JORGE UROSA SAVINO : "Se confirmó que el país no quiere cambiar el estado social de justicia"

Por Venezuela Real - 9 de Diciembre, 2007, 11:00, Categoría: Política Nacional

MILAGROS SOCORRO
EL NACIONAL
09 de diciembre de 2007

JORGE UROSA SAVINO insiste en que no es operador político

Satisfecho por los resultados del 2D, clama por la unidad de los venezolanos y porque se atiendan los problemas viejos, como la pobreza y la inseguridad ciudadana, y los nuevos, como los secuestros. "El Gobierno está para gobernar, para resolver los problemas; y eso es lo que le pedimos al Presidente de la República"

FICHA PERSONAL: Se ordenó sacerdote en 1967. En 2005 fue nombrado arzobispo de caracas. En febrero de 2006 fue designado cardenal.

E n el interior de la sede del Arzobispado de Caracas reina la quietud, pero al aproximarse a las ventanas que dan a la plaza Bolívar, en el salón donde se exhiben los retratos al óleo de los arzobispos de Caracas se percibe claramente el rumor de la multitud de viandantes, la intensa vitalidad de ese espacio, uno de los más transitados de la capital e, inclusive, si es el 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, se escucha con nitidez la guaracha de Celina y Reutilio, Que viva Changó.

Los vidrios tienen minúsculas adherencias, indicio de que no han sido cambiados en algún tiempo. Es evidente que nadie ha venido a apedrear la vieja casona donde cumple su jornada laboral Jorge Liberato Cardenal Urosa Savino (Caracas, 1942), calificado de "estúpido, retardado mental, vagabundo y maleante" por el Presidente de la República. O, si lo han hecho, tienen muy mala puntería.

–Por supuesto que nadie ha venido a tirar piedras –confirma Urosa, quinto cardenal de Venezuela–. El Presidente tiene la costumbre de ofender, insultar y agraviar a quienes disienten de su opinión, una conducta totalmente indebida en cualquier persona, pero más todavía en un jefe de Estado. En toda la historia de Venezuela, ningún mandatario ha tenido esa actitud contra quienes él considere que puedan ser sus adversarios políticos. Y en este punto es preciso dejar muy claro que nosotros, los obispos, no somos adversarios del Presidente. Somos pastores de la Iglesia, somos hombres que provenimos, mayoritariamente, de clases humildes, de clase media y media baja.

No somos oligarcas ni mucho menos golpistas o fascistas.

Por el contrario, somos servidores del pueblo y estamos sembrados en el corazón del pueblo de Venezuela, que nos acoge y nos aprecia porque somos quienes consolamos, alentamos y llevamos la gracia de Dios a través de los sacramentos. El papel del obispo, así como del sacerdote y de todo cristiano, es ser constructor de la paz. Nosotros no somos adversarios ni mucho menos enemigos del Presidente ni de su gobierno. No estamos interesados en causar problemas a nadie sino en que se resuelvan los problemas del país. El Gobierno está para gobernar, para resolver los problemas; y eso es lo que le pedimos al Presidente de la República. Pero el Presidente ha tomado esa actitud, lo ha hecho en varias ocasiones, y yo, personalmente, no sólo deploro y lamento eso, sino que rechazo esos insultos porque son injustos y carecen de fundamento. Es notable el hecho de que, salvo en algunos pequeños grupos, esa prédica del Presidente no tiene eco. En la gran mayoría, yo diría que en 95%, esos insultos no tienen el menor eco. Por eso, no debe extrañarte que nadie haya roto los vidrios.

–¿Pero 5% es agresivo?
–En algunos momentos, uno encuentra cierta agresividad en algunas partes, donde nos han gritado cosas. Pero es la excepción. Nosotros gozamos del afecto y del respeto de la gran mayoría del pueblo venezolano. Y eso lo sentimos en todas partes donde vamos: en Venezuela hay 45 obispos, desde el Táchira hasta Nueva Esparta, desde la península de la Guajira hasta el pico Roraima.

–¿A usted lo habían llamado vagabundo o maleante?
–Nunca. Primera vez en la vida. Pero eso es muy secundario. Lo importante es que el pueblo de Venezuela sabe que una actitud de violencia y de enfrentamiento permanente no le hace bien a nadie y, en cambio, genera angustia y parálisis. Ya tenemos muchos problemas: desempleo, pobreza, inseguridad ciudadana, falta de vivienda, el tránsito de Caracas... no necesitamos agregar violencia y agitación a una situación que ya es muy difícil.

–Usted se ha referido a la proveniencia social de los obispos, ¿de dónde viene usted?
–Mi papá era oficinista. Trabajó durante más de 40 años en La Electricidad de Caracas.


Era un hombre muy correcto, leal, cumplidor de sus deberes. Mi madre es una mujer extraordinaria, muy sociable y simpática. El ejemplo que recibí de ellos es maravilloso.

–De manera que usted es hijito de papá...
–Soy hijito de papá y mamá.

Y a mucha honra. Es un don de Dios tener una familia así.

–¿Tiene guardaespaldas?
–Por supuesto que no. A mí me custodian Dios, la Virgen y los santos.

–Usted dice que los obispos no son adversarios del Presidente, pero sí lo son de su proyecto de reforma. –Ésa es otra cosa. El hecho de que uno disienta del proyecto propuesto por una persona no significa que uno sea su adversario o enemigo. Significa, simplemente, que uno no está de acuerdo con ese planteamiento. Y así ocurrió con la propuesta de reforma que hizo el Presidente de la República: nosotros consideramos que Venezuela no necesita una nueva Constitución; que esa reforma no era conveniente y que la agitación que se produjo, desde el momento en que el contenido de la reforma comenzó a conocerse, era totalmente innecesaria. El resultado del referéndum ha venido a confirmar que el país no quiere cambiar de un Estado social de derecho y de justicia, donde uno de los valores fundamentales es el pluralismo democrático, a un Estado socialista, que implica la anulación del espacio para el pluralismo político. Gracias a Dios, el pueblo venezolano rechazó esa propuesta. Eso es todo. Yo no soy un operador político, ni del Gobierno ni de la oposición. Soy un pastor de la Iglesia.

–El presidente Chávez afirmó que usted había entrado a su oficina "jalando mecate" para que lo nombraran arzobispo de Caracas. Un error inexplicable por parte del Presidente. Yo he sido nombrado arzobispo de Caracas por dos papas. Primero me nombró Juan Pablo II pero el Presidente me negó el placet por casi nueve meses.

Una vez fallecido Juan Pablo II, el Papa Benedicto XVI lo ratificó e insistió para que el Gobierno aceptara.

–Lo cual aceptó. Efectivamente. Por eso, tres días antes de tomar posesión de mi nombramiento fui a visitar al Presidente, en ningún modo para rogarle nada, puesto que mi designación ya era un hecho. Creo que el Presidente confundió cortesía con adulación, lo que nunca encontrará en mí. No soy adulador ni sumiso.

Mera coincidencia .

Magallanero de toda la vida, educado en el colegio La Salle, estudió Filosofía en el seminario de Caracas y Teología, tanto en el St. Augustine´s seminary, de Toronto, Canadá, como en Roma, donde hizo su doctorado en Teología Dogmática.


De esa trayectoria, el cardenal Urosa ha adquirido el manejo, como prefiere decir, del inglés, francés, italiano, portugués y algo de alemán. La corrección de su presentación personal es proverbial y su voz es de las más nobles de la tribuna nacional.

En su oficina, entre varios cuadros, destaca un retrato de monseñor Rafael Arias Blanco, arzobispo de Caracas y autor de la Carta Pastoral que fuera leída en todos los templos del país el primero de mayo de 1957, causando un fuerte impacto en un país agobiado por la dictadura.

–Pero eso no significa nada –establece el cardenal, con mucho énfasis, cuando se le menciona el lugar preferente que ocupa la foto–.

–No, si yo no digo nada. Es que este año se cumplieron 50 años de la Carta Pastoral de Arias Blanco. Y como usted tiene su foto aquí...

–Yo le tengo una admiración y un cariño inmensos a monseñor Arias Blanco. Primero, porque él fue quien me recibió en el seminario.

Era un hombre de una gran personalidad.

–El vicepresidente Jorge Rodríguez lo implicó en la planificación de unas manifestaciones concluidas con una persona fallecida.
–Yo estaba en Roma en esos días. No tenía idea ni de las manifestaciones ni de las acusaciones del vicepresidente.


Yo deploro estas acusaciones, porque ellos saben muy bien que yo no me meto en nada de eso. No tenían ninguna base para señalarme. Y lamento profundamente esa muerte.







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