"Chávez, Morales, Ortega y Correa andan en una fiesta que no les ha salido del todo bien"

Por Venezuela Real - 2 de Diciembre, 2007, 19:51, Categoría: Política Internacional

Carlos Blanco
El Universal
02 de diciembre de 2007

Ruptura sin piedad

El ridículo internacional que protagoniza Chávez como mediador con las FARC sólo es superado por el desastre que ha provocado en las relaciones en el continente. La estrategia de Chávez era clara y Uribe se la desbarató, a pesar de que inicialmente parece haber abrigado alguna esperanza en su gestión. Chávez tiene un proyecto político continental con impacto mundial. No quiere decir que lo vaya a lograr, pero en el camino hacia su fracaso puede deshacer la cristalería regional. Para ese proyecto es esencial que exista en Colombia un gobierno bolivariano y él sabe que no es posible obtenerlo mediante una victoria militar de las FARC, grupo políticamente degenerado, homicida y corrompido. Entonces procura una alianza que tenga como eje sus fichas colombianas, representadas por el senador Gustavo Petro y, en menor medida, por la estrella fugaz del firmamento político colombiano, la senadora Piedad Córdoba. 

La Mediación.

La mediación era imposible. Nadie sabrá si Uribe creyó sinceramente que su colega podía ayudarlo o si fue una jugada de varias bandas. En todo caso, le entregó a Chávez un regalo griego que, de ser exitoso, significaba dejar a las FARC sin su mejor instrumento de negociación: los secuestrados; y que en el peor -como ocurrió- dejaba a Chávez con las manos vacías, furioso y humillado.


El caudillo venezolano se dedicó, mientras pudo, a hacer gimnasia internacional a nombre del acuerdo posible. Sin embargo, muy rápidamente se le vieron las costuras; esa idea de hacer entrar a Marulanda -el viejo asesino- a Miraflores, en medio de las fanfarrias, no sólo representaba ese sueño húmedo de tratarse de comandante a comandante, sino era una manera demasiado visible de darle un estatus de respetabilidad a una guerrilla que se convirtió en una poderosa banda que mezcla la política con el narcotráfico y alguna variante del marxismo con el terrorismo. 

La petición de Chávez a Uribe de despejar una zona del territorio colombiano para el encuentro con "Tirofijo" no era más que el anzuelo para lograr que éste pudiera salir de Colombia y pasearlo en los escenarios internacionales a cuenta de ese capital rentable y frágil que era el papel de mediador.

El Proyecto Actual.

El proyecto en marcha -con la infortunada pérdida que les representa la derrota de Humala en Perú- es cercar revolucionariamente a Colombia. El trofeo al que aspiran es Colombia. De allí la tensión que han generado Rafael Correa y Evo Morales; de allí la reactivación de los reclamos de Daniel Ortega sobre el archipiélago colombiano de San Andrés y Providencia; de allí las provocaciones permanentes de Chávez contra la "oligarquía santanderiana" que Uribe, hasta ahora, había toreado.


Colombia es la joya más preciada de la corona. Los Andes se convertirían en "territorio liberado" y su influencia en toda la región, a través de los órganos colectivos ya creados, sería mucho más vasta. Ese es el objetivo. Cuba se adicionaría a esta eventual Confederación Bolivariana de Naciones.

El método ya no es el de la guerrilla.

Han comprobado que se pueden ganar elecciones sobre la base de descontentos legítimos acumulados y, luego, se usa el Gobierno para controlar el Estado y, si es posible, la sociedad. Es el camino desde las democracias imperfectas hasta los neoautoritarismos con atuendos seudodemocráticos. En Colombia esa posibilidad existe; aunque Uribe es muy popular, el sistema partidista está descompuesto, las instituciones han sido penetradas en una cierta proporción por el paramilitarismo y las Fuerzas Armadas han crecido de una manera colosal debido al desafío que representa la mixtura de narcos, guerrillas y paramilitares. Aunque es un país con algunas importantes instituciones sólidas y con un Estado más modesto que el venezolano, está asediado por un largo conflicto que carcome persistentemente a la sociedad, junto a la globalización perversa que representa el negocio de la droga.


La apuesta chavista podría dirigirse a promover a Gustavo Petro y a Piedad Córdoba. De ese modo, estos personajes se convertirían -en el marco de un sistema político con fallas de representatividad- en una alternativa para la toma pacífica del Gobierno, primero, y luego del poder, a lo Chávez. 

La Otra Opción.

Como se observa, es un proyecto de mediano plazo. El de corto plazo es provocar un conflicto con Colombia. Se sabe que el escenario bélico según el cual Venezuela será invadida por EEUU es una completa idiotez en el marco internacional. Para lo que estos próceres parecen querer prepararse es para conquistar la épica de la cual carecen, en un conflicto circunscrito, con Colombia, que pueda distraer la atención de los problemas nacionales, que sirva para -piensan- derrotar a la "oligarquía santanderista" y sobre todo que, dada la fuerte alianza entre EEUU y Colombia, pueda vencer -tal es el designio- a un aliado de aquel país. 


La idea de desatar un conflicto con Colombia para obligar a una intervención -¿limitada?- de las tropas del "imperio" parece andar rocheleando en las cabecitas afiebradas de estos que buscan la épica guerrera que se les escurrió en el Museo Militar en febrero del 92. ¿Qué sentido tiene la trastornada compra de equipos militares que no son los que se supone se emplearían en una guerra asimétrica contra EEUU? ¿Cuál guerrilla es la que va a utilizar los helicópteros, los Sukhoi, corbetas y otros adminículos? ¿No es acaso ese tipo de equipos el propio a emplear en un escenario de guerra convencional? ¿Cuál es el sentido de romper, de hecho, relaciones políticas y -tal vez- diplomáticas?

¡Alerta Máxima! Es claro que el aislamiento internacional del Gobierno se ha incrementado. Esta situación podría inspirar prudencia; sin embargo, también sería susceptible de inspirar lo contrario: una hiperactividad provocadora. No hay que descartar locuras; si se observa la agudización de la situación que Evo Morales y Daniel Ortega están provocando en sus países, no tendría nada de particular que fuese una especie de crescendo concertado para colocar la temperatura latinoamericana en niveles de borbollón. No alcanzarían a ser uno, dos o tres Vietnam, como quería el Che, pero podrían ser unos más modestos autogolpes de Estado, destinados a patear el tablero, a desbancar a la disidencia y a crear una situación en la cual esos gobiernos pudieran proclamar que están frente a una embestida del "imperio". 

Chávez, Morales, Ortega y Correa andan en una fiesta bolivariana que no les ha salido del todo bien, y desean sumar al fandango a todos: indiferentes y comprometidos, españoles y canarios, gringos y chilangos, ricos y arruinados, guajiros y quechuas, aymaras y araucanos, vivos y bobos; en fin, ya que no se puede hacer una revolución, quizá procuren, como mal menor, una guerra civil.





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