanagloriaba de haber liberado a los obreros de la explotación capitalista, ordenaba a los gerentes que trataran con dureza a la mano de obra. Fueron impuestas jornadas de trabajo de 12 horas. También redujeron a 12 años de edad la responsabilidad penal de las personas.

Cuando el Partido Comunista de Francia debió explicar a su militancia esa salvajada, sólo se le ocurrió decir que los niños rusos maduraban más rápido.

No compare, tampoco viole la ley seca.
 






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