Chávez es un periódico de ayer

Por Venezuela Real - 3 de Diciembre, 2007, 10:11, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

Harry Blackmouth
TalCual
03 de diciembre de 2007

Los resultados del referéndum no influirán en la conducta de Chávez. Cualquier triunfo, cualquier tropiezo, le brinda renovadas energías para amenazar a diestra y siniestra, para agraviar a algún nuevo jefe de estado y para elaborar nuevos planes de perpetuación en el poder

Al parecer, a más de uno se le ha agotado la paciencia con la revolución bonita

Tal vez la mejor síntesis de lo que pensaba la prensa internacional (burguesa) sobre el presidente Hugo Chávez y su propuesta de reformar una vez más la constitución para quedarse en el cargo hasta que se le antojase, la ofreció The Economist. En su edición del 15 de noviembre, la revista londinense publicó un artículo sobre el referéndum y lo ilustró con una foto de dos jóvenes que se desplazaban en una motocicleta. Mientras el conductor de la motocicleta, semi encapuchado, observaba de reojo a algo que había detrás, el joven que viajaba en la parrilla, oculto detrás de lentes oscuros, alzaba su brazo y apuntaba con un arma de fuego a algo o a alguien. El pie de foto de The Economist decía escuetamente, " A supporter of constitutional reform", un simpatizante de la reforma constitucional. Al parecer, a más de uno se le ha agotado la paciencia con la revolución bonita y en cualquier página de diario o de revista del mundo anglosajón que aluda al gobierno de Venezuela los encapuchados, los malandros y los desmelenados con armas de fuego y la barriga al aire se han convertido en un emblema del régimen, como lo eran los barbudos en la primera época de la Revolución Cubana.

EL ERRÁTICO MISTER CHÁVEZ

En el período de calma antes de abrirse las urnas electorales en Venezuela, existieron otros comentarios que aludían a la pérdida del rumbo por parte de Chávez. Hubo inclusive sigilosas alusiones al contenido de la masa gris depositada entre sus dos orejas. Y es que con Chávez nunca se sabe si sus denuestos son simplemente una forma de arrinconar al adversario y acrecentar la popularidad entre sus seguidores, o si sufre un deslizamiento del embrague. De todas maneras, los resultados del referéndum, que podrían perpetuar su mandato o caerle como un balde de agua fría –un remedio infalible para calmar exaltados– nada influirá en su conducta. Cualquier triunfo, cualquier tropiezo, brinda a Chávez renovadas energías para amenazar a diestra y siniestra, para agraviar a algún nuevo jefe de estado –por suerte tras la descolonización que siguió a la segunda guerra mundial los objetos de irrisión e insulto se cuentan por decenas– y para elaborar nuevos planes de perpetuación en el poder.

El corresponsal del New York Times en Venezuela, Simón Romero, aludió en una de sus columnas a la trifulca que le armó Chávez a su homólogo colombiano Álvaro Uribe, luego de su fracasada mediación/intromisión en los asuntos internos de Colombia.Y Romero no pudo pasar por alto la obsesión que está demostrando últimamente Chávez con una nueva faceta, poco explorada, del Libertador Simón Bolívar. Aunque no existe rubro que le sea ajeno a Bolívar –Germán Carrera Damas nos recuerda en El Culto a Bolívar que José Rafael Pocaterra mencionó en una novela a un diplomático chileno al que homenajeaban por escribir un opúsculo titulado Bolívar, campeón de ajedrez– muy pocos presidentes venezolanos se han preocupado tanto como Chávez por el Bolívar que pasó a mejor vida.

Al parecer, Bolívar no pasó a mejor vida, insinúa Chávez. ¿Fue Bolívar envenenado? ¿Mataron a Bolívar a disgustos? ¿Son los huesos de Bolívar los que reposan en el Panteón? ¿Qué ocurre si no son los huesos de Bolívar y durante más de un siglo los venezolanos han rendido homenaje en el Panteón a los restos de un apócrifo Libertador? "Previo al referéndum del domingo sobre su propuesta de vastos cambios constitucionales", dijo Romero, "los comentarios del señor Chávez se han convertido en algo cada vez más errático". El periodista también destacó que "fisuras poco comunes en la base de apoyo del señor Chávez hacen difícil pronosticar el resultado de la votación". (The New York Times, 29 de noviembre de 2007).

También The Economist (29 de noviembre de 2007) aludió a esas fisuras en el campo chavista. " Are they beginning to lose the faith?" ¿Están comenzando a perder la fe? Preguntaba el titular de la revista. Y el subtítulo era aún más especifico: "El intento de Hugo Chávez de transformar su país en una utopía socialista bajo su dirección personal está confrontando problemas".

CHÁVEZ NUNCA PIERDE

Sin importar los resultados –aunque esta vez, más que nunca, los resultados sí importan– un Chávez que indefectiblemente se proclamará triunfador anunciará el lunes nuevos pasos para acelerar su revolución bonita. Basta ver lo que hizo el año pasado cuando Venezuela buscaba un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad. Tras perder decenas de votaciones, Chávez fingió que la derrota sufrida por su Gobierno en la Organización de Naciones Unidas (ONU) era en realidad una gran victoria.

Si un marciano recién llegado a la tierra hubiese escuchado solamente la versión propalada por Chávez, estaría convencido de que las elecciones son como el dominó, y que gana quien tiene menos puntos.

Tras anunciar ante el embajador de Venezuela en la ONU, Francisco Arias Cárdenas: "Compadre ¡cale la bayoneta! ¡Venezuela va al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas!", Chávez ofreció su gratitud al gobierno y al pueblo de China, "y a esos 76 países que están con nosotros allí". Chávez mencionó una lucha "rodilla en tierra", "cuerpo a cuerpo", contra un rival que parecía en la lona y se negaba a admitir la derrota. El problema era que el rival, Guatemala, aventajó en todas las votaciones a Venezuela, y aunque finalmente se optó por un candidato de transición, Venezuela no obtuvo su puesto en el Consejo de Seguridad. Como señaló Teodoro Petkoff "En su infinita torpeza y arrogancia", el presidente Chávez "se ha ganado hasta ahora, por decir lo menos, el disgusto de unos 110 países que han sido calificados de `lacayos del imperialismo’ por no haberle dado su voto al gobierno chavista" ( TalCual, 19 de octubre de 2006).

Seguramente, Chávez seguirá ganando batallas, aunque las pierda.

Pues Chávez no atiende consejos de nadie.Y el único político que hace algunos años podría haberle dado buenos consejos, Fidel Castro, se halla en estos momentos postrado en su lecho de enfermo, sintiendo que se va a morir, y alentando fantasías apocalípticas. Por lo tanto, no es el mejor puerto para ir por leña. Ahora Fidel y Chávez recuerdan más que nunca al dueto de George W. Bush y Dick Cheney, que se retroalimentan mutuamente la paranoia.

LO QUE VENDRÁ

Seguramente algunos votarán el domingo en Venezuela por el No, pensando en el Imperio. Al menos el mandato de Bush se termina en enero de 2009 y hay que sufrirlo por apenas trece meses, en tanto que un voto por el Sí representa ocho horas de Aló Presidente hasta el fin de los días de gran cantidad de venezolanos.

Como no podemos prever lo que ocurrirá mañana (estamos escribiendo este artículo el domingo en que se registra el referéndum) pegaremos un salto y pronosticaremos lo que dirán los analistas políticos dentro de un año. Creemos que si triunfa el No, el chavismo se robustecerá. La posibilidad de que haya otros venezolanos, además de Chávez, ciñéndose la banda presidencial, permitirá al oficialismo la discusión, la confrontación, y el surgimiento de nuevas ideas, y dirigentes políticos.

El chavismo se democratizará, porque ya no se tratará de una dirección vertical, estilo palo de gallinero, donde el mandamás dicta, y los demás acatan. Inclusive ese sello de goma en que se ha convertido la Asamblea Legislativa comenzará a hacer oír voces discrepantes.

Si triunfa el sí, dentro de un año estaremos hablando de la inevitable atomización del chavismo, la pérdida de tracción por parte de la revolución bonita, los constantes tropiezos de Chávez en el ámbito internacional, los cada vez más agudos problemas para resolver los problemas internos.Y seguramente habrá más reformas constitucionales (Juan Vicente Gómez consiguió siete) pues los gobernantes autoritarios necesitan perversamente cambiar leyes que de todas maneras no piensan respetar.

Y no hay que ser un profeta para pronosticar que si los venezolanos amanecen mañana sabiendo que en el horizonte hay veinte o treinta años más de Chávez en el palacio de Miraflores, Venezuela se convertirá en un país ingobernable.





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