Entre el alivio y la ira

Por Venezuela Real - 9 de Diciembre, 2007, 17:06, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
09 de diciembre de 2007

El día lunes 3 de diciembre, al despertar, el sentimiento dominante entre la mayoría de la población venezolana era de alivio. No incluyo en ese grupo al más o menos 20% de la población electoral que de modo persistente desde 1993 se niega a asistir a las urnas.

Tampoco a los casi 3 millones que votaron por el Sí. Pero sí incluyo a los que lo hicieron por el No y a los cerca de 3 millones que habían votado por el presidente Hugo Chávez en las elecciones de diciembre de 2006 y ahora se abstuvieron de hacerlo por su proyecto de reforma constitucional, contribuyendo, por omisión, a la primera y decisiva derrota del caudillo por vía electoral.

Alivio es distinto a euforia, triunfalismo o arrogancia. Es algo así como una tregua, un motivo para la esperanza, una profunda satisfacción interna. Y es que una buena parte de la población venezolana no ha vuelto a encontrar nada parecido al sosiego, la tranquilidad y el respeto en el espacio público desde que se desencadenó sin tapujos el discurso pugnaz, agresivo, excluyente y amenazante del mayor sacerdote del odio que haya conocido la historia contemporánea venezolana.

Lo que ha ocurrido, tendrá efectos decisivos para el futuro de la democracia y del país. De una parte, porque significa un evidente triunfo de los sectores mayoritarios de la oposición, empeñados en seguir los caminos democráticos, pacíficos y electorales en su lucha contra el autoritarismo, al tiempo que una contundente derrota a las fuerzas políticas más tradicionales y conservadoras empeñadas hasta hace pocas semanas en la opción abstencionista. Y, de la otra, porque le confiere un nuevo aliento y una inconmensurable dosis de entusiasmo a un movimiento opositor que se hallaba sumido en la desesperanza a causa, además de las diferentes formas de intimidación y sectarismo oficial, de la derrota y la declaración de fraude en el referendo revocatorio de 2005, junto con la entrega de la Asamblea Nacional en manos exclusivas de la bancada chavista, en 2006.

Podemos prever, entonces, que 2008 será el año de expansión de un inmenso y entusiasta movimiento político opositor que tendrá como rasgos fundamentales la recuperación del activismo social de gremios, sindicatos y colegios profesionales; el desplazamiento hacia un discurso popular que le arrebatará al chavismo las banderas de justicia que hoy intenta monopolizar, y la consolidación de los nuevos liderazgos que han hecho su emergencia al fragor de las luchas callejeras contra el cierre de RCTV y el proyecto de reforma constitucional presentado unilateralmente por el Presidente de la República.

Es el sentimiento de alivio lo que permite que el discurso dominante entre la dirigencia opositora haya sido el llamado a la reconciliación, la restauración del diálogo entre todas las tendencias políticas del país, y la superación de la polarización política que hace de la convivencia entre diferentes un trago de amarga incomodidad.

Pero no es eso lo que hay en el corazón del Presidente. De su lado sólo hay ira. Soberbia.

Vanidad herida. Vulgaridad. En su aparición pública el miércoles, en rueda de prensa convocada por el Alto Mando Militar, el Presidente se desnudó y dejó ver lo que verdaderamente circula por sus venas.

Ante la mirada atónita de los periodistas extranjeros, el Presidente absolutamente descompuesto, desencajado y fuera de sí, con gestos y frases propias de un enajenado, pronunció varias veces la palabra "mierda". Una, para adjetivar la victoria del No en el referendo. Otra, para calificar al periodista Hernán Lugo-Galicia. Y, otra, para calificar un reportaje en el que el periodista cuenta el ataque de iracundia que vivió el Presidente cuando se enteró, la noche del domingo 2, de que los resultados le eran adversos.

El término que designa las heces fecales es uno de los peores insultos conocidos en casi todos los idiomas. Por eso es una palabra que, entre gentes respetuosas, no se usa en público. Debe ser esta ocasión la primera vez en la historia que un Presidente democrático la usa, además frente a las cámaras, denigrando al extremo la dignidad del cargo.

En la picaresca venezolana se suele decir ante insultos análogos: "Que Dios te dé el doble de lo que me deseas". En este caso sería, "que te dé el doble de lo que me calificas". Qué alivio
.





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