Una gran cola para todo

Por Venezuela Real - 1 de Diciembre, 2007, 18:30, Categoría: Política Nacional

Miguel Sanmartín
El Universal
01 de diciembre de 2007

Para todo obligan al soberano a alinearse marcialmente y este lo hace obedientemente

Son las inacabables colas otra pandemia bolivariana. Uno más de los azotes revolucionarios contra esta (ya bastante) agredida sociedad. Se forman (provocan) a toda hora. Están en todo lugar. Unas resultan más largas que otras. Y hay que hacerlas para todo menester: Deberes hogareños. Necesidades familiares. Compromisos personales. Diligencias laborales. Son perennes y además vejatorias cuando se trata de trámites oficiales debido al (mal) trato de algunos funcionarios y las condiciones de los recintos. 

Para todo obligan al soberano a ponerse en fila. La revolución impone formar marcialmente para comprar leche, carne, pollo, pernil, aceite, azúcar, caraotas, y, por los vientos que soplan, también habrá que "encolarse" para adquirir papel sanitario. Ni siquiera se libran de alinearse aquellos "camaradas" que perciben becas y/o misiones socialistas. Y todo mundo se está formando obsecuentemente. Campante. Algunos (¡horror!) hasta agradecen cuando, luego de muchas horas de penitencia y ser marcados como reses, obtienen los productos desaparecidos. Muchos parecen, incluso, resignados a cumplir los designios y padecer los maltratos autocráticos. Se acostumbran al abuso. ¡Cuán peligroso es! 

Las colas endógenas (criollas) tienen su origen en la ineficiencia del Estado e improductividad unas empresas torpedeadas por un régimen declaradamente centralista. En las invasiones y expropiaciones, en las regulaciones y controles oficiales. También en la corrupción y el contrabando. Esto se traduce en escasez, inflación y especulación que, por un lado, provoca profundo malestar en la población, aunque esta no siempre se atreva a protestar por ello y, por otro, es usado por regímenes personalistas-autoritarios como instrumento de represión y sometimiento de la ciudadanía. 

En esta dramática realidad comienza Venezuela a parecerse a la Cuba del tirano Fidel Castro donde la escasez y el racionamiento son lo usual. Y no sólo se asemejan en la progresiva y crónica falta de muchos bienes esenciales sino también en la aceptación por parte de una población que parece haber renunciado a sus derechos, perdido sus niveles de exigencia y desistido de sus prerrogativas a la calidad de vida.

El pueblo venezolano tiene el derecho constitucional y la obligación moral y ética de demandar de sus gobernantes condiciones de vida dignas, decorosas, seguras, en libertad, igualdad, justicia, respeto y bienestar sin que por ello tenga que renunciar a ningún otro derecho humano universal ni someterse a prácticas abusivas o denigrantes, como por ejemplo pagar plantones de horas, proferirse insultos o liarse a pescozones para obtener un kilo de carne, de leche, de azúcar o de cualquier otro producto alimenticio por más subsidiado que esté. Venezuela no quiere parecerse a Cuba ni a ninguna otra dictadura miserable y forajida.






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