La eternidad en un domingo

Por Venezuela Real - 9 de Diciembre, 2007, 17:05, Categoría: REFORMA CONSTITUCIONAL

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
09 de diciembre de 2007

Héctor Manrique está al teléfono y anda francamente entusiasmado: "¡Date cuenta! –me dice ¡Es la primera vez en la vida que ganamos una elección!". Y tiene razón. Los que venimos de la izquierda, y siempre ma rc a mos d i st a ncia frente la fascinación militar de Hugo Chávez, tuvimos el domingo pasado, por primera vez, una victoria electoral.

Me gusta que sea así. Porque el 2 de diciembre no es una fecha fácil. Porque nos deja en las manos más preguntas que certezas. Porque es una oportunidad para que todos comencemos a mirarnos con menos consignas y con más complejidad. Ese, ta l vez, debería ser también nuestro primer ojalá.

¿Qué ocurrió el domingo? ¿A favor de qué o en contra de qué votamos, realmente, los venezolanos? Quizás no sea demasiado sencillo contestar estas interrogantes, pero hay algunas señales que sí parecen ser obvias. No se votó en contra de la reforma para descongelar un proyecto de país que se condensa en la frase "Chávez, vete ya". No se votó para resucitar a algunos dirigentes políticos que adversan al gobierno. Ni para darle oxígeno a Súmate, ni para convencer a cierta histeria abstencionista, ni para proponer que Yon Goicoechea sea candidato presidencial.

No es fácil, sin duda, administrar la victoria. Pero tampoco el ofi cialismo ha demostrado demasiadas luces a la hora de gerenciar su derrota: ahora casi resulta que, el domingo pasado, el pueblo votó para consolidar la imagen democrática de Hugo Chávez.

¿Por qué se empeñan en que pensemos que cuando dijimos No, en realidad queríamos decir Sí? ¿Por qué creen que el pueblo es una manada de imbéciles? La llamada "revolución bolivariana" existe, entre otras cosas, porque hubo una élite que, en su momento, no supo leer la realidad, le dio la espalda a lo que le sucedía a la mayoría del país. Con sólo nueve años en el poder, el chavismo comienza a hacer exactamente lo mismo.

Eso fue, al menos, lo que hizo la Asamblea Nacional esta semana. Eso es lo que está haciendo Carlos Escarrá y compañía. Prefi eren pensar que la gente no sabe lo que quiere; que lo que ocurrió el domingo fue una simple confusión, un malentendido, un traspié diminuto y azaroso. Prefi eren mirar a Chávez que mirar al pueblo.

Pero tampoco el Presidente ha sabido manejar su 2 de diciembre. Está como Mike Tyson, con la oreja de su adversario entre los dientes, pero declarando que no pasa nada, que él es un corderito rosadito, que los demás sí son violentos, que él es tan democrático que puede, incluso, tolerar una victoria de mierda. Eso hizo el Presidente este miércoles. Decirle mierda a más de 4 millones de venezolanos que no piensan como él. Llamó mierda a los pobres de los cerros de Caracas que votaron abrumadoramente por el No. Amor con amor se paga. ¿Y la mierda? ¿La mierda con qué se paga, Comandante? Pienso que, justamente, el resultado del referéndum pone en crisis el consenso ofi cial que se ha empeñado en proponernos que Chávez es la representación del pueblo. La representación única, genuina y total, de lo popular. Esa imagen, que tanto se ha promov ido desde el poder, crujió el domingo pasado. La gente dijo que no. El mismo pueblo dijo que no.

No soy así. No soy sólo eso.

También quiero otras cosas. Las elecciones fueron, en el fondo, un ejercicio de diversidad que el poder no se esperaba. El inmenso afi che del Presidente exigiendo lealtad, devoción personal, no funcionó. No sólo de Chávez viven los hombres y mujeres de este país.

Por eso, también, fueron tan importantes las experiencias del partido Podemos, del general Baduel y del movimiento estudiantil. Son experiencias de disidencia que no nacieron necesariamente de la confrontación directa, que más bien trataron de deslindarse de ella, pero que igualmente sufrieron, de inmediato, el castigo del insulto y de la exclusión. Pero a hora resulta que el socialismo que Chávez tiene en la cabeza no es el mismo socialismo que tenemos la mayoría de los venezolanos en la esperanza. La pluralidad, por fi n, sumó o restó sus votos. Ni Chávez ni el oficialismo pueden ya seguir hablándonos desde el infinito de su revolución. Los venezolanos tan sólo deseamos un buen gobierno. No queremos salvar al mundo. El pasado 2 de diciembre la democracia le puso límites al poder. Los hizo vulnerables. A ellos les toca ahora entenderlo, aceptarlo, dejar de militar en la intolerancia. Ya no pueden pensarse como si fueran eternos, como si los hubiéramos elegido para cambiar la historia. El sentido de la alternancia ha vuelto a casa. Toda la eternidad cabe en un domingo.

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Amor con amor se paga ¿Y la mierda? ¿La mierda con qué se paga, Comandante?





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