Al borde del precipicio

Por Venezuela Real - 9 de Diciembre, 2007, 17:04, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
09 de diciembre de 2007

A los venezolanos se nos propuso que el 2 de diciembre de 2007 entráramos eufóricos al Gran Libro Guinness de los Récords. Que por primera vez en la historia del mundo un pueblo votara y escogiera de manera voluntaria el establecimiento del régimen comunista en nuestro país. Nunca había ocurrido algo semejante. Los regímenes comunistas, desde los antiguos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o el de la República Popular de China, como los instaurados en las naciones centroeuropeas cautivas de la II Guerra Mundial, fueron resultado de revoluciones o de ocupaciones militares.

Hasta el final del derrumbe de la URSS, en 1989, y del fin de la Guerra Fría, fueron países sometidos a una potencia extranjera.

Medio siglo y tanto de dominación, con José Stalin como supremo árbitro dispensador de "ideologías" y de interpretaciones de la sociedad, cincuenta años de economía bajo el más riguroso control del Estado, sin libertades, sin autonomía, sin soberanía, sin derechos humanos, no bastaron, sin embargo, para que esos pueblos renunciaran a las prerrogativas y privilegios que la libertad le ofrece a los seres humanos. El Gulag quedó como símbolo de la devastación, de la censura, del oprobio en nombre del dogma. Intelectuales y políticos fueron a los campos de concentración, o condenados a muerte. Dejaron escrita una epopeya ejemplar, tanto en la URSS como en las naciones aherrojadas de la Cortina de Hierro. Ahora son naciones donde impera la tolerancia, el pluralismo y la diversidad, la libertad de empresa y la libertad de escoger, el progreso ordenado, la variedad de opciones.

Ningún pueblo ha votado por el comunismo, y no lo hará nunca. Los países donde aún impera el sistema tratan de modo visible de darle a sus sociedades alternativas que los rediman de la pobreza y de la miseria. China avanza resueltamente hacia el progreso, hacia el bienestar de las grandes mayorías, hacia la competencia en la era global, diversificando su economía, abriéndola a las inversiones extranjeras, buscando que el 21 sea el siglo amarillo. Allá está todavía el PCCH, pero es bajo su égida que todos esos cambios se van afirmando, y el futuro le deparará a la gran República las libertades y el pluralismo que un régimen económico diversificado traerá consigo.

Nada más temerario ni más absurdo como pretender que los venezolanos votaran por un régimen comunista, aun cuando las metáforas con que se le quiso envolver aparecieran como esos papeles de regalo donde se ocultan los venenos. Era, simplemente, una invitación al suicidio de la sociedad. No sólo fue temeraria la propuesta. Era también inverosímil que haya gentes capaces de pensar en los términos consagrados en el texto de la Constitución Roja que se quiso imponer.

No es una metáfora: Venezuela estuvo al borde del precipicio. Basta leer una sola de las disposiciones transitorias, la novena, según la cual el Presidente de la República quedaba facultado para "regular la transición al Modelo de Economía Socialista", por decreto. ¿Quién le pondría límites? ¿Comunismo gratis? También se consagraba la creación de "confederaciones" con otros países. De ahí que afirmemos que venimos de regreso del abismo. No hubo tiempo para difundir ni debatir lo que más que reforma era una Constitución como las que rigen en los países comunistas. Quizás quienes se abstuvieron no llegaron a medir la significación de tantos riegos irreversibles.

No llegaron a pensar que el 3 de diciembre, de haber triunfado la reforma, los venezolanos habríamos amanecido como ciudadanos de una nación cautiva.

Ojalá convengamos todos en que la democracia nos ofrece amplios espacios para el avance social. Ojalá se reconozca la realidad, y no se siga hablando "en nombre del pueblo", porque ya el pueblo habló con voz inequívoca. Insistir "en reformas por vía popular" suena a pretensiones que van más allá de la Constitución de 1999.

Trae tambores de 4 de febrero, y esto ya lo rechazó el país.

El Presidente de la República tiene un largo periodo, hasta 2013, para gobernar y cumplir programas sociales que demandan orden, concertación y trasparencia. Tiene entre manos una prioridad: propiciar las condiciones de la producción y del trabajo. Quien piense que sobreviviremos a base de importaciones masivas no habita en este mundo. Aviso: los representantes del futuro ya están en la escena. Los miles de estudiantes que asumieron la democracia como el sistema que les permitirá afirmarse como venezolanos, están ahí para quedarse. El oficialismo se obstina en acusarlos de "estar pagados por el Departamento de Estado", un agravio a la nacionalidad que con tanta pureza (y tanto coraje) representan.





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