Sangra la herida - Lluvia de insultos

Por Venezuela Real - 7 de Diciembre, 2007, 17:37, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

El Editorial
El Nacional
07 de diciembre de 2007

Ya ha dejado de ser una simple manía política, o quizás un tic nervioso que le da frente a un micrófono: el diagnóstico es más preocupante porque conduce a imaginar un cuadro grave de desequilibrio mental. Y no lo decimos con ánimo de desprestigio o propaganda, sino como una preocupación general del país. Ayer, sin que mediara un hecho especialmente significativo, el mandatario nacional se lanzó a despotricar no contra la oposición, sino contra sus partidarios, a quienes etiquetó como "cobardes y flojos", por no haber acudido a votar este domingo 2 de diciembre.

Menuda injusticia y falta de respeto con quienes fielmente le han cumplido siempre al presidente Chávez cuando le ha hecho falta, pero que el domingo pasado consideraron, humildemente, que la proposición que les hacía su jefe no era la más adecuada para el pueblo bolivariano. Bastó y sobró esta muestra sincera de la voluntad popular para que el jefe se sintiera ofendido y humillado. ¿Acaso no es él quien interpreta mejor los sentimientos del pueblo? ¿Entonces por qué no los interpretó a tiempo y detuvo la marcha hacia una derrota que se anunciaba por todas partes? No son los seguidores del presidente Chávez los culpables del desaguisado, ni sus colaboradores ni mucho menos los estrategas que guiaron el plan de la campaña electoral. Fue el máximo jefe bolivariano quien se empeñó, por encima de todos los consejos y llamados a entrar en razón que se le hicieron, en convertir la reforma constitucional en una cuestión personal, en un pulso público con sus adversarios políticos.


El Presidente debe recordar que no fue la oposición la promotora de esa reforma sino su propio ego, su necesidad de avanzar en el control militar y político sobre la sociedad venezolana y su obediente sumisión ante los consejos dictatoriales de Fidel Castro, lo que en verdad lo hundió.

No hay que ser un experto en política para darse cuenta de que esta reforma derrotada no es más que el viejo plan que convirtió a Cuba en un país en permanente terapia intensiva, con un presidente vitalicio, con una sociedad anclada en el pasado y una gran miseria recorriendo las calles.

Pero hay una gran diferencia entre Fidel y Hugo porque los venezolanos no aceptamos en primer lugar que a un Presidente lo traten como una mascota y lo saquen a pasear con una correa fijada al cuello. Nosotros somos tan independientes que jamás nos imaginaríamos diciéndole al gobierno de Cuba lo que debe hacer con su destino y sus fuerzas militares.

Aquí los jefes militares repiten como loros el "patria o muerte", sin saber que con este gesto se alejan de los venezolanos y desdicen de su condición de defensores de la soberanía. Hoy sabemos que una Fuerza Armada que se comporte así no es orgullo ni garantía de lo que somos todos, oficialistas y opositores, a la hora de garantizar nuestra política independiente. Si el jefe del Estado tiene una insuficiencia paterna, pues allá él.

Pero no nos instale a Fidel aquí, en la sala de la casa y en nuestro dormitorio.






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